jueves, 2 de febrero de 2012

Como polillas



Estaba contenta, ¿para qué negarlo? Había visto como Percy se iba a los baños, seguro que estaba enfadado por todo. Porque Percy cuando se enfadaba lo hacía con todos, cuando despotricaba lo hacía contra todos, cuando hería nos hería a todos. Quizás eso y su orgullo fuesen los factores que condicionaron todas nuestras vidas, suena patético y lo es. Depender de alguien, no poder decidir algo pensando en esa persona te hace débil de heho los humanos somos débiles, todos sin excepción. Miles vivía entre mentiras, Gwen entre decepciones constantes, Percy rodeado de orgullo y vanidad y yo estaba al filo de un precipicio. Era un sueño, pero era mi perdición. En el sueño yo estaba al borde de un pico de tierra que daba al mar, detrás tenía un árbol al que agarrarme y no caerme. Pero yo seguía al borde, a veces más hacia delante y otras más atrás. Nunca encontraba una razón por la que vivir ni otra por la que morir, sólo podía quedarme quieta esperando morir. Mi defecto la cobardía.

-Se te ve contenta.- hizo notar Klaus en un susurro.

-¿Debería no estarlo?- le pregunté alzando una ceja. Él se encogió de hombros y siguió guiándome por la pista de baile.- Baila una vez con Gwen- al ver su mirada interrogante continué- se está aburriendo y supongo que tengo parte de culpa.- le respondí sin darle importancia, Klaus no me conocía, no tenía modo de saber que yo no tenia por costumbre pedir favores o preocuparme por lo demás.

-¿Por qué tienes tú la culpa?

-Porque ha venido al baile con el ser más irritante de todo el planeta y de todas formas yo quiero parar de bailar un rato.- le dije con naturalidad.

Cuando la canción acabó nos retiramos, con todo el bullicio que había él me cogió de la mano para que no me quedase atrás. Llegamos a la zona de los bancos y la expresión de Gwen al principio me asustó un poco, pero en cuanto me vio la cambió y me dirigió una de sus mejores sonrisas.

-¡Menuda parejita! ¿Os habéis cansado de bailar? Glim, sabes que yo no voy a subir a la habitación hasta tarde porque iré a nuestra sala- que poco sutil que era Gwen a veces, o casi siempre.

-Gwen, ¿quieres bailar?- le preguntó Klaus mientras hacía una leve inclinación. Esos modales habrían acabado con la mitad de las chicas del colegio, pero no con Gwen.

-Esto... he venido con Percy, no creo que sea... propio- dijo Gwen algo sonrosada, no estaba acostumbrada a esa clase de comportamiento ajeno de Miles.

-No creo que le importe que te ausentes un baile.- le sonrió de tal manera que la otra mitad de las chicas que quedaban en pie se desmayarían. La insté a que disfrutara de la noche, que no se dejase amargar y que le demostrara a Miles que ella bailaba diez mil veces mejor que la muñeca de trapo de Marietta.

-Bueno, no creo que le pase nada por un baile, además se lo merece por dejarme aquí sola.- dijo con desparpajo Gwen, tomó a Klaus del brazo y se zambulleron en la pista de baile.

Los perdí de vista en un abrir y cerrar de ojos. Estaba sola pero no me importaba, ahora podía pensar con claridad, sin tener a Klaus tan cerca, con su rostro a escasos centímetros del mío y sus manos frías en mi espalda. El contacto de su piel con la mía no era como el que me producía Percy, era algo menos eléctrico pero más profundo, hacía que se me removiese el ¿corazón?. Cursi ¿verdad? pero que queréis que os diga, tenía recaídas de vez en cuando, de todas formas se me pasó igual que vino y con un meneo de cabeza, que liberó unos cuantos pelos del moño, se fue ese pensamiento tan rosa de mi mente.

