Estaba
contenta, ¿para qué negarlo? Había visto como Percy se iba a los
baños, seguro que estaba enfadado por todo. Porque Percy cuando se
enfadaba lo hacía con todos, cuando despotricaba lo hacía contra
todos, cuando hería nos hería a todos. Quizás eso y su orgullo
fuesen los factores que condicionaron todas nuestras vidas, suena patético y
lo es. Depender de alguien, no poder decidir algo pensando en esa persona te hace débil de heho los humanos somos débiles, todos sin
excepción. Miles vivía entre mentiras, Gwen entre decepciones
constantes, Percy rodeado de orgullo y vanidad y yo estaba al filo de
un precipicio. Era un sueño, pero era mi perdición. En el sueño yo
estaba al borde de un pico de tierra que daba al mar, detrás tenía
un árbol al que agarrarme y no caerme. Pero
yo seguía al borde, a veces más hacia delante y otras más atrás.
Nunca encontraba una razón por la que vivir ni otra por la que
morir, sólo podía quedarme quieta esperando morir. Mi defecto la
cobardía.
-Se
te ve contenta.- hizo notar Klaus en un susurro.
-¿Debería
no estarlo?- le pregunté alzando una ceja. Él se encogió de
hombros y siguió guiándome por la pista de baile.- Baila una vez
con Gwen- al ver su mirada interrogante continué- se está
aburriendo y supongo que tengo parte de culpa.- le respondí sin
darle importancia, Klaus no me conocía, no tenía modo de saber que
yo no tenia por costumbre pedir favores o preocuparme por lo demás.
-¿Por
qué tienes tú la culpa?
-Porque
ha venido al baile con el ser más irritante de todo el planeta y de
todas formas yo quiero parar de bailar un rato.- le dije con
naturalidad.
Cuando
la canción acabó nos retiramos, con todo el bullicio que había él
me cogió de la mano para que no me quedase atrás.
Llegamos a la zona de los bancos y la expresión de Gwen al principio
me asustó un poco, pero en cuanto me vio la cambió y me dirigió
una de sus mejores sonrisas.
-¡Menuda
parejita! ¿Os habéis cansado de bailar? Glim, sabes que yo no voy a
subir a la habitación hasta tarde porque iré a nuestra sala- que
poco sutil que era Gwen a veces, o casi siempre.
-Gwen,
¿quieres bailar?- le preguntó Klaus mientras hacía una leve
inclinación. Esos modales habrían acabado con la mitad de las
chicas del colegio, pero no con Gwen.
-Esto...
he venido con Percy, no creo que sea... propio- dijo Gwen algo
sonrosada, no estaba acostumbrada a esa clase de comportamiento ajeno
de Miles.
-No
creo que le importe que te ausentes un baile.- le sonrió de tal
manera que la otra mitad de las chicas que quedaban en pie se
desmayarían. La insté a que disfrutara de la noche, que no se
dejase amargar y que le demostrara a Miles que ella bailaba diez mil
veces mejor que la muñeca de trapo de Marietta.
-Bueno,
no creo que le pase nada por un baile, además se lo merece por
dejarme aquí sola.- dijo con desparpajo Gwen, tomó a Klaus del brazo y se zambulleron en la pista de baile.
Los
perdí de vista en un abrir y cerrar de ojos. Estaba sola pero no me
importaba, ahora podía pensar con claridad, sin tener a Klaus tan
cerca, con su rostro a escasos centímetros del mío y sus manos
frías en mi espalda. El contacto de su piel con la mía no era como
el que me producía Percy, era algo menos eléctrico pero más
profundo, hacía que se me removiese el ¿corazón?. Cursi ¿verdad?
pero que queréis que os diga, tenía recaídas de vez en cuando, de
todas formas se me pasó igual que vino y con un meneo de cabeza, que
liberó unos cuantos pelos del moño, se fue ese pensamiento tan rosa
de mi mente.
