jueves, 2 de febrero de 2012

Como polillas



Estaba contenta, ¿para qué negarlo? Había visto como Percy se iba a los baños, seguro que estaba enfadado por todo. Porque Percy cuando se enfadaba lo hacía con todos, cuando despotricaba lo hacía contra todos, cuando hería nos hería a todos. Quizás eso y su orgullo fuesen los factores que condicionaron todas nuestras vidas, suena patético y lo es. Depender de alguien, no poder decidir algo pensando en esa persona te hace débil de heho los humanos somos débiles, todos sin excepción. Miles vivía entre mentiras, Gwen entre decepciones constantes, Percy rodeado de orgullo y vanidad y yo estaba al filo de un precipicio. Era un sueño, pero era mi perdición. En el sueño yo estaba al borde de un pico de tierra que daba al mar, detrás tenía un árbol al que agarrarme y no caerme. Pero yo seguía al borde, a veces más hacia delante y otras más atrás. Nunca encontraba una razón por la que vivir ni otra por la que morir, sólo podía quedarme quieta esperando morir. Mi defecto la cobardía.

-Se te ve contenta.- hizo notar Klaus en un susurro.

-¿Debería no estarlo?- le pregunté alzando una ceja. Él se encogió de hombros y siguió guiándome por la pista de baile.- Baila una vez con Gwen- al ver su mirada interrogante continué- se está aburriendo y supongo que tengo parte de culpa.- le respondí sin darle importancia, Klaus no me conocía, no tenía modo de saber que yo no tenia por costumbre pedir favores o preocuparme por lo demás.

-¿Por qué tienes tú la culpa?

-Porque ha venido al baile con el ser más irritante de todo el planeta y de todas formas yo quiero parar de bailar un rato.- le dije con naturalidad.

Cuando la canción acabó nos retiramos, con todo el bullicio que había él me cogió de la mano para que no me quedase atrás. Llegamos a la zona de los bancos y la expresión de Gwen al principio me asustó un poco, pero en cuanto me vio la cambió y me dirigió una de sus mejores sonrisas.

-¡Menuda parejita! ¿Os habéis cansado de bailar? Glim, sabes que yo no voy a subir a la habitación hasta tarde porque iré a nuestra sala- que poco sutil que era Gwen a veces, o casi siempre.

-Gwen, ¿quieres bailar?- le preguntó Klaus mientras hacía una leve inclinación. Esos modales habrían acabado con la mitad de las chicas del colegio, pero no con Gwen.

-Esto... he venido con Percy, no creo que sea... propio- dijo Gwen algo sonrosada, no estaba acostumbrada a esa clase de comportamiento ajeno de Miles.

-No creo que le importe que te ausentes un baile.- le sonrió de tal manera que la otra mitad de las chicas que quedaban en pie se desmayarían. La insté a que disfrutara de la noche, que no se dejase amargar y que le demostrara a Miles que ella bailaba diez mil veces mejor que la muñeca de trapo de Marietta.

-Bueno, no creo que le pase nada por un baile, además se lo merece por dejarme aquí sola.- dijo con desparpajo Gwen, tomó a Klaus del brazo y se zambulleron en la pista de baile.

Los perdí de vista en un abrir y cerrar de ojos. Estaba sola pero no me importaba, ahora podía pensar con claridad, sin tener a Klaus tan cerca, con su rostro a escasos centímetros del mío y sus manos frías en mi espalda. El contacto de su piel con la mía no era como el que me producía Percy, era algo menos eléctrico pero más profundo, hacía que se me removiese el ¿corazón?. Cursi ¿verdad? pero que queréis que os diga, tenía recaídas de vez en cuando, de todas formas se me pasó igual que vino y con un meneo de cabeza, que liberó unos cuantos pelos del moño, se fue ese pensamiento tan rosa de mi mente.

Realmente me dolían los pies, me empezaba a arrepentir de llevar tacones pero era la única manera de no parecer muy bajita comparada con Klaus o con Percy. El "Cabeza carbón" apodado por Gwen, no iba nada mal, es más, estaba decente, seguía sin conseguir peinarse pero eso lo hacía bastante más atractivo, menos mal que no podíamos leernos la mente, llevaba un esmoquin negro a excepción de la camisa blanca, su pelo y sus ojos estaban especialmente oscuros ese día, quizás debido al enfado que debía tener. Llevaba cerca de veinte minutos en el baño de caballeros si es que no se había largado a su habitación o a la Sala.