Realmente me dolían los pies, me empezaba a arrepentir de llevar tacones pero era la única manera de no parecer muy bajita comparada con Klaus o con Percy. El "Cabeza carbón" apodado por Gwen, no iba nada mal, es más, estaba decente, seguía sin conseguir peinarse pero eso lo hacía bastante más atractivo, menos mal que no podíamos leernos la mente, llevaba un esmoquin negro a excepción de la camisa blanca, su pelo y sus ojos estaban especialmente oscuros ese día, quizás debido al enfado que debía tener. Llevaba cerca de veinte minutos en el baño de caballeros si es que no se había largado a su habitación o a la Sala.

No muy lejos de mí vi como Miles le decía a su pareja que fuese a por bebidas, os ahorraré la descripción de su "despedida momentánea" una opción que ellos no me dieron. Era curiosa la forma que tenía de Miles de usar a las personas, nosotros habíamos hecho un trato hace mucho tiempo, consistía en no mentirnos en privado y si no nos queda más remedio callarnos. Miles andó hacia donde yo estaba tomándose su tiempo, buscaba a Gwen con la mirada de manera discreta.

-No me lo digas.- dijo presionándose con los dedos la cabeza, una vana imitación de un medium- Tu novio te ha abandonado.- haciendo referencia a Klaus, después pareció cambiar de opinión al percibir un "cambio en la fuerza".-¡No espera! Te engaña con Gwen. - rodé los ojos ante lo absurdo de ese argumento.-¡Ya sé1 Estáis en un triángulo sexual.

-Si fuese un triángulo sexual yo pinto poco aquí de pie.- le respondí sarcástica, en ese momento la conversación me resultaba absurda y banal, pero ahora me doy cuenta de que Miles siempre ocultaba la verdad, sólo nos mostraba unos pedazos que había seleccionado previamente.- No me ha "abandonado" le he dicho que me dolían los pies y que mientras podía bailar con Gwen.

-Respecto a lo del triángulo: a lo mejor te da morbo verlos bailar, quien sabe- dijo subiendo y bajando las cejas sutilmente.-Respecto a lo otro... creo que ya nos conocemos lo suficiente como para que, si no me dices la verdad, al menos no me mientas.

-Si te pones en plan "quiero la verdad y sólo la verdad" ¿por qué no has asistido al baile con Gwen y lo has hecho con la muñeca esa rubia?- le recriminó la cría resentida, mi yo de quince años.-Además te he dicho una verdad a medias.

-¿Una verdad a medias? Mi especialidad.¿ No me estarás copiando verdad cielo?- me preguntó picarón.

-Claro, Miles. No tengo cosas mejores que hacer que copiarte. Pero no eludas mi pregunta.

-¿Qué pregunta?- me mostró una sonrisa que había visto y vería infinidad de veces, su marca de identidad.

-Te lo advierto, como sigas así doy la vuelta y me voy. Sabes que contigo carezco de paciencia.- le digo dándole un sorbo al vaso que me había dado Gwen antes de irse, estaba fuerte, demasiado amargo y tenia serias dudas de que fuese zumo del que repartían a la entrada. Todo el mundo llevaba una petaca en el bolsillo, por lo menos aquellos que podían comprar el alcohol cuando salíamos de excursión, por favor no penséis que docientos alumnos encerrados en un edificio, sin padres se dedican a bailar y beber agua.

-Vale, vale. Cálmate, que pareces Gwen. Y no he venido con ella porque ha sido ella la que no quería venir.- era una excusa pobre y Miles lo sabía, no se lo había pedido antes por lo que otros pudieran pensar, o eso creía yo, pero no fue hasta una fiesta en la que acabamos vomitando en el mismo baño cuando descubrí al verdadero Miles, fue cuando él mismo vomitó sus pensamientos y se tragó una mentira.

-¿Se lo preguntaste siquiera?

-Percy se me adelantó por lo que parece.- dijo irónico.

-¿Me estás diciendo que aún conociendo a Gwen y sabiendo lo celosa que es no se lo pediste en una de las muchas ocasiones en las que os habéis visto?- le pregunté algo enfadada.