Realmente
me dolían los pies, me empezaba a arrepentir de llevar tacones pero
era la única manera de no parecer muy bajita comparada con Klaus o
con Percy. El "Cabeza carbón" apodado por Gwen, no iba
nada mal, es más, estaba decente, seguía sin conseguir peinarse pero eso lo hacía bastante más atractivo, menos mal
que no podíamos leernos la mente, llevaba un esmoquin negro a
excepción de la camisa blanca, su pelo y sus ojos estaban
especialmente oscuros ese día, quizás debido al enfado que debía
tener. Llevaba cerca de veinte minutos en el baño de caballeros si
es que no se había largado a su habitación o a la Sala.
No
muy lejos de mí vi como Miles le decía a su pareja que fuese a por
bebidas, os ahorraré la descripción de su "despedida
momentánea" una opción que ellos no me dieron. Era curiosa la
forma que tenía de Miles de usar a las personas, nosotros habíamos
hecho un trato hace mucho tiempo, consistía en no mentirnos en
privado y si no nos queda más remedio callarnos. Miles andó
hacia donde yo estaba tomándose su tiempo, buscaba a Gwen con la
mirada de manera discreta.
-No
me lo digas.- dijo presionándose con los dedos la cabeza, una vana
imitación de un medium- Tu novio te ha abandonado.- haciendo
referencia a Klaus, después pareció cambiar de opinión al percibir
un "cambio en la fuerza".-¡No espera! Te engaña con Gwen.
- rodé los ojos ante lo absurdo de ese argumento.-¡Ya sé1 Estáis
en un triángulo sexual.
-Si
fuese un triángulo sexual yo pinto poco aquí de pie.- le respondí
sarcástica, en ese momento la conversación me resultaba absurda y
banal, pero ahora me doy cuenta de que Miles siempre ocultaba la
verdad, sólo nos mostraba unos pedazos que había seleccionado
previamente.- No me ha "abandonado" le he dicho que me
dolían los pies y que mientras podía bailar con Gwen.
-Respecto
a lo del triángulo: a lo mejor te da morbo verlos bailar, quien
sabe- dijo subiendo y bajando las cejas sutilmente.-Respecto a lo
otro... creo que ya nos conocemos lo suficiente como para que, si no
me dices la verdad, al menos no me mientas.
-Si
te pones en plan "quiero la verdad y sólo la verdad" ¿por
qué no has asistido al baile con Gwen y lo has hecho con la muñeca
esa rubia?- le recriminó la cría resentida, mi yo de quince
años.-Además te he dicho una verdad a medias.
-¿Una
verdad a medias? Mi especialidad.¿ No me estarás copiando verdad
cielo?- me preguntó picarón.
-Claro,
Miles. No tengo cosas mejores que hacer que copiarte. Pero no eludas
mi pregunta.
-¿Qué
pregunta?- me mostró una sonrisa que había visto y vería infinidad
de veces, su marca de identidad.
-Te
lo advierto, como sigas así doy la vuelta y me voy. Sabes que
contigo carezco de paciencia.- le digo dándole un sorbo al vaso que
me había dado Gwen antes de irse, estaba fuerte, demasiado amargo y
tenia serias dudas de que fuese zumo del que repartían a la entrada.
Todo el mundo llevaba una petaca en el bolsillo, por lo menos
aquellos que podían comprar el alcohol cuando salíamos de
excursión, por favor no penséis que docientos alumnos encerrados en
un edificio, sin padres se dedican a bailar y beber agua.
-Vale,
vale. Cálmate, que pareces Gwen. Y no he venido con ella porque ha
sido ella la que no quería venir.- era una excusa pobre y Miles lo
sabía, no se lo había pedido antes por lo que otros pudieran
pensar, o eso creía yo, pero no fue hasta una fiesta en la que
acabamos vomitando en el mismo baño cuando descubrí al verdadero
Miles, fue cuando él mismo vomitó sus pensamientos y se tragó una
mentira.
-¿Se
lo preguntaste siquiera?
-Percy
se me adelantó por lo que parece.- dijo irónico.
-¿Me
estás diciendo que aún conociendo a Gwen y sabiendo lo celosa que
es no se lo pediste en una de las muchas ocasiones en las que os
habéis visto?- le pregunté algo enfadada.
-Gwen
es celosa; yo no. No me importa que vaya con otros, y a ella
tampoco debería importarle. Después de todo no somos pareja.- dijo
con una simpleza pasmosa, pero no era tan simple, a mi me confundía
su relación, sus estados de ánimo y esas miradas que compartían
tan a menudo, cuando Gwen no se enfadaba con él, claro.