No muy lejos de mí vi como Miles le decía a su pareja que fuese a por bebidas, os ahorraré la descripción de su "despedida momentánea" una opción que ellos no me dieron. Era curiosa la forma que tenía de Miles de usar a las personas, nosotros habíamos hecho un trato hace mucho tiempo, consistía en no mentirnos en privado y si no nos queda más remedio callarnos. Miles andó hacia donde yo estaba tomándose su tiempo, buscaba a Gwen con la mirada de manera discreta.

-No me lo digas.- dijo presionándose con los dedos la cabeza, una vana imitación de un medium- Tu novio te ha abandonado.- haciendo referencia a Klaus, después pareció cambiar de opinión al percibir un "cambio en la fuerza".-¡No espera! Te engaña con Gwen. - rodé los ojos ante lo absurdo de ese argumento.-¡Ya sé1 Estáis en un triángulo sexual.

-Si fuese un triángulo sexual yo pinto poco aquí de pie.- le respondí sarcástica, en ese momento la conversación me resultaba absurda y banal, pero ahora me doy cuenta de que Miles siempre ocultaba la verdad, sólo nos mostraba unos pedazos que había seleccionado previamente.- No me ha "abandonado" le he dicho que me dolían los pies y que mientras podía bailar con Gwen.

-Respecto a lo del triángulo: a lo mejor te da morbo verlos bailar, quien sabe- dijo subiendo y bajando las cejas sutilmente.-Respecto a lo otro... creo que ya nos conocemos lo suficiente como para que, si no me dices la verdad, al menos no me mientas.

-Si te pones en plan "quiero la verdad y sólo la verdad" ¿por qué no has asistido al baile con Gwen y lo has hecho con la muñeca esa rubia?- le recriminó la cría resentida, mi yo de quince años.-Además te he dicho una verdad a medias.

-¿Una verdad a medias? Mi especialidad.¿ No me estarás copiando verdad cielo?- me preguntó picarón.

-Claro, Miles. No tengo cosas mejores que hacer que copiarte. Pero no eludas mi pregunta.

-¿Qué pregunta?- me mostró una sonrisa que había visto y vería infinidad de veces, su marca de identidad.

-Te lo advierto, como sigas así doy la vuelta y me voy. Sabes que contigo carezco de paciencia.- le digo dándole un sorbo al vaso que me había dado Gwen antes de irse, estaba fuerte, demasiado amargo y tenia serias dudas de que fuese zumo del que repartían a la entrada. Todo el mundo llevaba una petaca en el bolsillo, por lo menos aquellos que podían comprar el alcohol cuando salíamos de excursión, por favor no penséis que docientos alumnos encerrados en un edificio, sin padres se dedican a bailar y beber agua.

-Vale, vale. Cálmate, que pareces Gwen. Y no he venido con ella porque ha sido ella la que no quería venir.- era una excusa pobre y Miles lo sabía, no se lo había pedido antes por lo que otros pudieran pensar, o eso creía yo, pero no fue hasta una fiesta en la que acabamos vomitando en el mismo baño cuando descubrí al verdadero Miles, fue cuando él mismo vomitó sus pensamientos y se tragó una mentira.

-¿Se lo preguntaste siquiera?

-Percy se me adelantó por lo que parece.- dijo irónico.

-¿Me estás diciendo que aún conociendo a Gwen y sabiendo lo celosa que es no se lo pediste en una de las muchas ocasiones en las que os habéis visto?- le pregunté algo enfadada.

-Gwen es celosa; yo no. No me importa que vaya con otros, y a ella tampoco debería importarle. Después de todo no somos pareja.- dijo con una simpleza pasmosa, pero no era tan simple, a mi me confundía su relación, sus estados de ánimo y esas miradas que compartían tan a menudo, cuando Gwen no se enfadaba con él, claro.

-Ya veo.- dije neutral. Klaus y Gwen seguían bailando y parecía que se divertían, por lo menos eso parecía. Gwen tenía las mejillas arreboladas de reir y dar vueltas, Klaus la trataba cortesmente pero estaba tenso, por lo menos eso decía su mandíbula apretada. Mis conclusiones eran las de una cría con aires de grandeza y con una vanidad pasmosa. Estúpida de mí, siempre me consideraba por encima de las cosas banales y superficiales, por encima de los demás. Intentaba mostrar de mí lo justo, pero nunca fui capaz de llegar a crearme una mentira como hizo Miles, una mentira por la que tuvo que pagar un precio demasiado alto, pero esa parte de nuestra vida llegará más adelante, cuando tomamos conciencia de lo que se tramaba en los Altos Cargos.