-Gwen es celosa; yo no. No me importa que vaya con otros, y a ella tampoco debería importarle. Después de todo no somos pareja.- dijo con una simpleza pasmosa, pero no era tan simple, a mi me confundía su relación, sus estados de ánimo y esas miradas que compartían tan a menudo, cuando Gwen no se enfadaba con él, claro.

-Ya veo.- dije neutral. Klaus y Gwen seguían bailando y parecía que se divertían, por lo menos eso parecía. Gwen tenía las mejillas arreboladas de reir y dar vueltas, Klaus la trataba cortesmente pero estaba tenso, por lo menos eso decía su mandíbula apretada. Mis conclusiones eran las de una cría con aires de grandeza y con una vanidad pasmosa. Estúpida de mí, siempre me consideraba por encima de las cosas banales y superficiales, por encima de los demás. Intentaba mostrar de mí lo justo, pero nunca fui capaz de llegar a crearme una mentira como hizo Miles, una mentira por la que tuvo que pagar un precio demasiado alto, pero esa parte de nuestra vida llegará más adelante, cuando tomamos conciencia de lo que se tramaba en los Altos Cargos.

-¿Y tú qué?- me dijo Miles arrancándome de mis cavilaciones.

-¿Yo qué de qué?- le pregunté confusa.

-¿Por qué no has venido con Percy?- preguntó sonriendo ampliamente. Ese era el último tema del que pensaba tratar por la noche pero no me quedaba más remedio que afrontarlo de una vez, a lo mejor, con suerte, pensé, nadie se enteraba de lo que le decía a Miles. De todas formas no me quería arriesgar.

-No me lo pidió.- atajé con una media verdad, que era cierta puede que planeásemos ir al baile juntos pero nunca me lo sugirió formalmente.


- Y tú no tienes la capacidad e independencia como para pedírselo ¿no?.- preguntó entre risas.

-Menudo chasco, me has pillado.- le respondí escueta.

-Vamos, no te pongas así. Sólo digo que después de ver el chupetón que tan orgullosa lucías hace unos días y que no creo que sea del tío bueno... Pensaba que os habíais "acercado" más. Tú ya me entiendes.- asquerosa memoria de Miles, me había sacado en cara el chupetón y eludir el tema iba a ser difícil sobre todo porque cuando se empeña en conseguir algo al final lo obtenía.

-¿Cómo has llegado a la conclusión de que no es "del chico bueno"?- le pregunté evitando la pregunta que iba implícita en su afirmación.

-Porque él es más de llevarte a pasear bajo la luna, cantarte serenatas, declararte su amor eterno arrodillado en el suelo y todas esas chorradas.

-Y eso lo sabes porque lo conoces tan bien.- le respondí irónica.

-Tranquila, "a fondo" no nos conocemos todavía. Es todo tuyo.- respondió con sus frases con doble sentido que usaba exclusivamente para sacarnos de quicio a Gwen y a mí.

-Menudo alivio.

-Pero no te prometo que la cosa vaya a seguí así; es tan guapo...- dice con aire soñador, Miles no tenía preferencias, decía que al elegir una posibilidad dejabas otras sueltas, por eso siempre iba por el medio. En todos los sentidos.

-¿Por qué cada vez que hablamos me da la sensación de que las cosas no hacen más que complicarse?

-Porque eres un poco pesimista y yo soy adorable.

-Lo suponía.- dije con un bufido.- ¿Dónde se ha metido Percy?

-Curando su amor propio, hace un rato iba hacia el jardín.- al ver que no entendía a que se refería continuó.- Le ha sentado fatal verte con Klaus: le has destrozado el corazón y después le has escupido encima.

-Se lo merecía y sabe por qué lo hice.- respondí con firmeza.

-¿Tanto te molestó el chupetón?

-La verdad es que me molestó más el motivo por el cual lo hizo pero no es sólo por eso.- le respondí para variar con una verdad entera.

Klaus y Gwen salieron del centro de la pista y se reunieron con nosotros, ella estaba radiante él seguía siendo amable pero frío. Era su manera de ser y de actuar, nunca mostró afecto o amor, sus caricias resultaban frías, laxas y carentes de sentimientos, pero no pedía otra cosa, nunca le pedí amor y él siempre estuvo ahí para darme lo que yo necesitaba, abandonaba su máscara y se ponía la que yo quería. Porque así era y es Klaus, un hombre que entendía aunque no quisiera. 