-Ya
veo.- dije neutral. Klaus y Gwen seguían bailando y parecía que se
divertían, por lo menos eso parecía. Gwen tenía las mejillas
arreboladas de reir y dar vueltas, Klaus la trataba cortesmente pero
estaba tenso, por lo menos eso decía su mandíbula apretada. Mis
conclusiones eran las de una cría con aires de grandeza y con una
vanidad pasmosa. Estúpida de mí, siempre me consideraba por encima
de las cosas banales y superficiales, por encima de los demás. Intentaba mostrar de mí lo
justo, pero nunca fui capaz de llegar a crearme una mentira como hizo
Miles, una mentira por la que tuvo que pagar un precio demasiado
alto, pero esa parte de nuestra vida llegará más adelante, cuando
tomamos conciencia de lo que se tramaba en los Altos Cargos.
-¿Y
tú qué?- me dijo Miles arrancándome de mis cavilaciones.
-¿Yo
qué de qué?- le pregunté confusa.
-¿Por
qué no has venido con Percy?- preguntó sonriendo ampliamente. Ese
era el último tema del que pensaba tratar por la noche pero no me
quedaba más remedio que afrontarlo de una vez, a lo mejor, con
suerte, pensé, nadie se enteraba de lo que le decía a Miles. De
todas formas no me quería arriesgar.
-No
me lo pidió.- atajé con una media verdad, que era cierta puede que
planeásemos ir al baile juntos pero nunca me lo sugirió
formalmente.
-
Y tú no tienes la capacidad e independencia como para pedírselo
¿no?.- preguntó entre risas.
-Menudo
chasco, me has pillado.- le respondí escueta.
-Vamos,
no te pongas así. Sólo digo que después de ver el chupetón que
tan orgullosa lucías hace unos días y que no creo que sea del tío
bueno... Pensaba que os habíais "acercado" más. Tú ya me
entiendes.- asquerosa memoria de Miles, me había sacado en cara el
chupetón y eludir el tema iba a ser difícil sobre todo porque
cuando se empeña en conseguir algo al final lo obtenía.
-¿Cómo
has llegado a la conclusión de que no es "del chico bueno"?-
le pregunté evitando la pregunta que iba implícita en su
afirmación.
-Porque
él es más de llevarte a pasear bajo la luna, cantarte serenatas,
declararte su amor eterno arrodillado en el suelo y todas esas
chorradas.
-Y
eso lo sabes porque lo conoces tan bien.- le respondí irónica.
-Tranquila,
"a fondo" no nos conocemos todavía. Es todo tuyo.-
respondió con sus frases con doble sentido que usaba exclusivamente
para sacarnos de quicio a Gwen y a mí.
-Menudo
alivio.
-Pero
no te prometo que la cosa vaya a seguí así; es tan guapo...- dice
con aire soñador, Miles no tenía preferencias, decía que al elegir
una posibilidad dejabas otras sueltas, por eso siempre iba por el
medio. En todos los sentidos.
-¿Por
qué cada vez que hablamos me da la sensación de que las cosas no
hacen más que complicarse?
-Porque eres un poco pesimista y yo soy adorable.
-Lo
suponía.- dije con un bufido.- ¿Dónde se ha metido Percy?
-Curando
su amor propio, hace un rato iba hacia el jardín.- al ver que no
entendía a que se refería continuó.- Le ha sentado fatal
verte con Klaus: le has destrozado el corazón y después le has
escupido encima.
-Se
lo merecía y sabe por qué lo hice.- respondí con firmeza.
-¿Tanto
te molestó el chupetón?
-La
verdad es que me molestó más el motivo por el cual lo hizo pero no
es sólo por eso.- le respondí para variar con una verdad entera.
Klaus
y Gwen salieron del centro de la pista y se reunieron con nosotros,
ella estaba radiante él seguía siendo amable pero frío. Era su
manera de ser y de actuar, nunca mostró afecto o amor, sus caricias
resultaban frías, laxas y carentes de sentimientos, pero no pedía
otra cosa, nunca le pedí amor y él siempre estuvo ahí para darme lo que
yo necesitaba, abandonaba su máscara y se ponía la que yo quería.