-¿Y tú qué?- me dijo Miles arrancándome de mis cavilaciones.

-¿Yo qué de qué?- le pregunté confusa.

-¿Por qué no has venido con Percy?- preguntó sonriendo ampliamente. Ese era el último tema del que pensaba tratar por la noche pero no me quedaba más remedio que afrontarlo de una vez, a lo mejor, con suerte, pensé, nadie se enteraba de lo que le decía a Miles. De todas formas no me quería arriesgar.

-No me lo pidió.- atajé con una media verdad, que era cierta puede que planeásemos ir al baile juntos pero nunca me lo sugirió formalmente.


- Y tú no tienes la capacidad e independencia como para pedírselo ¿no?.- preguntó entre risas.

-Menudo chasco, me has pillado.- le respondí escueta.

-Vamos, no te pongas así. Sólo digo que después de ver el chupetón que tan orgullosa lucías hace unos días y que no creo que sea del tío bueno... Pensaba que os habíais "acercado" más. Tú ya me entiendes.- asquerosa memoria de Miles, me había sacado en cara el chupetón y eludir el tema iba a ser difícil sobre todo porque cuando se empeña en conseguir algo al final lo obtenía.

-¿Cómo has llegado a la conclusión de que no es "del chico bueno"?- le pregunté evitando la pregunta que iba implícita en su afirmación.

-Porque él es más de llevarte a pasear bajo la luna, cantarte serenatas, declararte su amor eterno arrodillado en el suelo y todas esas chorradas.

-Y eso lo sabes porque lo conoces tan bien.- le respondí irónica.

-Tranquila, "a fondo" no nos conocemos todavía. Es todo tuyo.- respondió con sus frases con doble sentido que usaba exclusivamente para sacarnos de quicio a Gwen y a mí.

-Menudo alivio.

-Pero no te prometo que la cosa vaya a seguí así; es tan guapo...- dice con aire soñador, Miles no tenía preferencias, decía que al elegir una posibilidad dejabas otras sueltas, por eso siempre iba por el medio. En todos los sentidos.

-¿Por qué cada vez que hablamos me da la sensación de que las cosas no hacen más que complicarse?

-Porque eres un poco pesimista y yo soy adorable.

-Lo suponía.- dije con un bufido.- ¿Dónde se ha metido Percy?

-Curando su amor propio, hace un rato iba hacia el jardín.- al ver que no entendía a que se refería continuó.- Le ha sentado fatal verte con Klaus: le has destrozado el corazón y después le has escupido encima.

-Se lo merecía y sabe por qué lo hice.- respondí con firmeza.

-¿Tanto te molestó el chupetón?

-La verdad es que me molestó más el motivo por el cual lo hizo pero no es sólo por eso.- le respondí para variar con una verdad entera.

Klaus y Gwen salieron del centro de la pista y se reunieron con nosotros, ella estaba radiante él seguía siendo amable pero frío. Era su manera de ser y de actuar, nunca mostró afecto o amor, sus caricias resultaban frías, laxas y carentes de sentimientos, pero no pedía otra cosa, nunca le pedí amor y él siempre estuvo ahí para darme lo que yo necesitaba, abandonaba su máscara y se ponía la que yo quería. Porque así era y es Klaus, un hombre que entendía aunque no quisiera. 

Me bebí el contenido del baso de Gwen de un trago, ellos se habían puesto a hablar, por  lo menos no discutían. Percy seguía sin aparecer, algo muy mal visto. No penséis que me preocupaba por él más de lo que él se preocuparía por mí, si uno caía siempre habría otro de nosotros que tendiese una mano y yo era de las seguían el dicho "mejor prevenir que curar", sólo por eso, me convencí, fui a buscar a Percy.  Con una mirada de Miles me encaminé al jardín delantero, estaba vacío, entre los arbustos vi una chaqueta tirada de mala manera y a su dueño de pie apoyado en un árbol. 

-Has dejado a Gwen sola.- le dije acercándome con cuidado de no caer.

-Mejor sola que mal acompañada, ¿no es eso lo que piensas?- dijo irónico mientras se giraba, la furia que había visto en sus ojos mientras bailaba con Klaus ya no estaba.

-¿Desde cuándo te importa lo que piense, Percy?

-¿A qué has venido?- dijo a la defensiva.

-¿Se puede saber por qué te pones así?- le pregunté, él estaba  enfadado y yo en cambio estaba de un estado de ánimo que rayaba lo obsceno. Tildadme de cruel, porque lo soy, disfrutaba con el sufrimiento ajeno.


-Lo sabes perfectamente.