Me bebí el contenido del baso de Gwen de un trago, ellos se habían puesto a hablar, por  lo menos no discutían. Percy seguía sin aparecer, algo muy mal visto. No penséis que me preocupaba por él más de lo que él se preocuparía por mí, si uno caía siempre habría otro de nosotros que tendiese una mano y yo era de las seguían el dicho "mejor prevenir que curar", sólo por eso, me convencí, fui a buscar a Percy.  Con una mirada de Miles me encaminé al jardín delantero, estaba vacío, entre los arbustos vi una chaqueta tirada de mala manera y a su dueño de pie apoyado en un árbol. 

-Has dejado a Gwen sola.- le dije acercándome con cuidado de no caer.

-Mejor sola que mal acompañada, ¿no es eso lo que piensas?- dijo irónico mientras se giraba, la furia que había visto en sus ojos mientras bailaba con Klaus ya no estaba.

-¿Desde cuándo te importa lo que piense, Percy?

-¿A qué has venido?- dijo a la defensiva.

-¿Se puede saber por qué te pones así?- le pregunté, él estaba  enfadado y yo en cambio estaba de un estado de ánimo que rayaba lo obsceno. Tildadme de cruel, porque lo soy, disfrutaba con el sufrimiento ajeno.


-Lo sabes perfectamente.

-¿Enserio? Verás, sé tantas cosas que no sabría decirte por cual de ellas decantarme.- dije sonriendo socarrona.- Sé que estás celoso aunque me lo niegues, sé que odias a Klaus, sé que tienes prejuicios y que por eso te da asco la enana esa del otro día, sé que has venido al baile con Gwen para joder a Miles y puede que a mí también y sé que no te ha funcionado y por eso te has ido corriendo. ¿Ves como sé muchas cosas, por cuál de ellas me decido?- una sonrisa macabra pugnaba por salir de mis labios pero la contuve y disfruté al ver como apretaba los puños a los costados y como se rompía poco a poco su fina máscara.

-Te odio.-dijo rindiéndose.

-Y yo a ti, pero eso da igual, siempre fue así. Tú lo fastidias y yo te pongo en tu sitio, nunca aprendes.- me di la vuelta para irme triunfante al salón y disfrutar del resto de la noche bailando con Klaus, eso si no se lo había apropiado Gwen, en ese caso iría a la Sala que teníamos alquilada el resto del curso a pensar o a leer.

-¿Así de simple? ¿Me das la espalda y te vas?- dijo conteniéndose, porque cada cuál lidiaba con sus cabreos de forma diferente, Miles se burlaba, Gwen pegaba y chillaba, Percy insultaba y yo me limitaba a decir la verdad pura y dura. ¿para que mentir si la verdad dicha con veneno duele más que una mentira?.- ¿Ya has visto lo que querías? En el fondo me das pena, ¿sabes? Eres tan patética que has venido con un Clase Media, porque por si no lo sabías eso es lo que es el niñato ese, lo has hecho sólo para darme ¿qué? ¿celos?¿tan estúpida eres?- si pretendía enfadarme o denigrarme no lo consiguió, sus palabras me sonaban vacías cuando veía cómo se le ponían los nudillos blancos.