Porque así era y es Klaus, un hombre que entendía aunque no
quisiera.
Me
bebí el contenido del baso de Gwen de un trago, ellos se habían
puesto a hablar, por lo menos no discutían. Percy seguía sin
aparecer, algo muy mal visto. No penséis que me preocupaba por él
más de lo que él se preocuparía por mí, si uno caía siempre
habría otro de nosotros que tendiese una mano y yo era de las
seguían el dicho "mejor prevenir que curar", sólo por
eso, me convencí, fui a buscar a Percy. Con una mirada de
Miles me encaminé al jardín delantero, estaba vacío, entre los arbustos vi una chaqueta
tirada de mala manera y a su dueño de pie apoyado en un árbol.
-Has
dejado a Gwen sola.- le dije acercándome con cuidado de no caer.
-Mejor
sola que mal acompañada, ¿no es eso lo que piensas?- dijo irónico
mientras se giraba, la furia que había visto en sus ojos mientras
bailaba con Klaus ya no estaba.
-¿Desde
cuándo te importa lo que piense, Percy?
-¿A
qué has venido?- dijo a la defensiva.
-¿Se
puede saber por qué te pones así?- le pregunté, él estaba enfadado y yo en cambio estaba de un estado de ánimo que rayaba lo obsceno. Tildadme de cruel,
porque lo soy, disfrutaba con el sufrimiento ajeno.
-Lo sabes perfectamente.
-¿Enserio? Verás,
sé tantas cosas que no sabría decirte por cual de ellas decantarme.-
dije sonriendo socarrona.- Sé que estás celoso aunque me lo
niegues, sé que odias a Klaus, sé que tienes prejuicios y que por
eso te da asco la enana esa del otro día, sé que has venido al
baile con Gwen para joder a Miles y puede que a mí también y sé
que no te ha funcionado y por eso te has ido corriendo. ¿Ves como sé
muchas cosas, por cuál de ellas me decido?- una sonrisa macabra
pugnaba por salir de mis labios pero la contuve y disfruté al ver
como apretaba los puños a los costados y como se rompía poco a poco
su fina máscara.
-Te
odio.-dijo rindiéndose.
-Y
yo a ti, pero eso da igual, siempre fue así. Tú lo fastidias y yo
te pongo en tu sitio, nunca aprendes.- me di la vuelta para irme
triunfante al salón y disfrutar del resto de la noche bailando con
Klaus, eso si no se lo había apropiado Gwen, en ese caso iría a la
Sala que teníamos alquilada el resto del curso a pensar o a leer.
-¿Así
de simple? ¿Me das la espalda y te vas?- dijo conteniéndose, porque
cada cuál lidiaba con sus cabreos de forma diferente, Miles se
burlaba, Gwen pegaba y chillaba, Percy insultaba y yo me limitaba a
decir la verdad pura y dura. ¿para que mentir si la verdad dicha con
veneno duele más que una mentira?.- ¿Ya has visto lo que querías?
En el fondo me das pena, ¿sabes? Eres tan patética que has venido
con un Clase Media, porque por si no lo sabías eso es lo que es el
niñato ese, lo has hecho sólo para darme ¿qué? ¿celos?¿tan
estúpida eres?- si pretendía enfadarme o denigrarme no lo
consiguió, sus palabras me sonaban vacías cuando veía cómo se le
ponían los nudillos blancos.
-¿Quieres
que te diga lo mucho que lo siento y lo arrepentida que estoy? Por
favor, no tengo tantos prejuicios como tú, además es un chico con
eso me vale, ¿no es eso lo que tú decías sobre el sexo opuesto?. No te creas el centro del mundo porque no lo eres, somos
todos marionetas, no podemos elegir el camino a seguir y si quieres
que te confiese algo, la noche está resultando tal y como pensaba. La
luna está espléndida ¿no te parece?- Me quedé pensando en lo
último que le había dicho a Percy, aún hoy día sigo dándole
vueltas. En cierto modo decía la verdad. No habíamos tenido opción
de elegir, siempre condicionados por normas, linaje e ideales. No nos
preguntaron si queríamos andar en las sombras, tropezando para
después levantarnos y volver a caer. Todo era una broma macabra del
destino que se había cansado de vernos en el poder y quería cambiar
las tornas. Y lo hizo, el suelo bajo nuestros pies se abrió y caímos
sin parar, en la oscuridad fría que nos acogió y nos cegó, nos
condujo mediante bisbiseos y puertas cerradas, nos ocultó de ojos
incautos y nos moldeó tal y como acabamos siendo. Malos, crueles,
retorcidos y fríos. Carentes de humanidad y sueños felices, la
guerra nos convirtió en despojos que escupió al vertedero donde
estaba predestinado que nos pudriésemos entre drogas y alcohol,
entre anhelos y deseos truncados.