-¿Enserio? Verás, sé tantas cosas que no sabría decirte por cual de ellas decantarme.- dije sonriendo socarrona.- Sé que estás celoso aunque me lo niegues, sé que odias a Klaus, sé que tienes prejuicios y que por eso te da asco la enana esa del otro día, sé que has venido al baile con Gwen para joder a Miles y puede que a mí también y sé que no te ha funcionado y por eso te has ido corriendo. ¿Ves como sé muchas cosas, por cuál de ellas me decido?- una sonrisa macabra pugnaba por salir de mis labios pero la contuve y disfruté al ver como apretaba los puños a los costados y como se rompía poco a poco su fina máscara.

-Te odio.-dijo rindiéndose.

-Y yo a ti, pero eso da igual, siempre fue así. Tú lo fastidias y yo te pongo en tu sitio, nunca aprendes.- me di la vuelta para irme triunfante al salón y disfrutar del resto de la noche bailando con Klaus, eso si no se lo había apropiado Gwen, en ese caso iría a la Sala que teníamos alquilada el resto del curso a pensar o a leer.

-¿Así de simple? ¿Me das la espalda y te vas?- dijo conteniéndose, porque cada cuál lidiaba con sus cabreos de forma diferente, Miles se burlaba, Gwen pegaba y chillaba, Percy insultaba y yo me limitaba a decir la verdad pura y dura. ¿para que mentir si la verdad dicha con veneno duele más que una mentira?.- ¿Ya has visto lo que querías? En el fondo me das pena, ¿sabes? Eres tan patética que has venido con un Clase Media, porque por si no lo sabías eso es lo que es el niñato ese, lo has hecho sólo para darme ¿qué? ¿celos?¿tan estúpida eres?- si pretendía enfadarme o denigrarme no lo consiguió, sus palabras me sonaban vacías cuando veía cómo se le ponían los nudillos blancos.

-¿Quieres que te diga lo mucho que lo siento y lo arrepentida que estoy? Por favor, no tengo tantos prejuicios como tú, además es un chico con eso me vale, ¿no es eso lo que tú decías sobre el sexo opuesto?. No te creas el centro del mundo porque no lo eres, somos todos marionetas, no podemos elegir el camino a seguir y si quieres que te confiese algo, la noche está resultando tal y como pensaba. La luna está espléndida ¿no te parece?- Me quedé pensando en lo último que le había dicho a Percy, aún hoy día sigo dándole vueltas. En cierto modo decía la verdad. No habíamos tenido opción de elegir, siempre condicionados por normas, linaje e ideales. No nos preguntaron si queríamos andar en las sombras, tropezando para después levantarnos y volver a caer. Todo era una broma macabra del destino que se había cansado de vernos en el poder y quería cambiar las tornas. Y lo hizo, el suelo bajo nuestros pies se abrió y caímos sin parar, en la oscuridad fría que nos acogió y nos cegó, nos condujo mediante bisbiseos y puertas cerradas, nos ocultó de ojos incautos y nos moldeó tal y como acabamos siendo. Malos, crueles, retorcidos y fríos. Carentes de humanidad y sueños felices, la guerra nos convirtió en despojos que escupió al vertedero donde estaba predestinado que nos pudriésemos entre drogas y alcohol, entre anhelos y deseos truncados.


-Baila conmigo.- no fue una petición, él nunca las hacía se limitaba a coger lo que quería de la gente sin importarle nada, por lo menos así fue hasta que llegó el último año. 


No le dije nada, me quedé mirando la luna, tan grande y majestuosa, un ojo que nos observa y nos juzga. Pensará que somos un virus que arrasa con todos, el cáncer de nuestro planeta, algo infeccioso que debe ser erradicado por completo, cuánta razón tiene, pero a pesar de todo nos agarramos con uñas y dientes a la vida y a las pocas cosas que a nuestro juicio merecen la pena. Porque vivimos de momentos, de acciones que hicimos y que queremos hacer, vivimos del día a día, pero sobre todo vivimos por y para nosotros, como seres egoístas y caprichosos que somos.



-¿En qué estás pensando? No digas en nada, porque tienes "esa mirada".- me dijo mientras me agarraba por la cintura y comenzaba a moverse al ritmo de la balada que salía por las puertas del Salón.


-¿En qué pensabas aquí fuera?- le dije a modo de respuesta, necesitaba información, porque el que tiene información tiene poder y recursos, y eso en estos tiempos es como el agua en el desierto.

-En lo hermosa que es la luna.