-¿Quieres que te diga lo mucho que lo siento y lo arrepentida que estoy? Por favor, no tengo tantos prejuicios como tú, además es un chico con eso me vale, ¿no es eso lo que tú decías sobre el sexo opuesto?. No te creas el centro del mundo porque no lo eres, somos todos marionetas, no podemos elegir el camino a seguir y si quieres que te confiese algo, la noche está resultando tal y como pensaba. La luna está espléndida ¿no te parece?- Me quedé pensando en lo último que le había dicho a Percy, aún hoy día sigo dándole vueltas. En cierto modo decía la verdad. No habíamos tenido opción de elegir, siempre condicionados por normas, linaje e ideales. No nos preguntaron si queríamos andar en las sombras, tropezando para después levantarnos y volver a caer. Todo era una broma macabra del destino que se había cansado de vernos en el poder y quería cambiar las tornas. Y lo hizo, el suelo bajo nuestros pies se abrió y caímos sin parar, en la oscuridad fría que nos acogió y nos cegó, nos condujo mediante bisbiseos y puertas cerradas, nos ocultó de ojos incautos y nos moldeó tal y como acabamos siendo. Malos, crueles, retorcidos y fríos. Carentes de humanidad y sueños felices, la guerra nos convirtió en despojos que escupió al vertedero donde estaba predestinado que nos pudriésemos entre drogas y alcohol, entre anhelos y deseos truncados.


-Baila conmigo.- no fue una petición, él nunca las hacía se limitaba a coger lo que quería de la gente sin importarle nada, por lo menos así fue hasta que llegó el último año. 


No le dije nada, me quedé mirando la luna, tan grande y majestuosa, un ojo que nos observa y nos juzga. Pensará que somos un virus que arrasa con todos, el cáncer de nuestro planeta, algo infeccioso que debe ser erradicado por completo, cuánta razón tiene, pero a pesar de todo nos agarramos con uñas y dientes a la vida y a las pocas cosas que a nuestro juicio merecen la pena. Porque vivimos de momentos, de acciones que hicimos y que queremos hacer, vivimos del día a día, pero sobre todo vivimos por y para nosotros, como seres egoístas y caprichosos que somos.



-¿En qué estás pensando? No digas en nada, porque tienes "esa mirada".- me dijo mientras me agarraba por la cintura y comenzaba a moverse al ritmo de la balada que salía por las puertas del Salón.


-¿En qué pensabas aquí fuera?- le dije a modo de respuesta, necesitaba información, porque el que tiene información tiene poder y recursos, y eso en estos tiempos es como el agua en el desierto.

-En lo hermosa que es la luna.


-Yo pensaba en el pony rosa que tengo encerrado en el armario de mi habitación.- le dije irónica, no pensaba soltar prenda si él no lo hacía. Gruñó algo que no llegué a entender pero después de unos minutos de silencio sacudió la cabeza y cedió, como siempre.

-Estaba pensando en nuestros encontronazos, que no son pocos. 


-¿Has sacado algo en limpio?


-No se puede sacar nada de donde no hay.- dijo reticente mientras me pegaba más a él para que no le viese la cara. No estaba avergonzado ni rojo, como cuando nos dimos los regalos de navidad hace tanto tiempo, dudo que estuviése incómodo, pero no le gustaba que le viesen la cara cuando decía algo que a su jucio era humillante. 


-¿Es que quieres que haya algo, Percy?- le pregunté jocosa, antes me planteaba de vez en cuando esta pregunta, a menudo, pero la desechaba por un sin sentido y volvía a mis cosas.

-Niégame que nunca lo has deseado y me olvidaré del tema.- me dijo sin un ápice de cariño o amor en la voz. Eso no quería decir que no sintiésemos algo, nuestra amistad era diferente a la de los demás, nuestro concepto de amor discernía tanto del de los poetas y los románticos que yo no lo hubiese llamado amor, sino, odio. Cómo puede ser bueno un sentimiento que te anuda la garganta, hace que te suden las manos, te tiemblen las rodillas y te impide pensar con claridad, yo odio sentir debilidad y eso es el amor, miedo de perder a la otra persona, miedo al rechazo y celos, un monstruo verde que te sube del estómago por la garganta y te ciega. 


-Eso es jugar sucio.- le recriminé, no podía mentir aunque no hubiese sido difícil, pero el juramento que nos hicimos me lo impedía y por muy convenida que fuese no me gustaba mentir a menudo.- ¿Además qué tiene que ver el pasado ahora?- chasqueó la lengua.


-Nimiedades pero si te pones así entonces, dime que para ti no significan nada nuestros roces.- dijo picarón. Respiré hondo.