-Baila conmigo.- no fue una petición, él nunca las hacía se limitaba a coger lo que quería de la gente sin importarle nada, por lo menos así fue hasta que llegó el último año.
No le dije nada, me quedé mirando la luna, tan grande y majestuosa, un ojo que nos observa y nos juzga. Pensará que somos un virus que arrasa con todos, el cáncer de nuestro planeta, algo infeccioso que debe ser erradicado por completo, cuánta razón tiene, pero a pesar de todo nos agarramos con uñas y dientes a la vida y a las pocas cosas que a nuestro juicio merecen la pena. Porque vivimos de momentos, de acciones que hicimos y que queremos hacer, vivimos del día a día, pero sobre todo vivimos por y para nosotros, como seres egoístas y caprichosos que somos.
-Baila conmigo.- no fue una petición, él nunca las hacía se limitaba a coger lo que quería de la gente sin importarle nada, por lo menos así fue hasta que llegó el último año.
No le dije nada, me quedé mirando la luna, tan grande y majestuosa, un ojo que nos observa y nos juzga. Pensará que somos un virus que arrasa con todos, el cáncer de nuestro planeta, algo infeccioso que debe ser erradicado por completo, cuánta razón tiene, pero a pesar de todo nos agarramos con uñas y dientes a la vida y a las pocas cosas que a nuestro juicio merecen la pena. Porque vivimos de momentos, de acciones que hicimos y que queremos hacer, vivimos del día a día, pero sobre todo vivimos por y para nosotros, como seres egoístas y caprichosos que somos.
-¿En qué estás pensando? No digas en nada, porque tienes "esa mirada".- me dijo mientras me agarraba por la cintura y comenzaba a moverse al ritmo de la balada que salía por las puertas del Salón.
-¿En qué pensabas aquí fuera?- le dije a modo de respuesta, necesitaba información, porque el que tiene información tiene poder y recursos, y eso en estos tiempos es como el agua en el desierto.
-¿En qué pensabas aquí fuera?- le dije a modo de respuesta, necesitaba información, porque el que tiene información tiene poder y recursos, y eso en estos tiempos es como el agua en el desierto.
-En lo hermosa que es la luna.
-Yo pensaba en el pony rosa que tengo encerrado en el armario de mi habitación.- le dije irónica, no pensaba soltar prenda si él no lo hacía. Gruñó algo que no llegué a entender pero después de unos minutos de silencio sacudió la cabeza y cedió, como siempre.
-Estaba pensando en nuestros encontronazos, que no son pocos.
-¿Has sacado algo en limpio?
-No se puede sacar nada de donde no hay.- dijo reticente mientras me pegaba más a él para que no le viese la cara. No estaba avergonzado ni rojo, como cuando nos dimos los regalos de navidad hace tanto tiempo, dudo que estuviése incómodo, pero no le gustaba que le viesen la cara cuando decía algo que a su jucio era humillante.
-¿Es que quieres que haya algo, Percy?- le pregunté jocosa, antes me planteaba de vez en cuando esta pregunta, a menudo, pero la desechaba por un sin sentido y volvía a mis cosas.
-Yo pensaba en el pony rosa que tengo encerrado en el armario de mi habitación.- le dije irónica, no pensaba soltar prenda si él no lo hacía. Gruñó algo que no llegué a entender pero después de unos minutos de silencio sacudió la cabeza y cedió, como siempre.
-Estaba pensando en nuestros encontronazos, que no son pocos.
-¿Has sacado algo en limpio?