-Yo pensaba en el pony rosa que tengo encerrado en el armario de mi habitación.- le dije irónica, no pensaba soltar prenda si él no lo hacía. Gruñó algo que no llegué a entender pero después de unos minutos de silencio sacudió la cabeza y cedió, como siempre.

-Estaba pensando en nuestros encontronazos, que no son pocos. 


-¿Has sacado algo en limpio?


-No se puede sacar nada de donde no hay.- dijo reticente mientras me pegaba más a él para que no le viese la cara. No estaba avergonzado ni rojo, como cuando nos dimos los regalos de navidad hace tanto tiempo, dudo que estuviése incómodo, pero no le gustaba que le viesen la cara cuando decía algo que a su jucio era humillante. 


-¿Es que quieres que haya algo, Percy?- le pregunté jocosa, antes me planteaba de vez en cuando esta pregunta, a menudo, pero la desechaba por un sin sentido y volvía a mis cosas.

-Niégame que nunca lo has deseado y me olvidaré del tema.- me dijo sin un ápice de cariño o amor en la voz. Eso no quería decir que no sintiésemos algo, nuestra amistad era diferente a la de los demás, nuestro concepto de amor discernía tanto del de los poetas y los románticos que yo no lo hubiese llamado amor, sino, odio. Cómo puede ser bueno un sentimiento que te anuda la garganta, hace que te suden las manos, te tiemblen las rodillas y te impide pensar con claridad, yo odio sentir debilidad y eso es el amor, miedo de perder a la otra persona, miedo al rechazo y celos, un monstruo verde que te sube del estómago por la garganta y te ciega. 


-Eso es jugar sucio.- le recriminé, no podía mentir aunque no hubiese sido difícil, pero el juramento que nos hicimos me lo impedía y por muy convenida que fuese no me gustaba mentir a menudo.- ¿Además qué tiene que ver el pasado ahora?- chasqueó la lengua.


-Nimiedades pero si te pones así entonces, dime que para ti no significan nada nuestros roces.- dijo picarón. Respiré hondo.


-¿Tanto te ha afectado que haya venido al baile con Klaus?- una de las cosas que tenía clara a esa edad era que yo no sería nunca la que le pidiese a otra persona "salir", no sería yo la que se expusiese.- Como ves no soy tuya, a decir verdad no soy de nadie ni ahora ni nunca. Si con tus insinuaciones, poco sutiles, quieres decir que quieres salir conmigo dilo sin más, sin rodeos, porque me empiezo a aburrir.


-Siempre tan indiferente, tan fría y fácil de aburrir, quieres de ser tan jodidamente tú por una vez y pensar en mí.- levanté una ceja con escepticismo- ¿Es que no eres capaz de ver que decir esto, humillarme de este modo va contra mí? Aún así aquí estoy como el imbécil que soy, como la polilla que se acerca al fuego.


-¿Que pretendes conseguir con esto?- pregunté cruel, sabía que lo estaba pasando mal, que seguir preguntando no era ético ni moral, pero yo disfrutaba viendo y sintiendo lo frustrado que se sentia. Sus puños se clavaban en mis caderas.-¿Tener poder sobre mí? Nunca lo tendrás, ni tú ni nadie. ¿Significar algo en mi vida? Por desgracia ya eres algo dentro de mi pequeño corazón. ¿Que más puedes querer?


-Ya tengo lo que quiero, pero son formalidades que se hacen. Porque supongo que a la perfecta Glimmer no se le habrá olvidado que lo que hacemos está en teoría prohibido sin una relación de por medio y que si nos pillan estaremos metidos en un pequeño-gran problema. 


-Entiendo...Está bien, acepto, sí o lo que sea que se tenga que decir en estas circunstancias. Percy, no hagas que me arrepienta.- le dije cansada, me pesaba el cuerpo, había perdido la cuenta del tiempo que llevaba aquí fuera y tenía la piel de gallina del frío. Unos toques en mi hombro derecho me despegaron de Percy y al girarme vi dos ojos grises serios, no estaba enfadado porque lo hubiese dejado en la pista de baile solo y no me iba a montar un espectáculo, no era de esos.


-¿Me concederías los últimos bailes?- me preguntó cogiendo mi mano y depositando un suave beso. Percy se puso tenso pero recordó que él no tenía ni voz ni voto sobre mí, se calló y apretó mi mano libre. 


-Si claro.- le dije desembarazándome de Percy, me giré y lo único que le dije fue- Gracias por el último baile.- hice una breve inclinación a forma de despedida y me volví a perder entre el mar de faldas con vuelo y estudiantes borrachos.