-¿Tanto te ha afectado que haya venido al baile con Klaus?- una de las cosas que tenía clara a esa edad era que yo no sería nunca la que le pidiese a otra persona "salir", no sería yo la que se expusiese.- Como ves no soy tuya, a decir verdad no soy de nadie ni ahora ni nunca. Si con tus insinuaciones, poco sutiles, quieres decir que quieres salir conmigo dilo sin más, sin rodeos, porque me empiezo a aburrir.


-Siempre tan indiferente, tan fría y fácil de aburrir, quieres de ser tan jodidamente tú por una vez y pensar en mí.- levanté una ceja con escepticismo- ¿Es que no eres capaz de ver que decir esto, humillarme de este modo va contra mí? Aún así aquí estoy como el imbécil que soy, como la polilla que se acerca al fuego.


-¿Que pretendes conseguir con esto?- pregunté cruel, sabía que lo estaba pasando mal, que seguir preguntando no era ético ni moral, pero yo disfrutaba viendo y sintiendo lo frustrado que se sentia. Sus puños se clavaban en mis caderas.-¿Tener poder sobre mí? Nunca lo tendrás, ni tú ni nadie. ¿Significar algo en mi vida? Por desgracia ya eres algo dentro de mi pequeño corazón. ¿Que más puedes querer?


-Ya tengo lo que quiero, pero son formalidades que se hacen. Porque supongo que a la perfecta Glimmer no se le habrá olvidado que lo que hacemos está en teoría prohibido sin una relación de por medio y que si nos pillan estaremos metidos en un pequeño-gran problema. 


-Entiendo...Está bien, acepto, sí o lo que sea que se tenga que decir en estas circunstancias. Percy, no hagas que me arrepienta.- le dije cansada, me pesaba el cuerpo, había perdido la cuenta del tiempo que llevaba aquí fuera y tenía la piel de gallina del frío. Unos toques en mi hombro derecho me despegaron de Percy y al girarme vi dos ojos grises serios, no estaba enfadado porque lo hubiese dejado en la pista de baile solo y no me iba a montar un espectáculo, no era de esos.


-¿Me concederías los últimos bailes?- me preguntó cogiendo mi mano y depositando un suave beso. Percy se puso tenso pero recordó que él no tenía ni voz ni voto sobre mí, se calló y apretó mi mano libre. 


-Si claro.- le dije desembarazándome de Percy, me giré y lo único que le dije fue- Gracias por el último baile.- hice una breve inclinación a forma de despedida y me volví a perder entre el mar de faldas con vuelo y estudiantes borrachos.

miércoles, 25 de enero de 2012

Orgullo (Percy)



Las última semana antes del baile fue un completo desastre. Empezando por el mosqueo que tenía Glimmer conmigo, por el chupetón que le hice. Me habría gustado verle la cara a su pareja para el baile, seguro que no le hizo gracia, ¿a lo mejor él la ha dejado por eso?, pero sé que eso no ha pasado, ni siquiera es probable que llegue a pasar.

Gwen se niega a soltar prenda sobre nada con respecto a Glimmer, no deja de insistir en que debería hablar con ella, pero no lo pienso hacer. Fue ella la que se enfadó por una tontería conmigo, es ella la que tiene la culpa de lo que pasó en el segundo piso de la biblioteca, ella y su camisa más ceñida de lo normal con su falda más corta de lo decente, fue ella la que dio el golpe de gracia provocándome, incitándome y prohibiéndome lo que ambos sabemos que me pertenece, desde siempre. ¿Por qué tiene que ser tan jodidamente cabezona? 

Ojalá se lleve esta noche un chasco, porque sé que es lo que pretende, lo sé desde que yo se lo hice tantos años atrás durante una navidad. Puede que los golpes de Gwen duelan, pero es algo pasajero, se va y lo único que queda es una herida que con el tiempo también se va, Miles me provoca con sus palabras, pero Glimmer cuando clama venganza es peligrosa, porque sus ataques duelen, y es un dolor que perdura, que no desaparece con el tiempo, en el que la herida puede curar y abrirse con la misma facilidad que se rompe un baso de cristal.