-No se puede sacar nada de donde no hay.- dijo reticente mientras me pegaba más a él para que no le viese la cara. No estaba avergonzado ni rojo, como cuando nos dimos los regalos de navidad hace tanto tiempo, dudo que estuviése incómodo, pero no le gustaba que le viesen la cara cuando decía algo que a su jucio era humillante.
-¿Es que quieres que haya algo, Percy?- le pregunté jocosa, antes me planteaba de vez en cuando esta pregunta, a menudo, pero la desechaba por un sin sentido y volvía a mis cosas.
-Niégame que nunca lo has deseado y me olvidaré del tema.- me dijo sin un ápice de cariño o amor en la voz. Eso no quería decir que no sintiésemos algo, nuestra amistad era diferente a la de los demás, nuestro concepto de amor discernía tanto del de los poetas y los románticos que yo no lo hubiese llamado amor, sino, odio. Cómo puede ser bueno un sentimiento que te anuda la garganta, hace que te suden las manos, te tiemblen las rodillas y te impide pensar con claridad, yo odio sentir debilidad y eso es el amor, miedo de perder a la otra persona, miedo al rechazo y celos, un monstruo verde que te sube del estómago por la garganta y te ciega.
-Eso es jugar sucio.- le recriminé, no podía mentir aunque no hubiese sido difícil, pero el juramento que nos hicimos me lo impedía y por muy convenida que fuese no me gustaba mentir a menudo.- ¿Además qué tiene que ver el pasado ahora?- chasqueó la lengua.
-Nimiedades pero si te pones así entonces, dime que para ti no significan nada nuestros roces.- dijo picarón. Respiré hondo.
-¿Tanto te ha afectado que haya venido al baile con Klaus?- una de las cosas que tenía clara a esa edad era que yo no sería nunca la que le pidiese a otra persona "salir", no sería yo la que se expusiese.- Como ves no soy tuya, a decir verdad no soy de nadie ni ahora ni nunca. Si con tus insinuaciones, poco sutiles, quieres decir que quieres salir conmigo dilo sin más, sin rodeos, porque me empiezo a aburrir.
-Siempre tan indiferente, tan fría y fácil de aburrir, quieres de ser tan jodidamente tú por una vez y pensar en mí.- levanté una ceja con escepticismo- ¿Es que no eres capaz de ver que decir esto, humillarme de este modo va contra mí? Aún así aquí estoy como el imbécil que soy, como la polilla que se acerca al fuego.
-¿Que pretendes conseguir con esto?- pregunté cruel, sabía que lo estaba pasando mal, que seguir preguntando no era ético ni moral, pero yo disfrutaba viendo y sintiendo lo frustrado que se sentia. Sus puños se clavaban en mis caderas.-¿Tener poder sobre mí? Nunca lo tendrás, ni tú ni nadie. ¿Significar algo en mi vida? Por desgracia ya eres algo dentro de mi pequeño corazón. ¿Que más puedes querer?
-Ya tengo lo que quiero, pero son formalidades que se hacen. Porque supongo que a la perfecta Glimmer no se le habrá olvidado que lo que hacemos está en teoría prohibido sin una relación de por medio y que si nos pillan estaremos metidos en un pequeño-gran problema.
-Entiendo...Está bien, acepto, sí o lo que sea que se tenga que decir en estas circunstancias. Percy, no hagas que me arrepienta.- le dije cansada, me pesaba el cuerpo, había perdido la cuenta del tiempo que llevaba aquí fuera y tenía la piel de gallina del frío. Unos toques en mi hombro derecho me despegaron de Percy y al girarme vi dos ojos grises serios, no estaba enfadado porque lo hubiese dejado en la pista de baile solo y no me iba a montar un espectáculo, no era de esos.
-¿Me concederías los últimos bailes?- me preguntó cogiendo mi mano y depositando un suave beso. Percy se puso tenso pero recordó que él no tenía ni voz ni voto sobre mí, se calló y apretó mi mano libre.
-Si claro.- le dije desembarazándome de Percy, me giré y lo único que le dije fue- Gracias por el último baile.- hice una breve inclinación a forma de despedida y me volví a perder entre el mar de faldas con vuelo y estudiantes borrachos.

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