He quedado con Gwen en su dormitorio dentro de diez minutos, aunque la idea de no ir al estúpido baile es tentadora decido vestirme, no pienso perder mi orgullo por culpa de nadie. Voy a restregarle a Glimmer lo que se pierde por ir con el imbécil que se lo propuso, le demostraré lo que es un hombre y ella no podrá hacer nada, se quedará quieta mirándome dolida. Un momento, ella nunca se duele en público, no le gusta que la vean débil, me conformo con borrarle la sonrisa de suficiencia que le vi ayer mientras hablaba con Gwen sobre el vestido que le había enviado el padre de su acompañante.

Llamo a la puerta y un grito del interior me insta a entrar. Lo primero que veo es una espalda blanca y tersa como la nieve, supuse que sería Gwen,que sorpresa la mía cuando veo que se trata de Glimmer, tiene el pelo recogido en un moño flojo bastante elaborado, el vestido se le ciñe al cuerpo de una manera apetitosa, es verde esmeralda y resalta el tono de sus ojos, ¿qué hago pensando en ésto?. Me enfado ante la idea de que se esté preparando para otro hombre que no sea yo.

-¿Percy? ¡Percy! ¿Quieres hacer el favor de abrocharme la cremallera? Se lo he dicho a Gwen pero no puede y me a advertido que como se te ocurra romper mi vestido te mata, literalmente.- me dice Glimmer mientras me mira por encima del hombre, adiós a mi idea de arruinarle el vestido.

-¿Cuánto te queda Gwen? Que es para hoy.- digo irritado, tengo que calmarme, aunque la perspectiva de Glimmer delante mía sonriendo complaciente hace que me resulte difícil. No es que tenga mucha paciencia.

-Eso mismo digo yo, Percy.- dijo impacientándose- ¿la abrochas ya?- me acerco a regañadientes y empiezo a subir la cremallera, ¿tenía que haberme pedido que se la bajara, joder?. Respiro un par de veces y consigo relajarme un poco. La peor parte está por llegar, la cremallera, que no es muy grande y que se me hace eterna, termina en la parte baja de su espalda, el hueco en el que he apoyado tantas veces la palma de mis manos.- Percy,¿estas hiperventilando o qué? Date prisa.- me hizo un mohín con los labios, de impaciencia, hasta que no le veo la sonrisa de gato reflejada en el espejo no caigo en que la poca dignidad que me quedaba se ha esfumado con esa última pregunta. Juega conmigo y yo con ella, siempre es así, el problema llega cuando no hay diferencia entre lo que es un juego y lo que es la realidad.

-Cabeza carbón- el apelativo que le a dado a Gwen por utilizar hace que eche chispas.- ¿no le habrás hecho nada al vestido?- me dice enseñándome un puño. Su vestido es simple, largo, acabado en cascada y naranja, un color que resalta las pecas que siempre ha tenido. 

-¿Has terminado? No me gustaría estar en una mesa que tenga cerca gente de la Clase Pobre.- digo con falsa indiferencia y con auténtico desprecio.

-Ya voy, ¿Glim, a ti te recoge u os encontráis abajo?- le pregunta a su amiga, ¿es que no se da cuenta de las ganas que tengo de largarme de allí?

-Bajo con vosotros, me espera en la escalera.

Decir que el camino hacia la escalera es largo es como decir que la vanidad de Miles es pequeña. Busco con la mirada al supuesto acompañante de Glimmer, ¿quien narices será? ¿Y por qué me molesta a mi tanto? Esa chica, tan fría no me gusta, prefiero a Claire, ¿quien no preferiría a esa tía buena?. Giro la cabeza lo justo para ver cómo Glimmer se despide con la mano y baja las escaleras para reunirse con Klaus, ¿Klaus? ¡¿Klaus?! Seré imbécil, pues claro, sabe cuanto desprecio al tipo ése aunque no lo conozca, y contradiciendo a Miles debo decir que no es porque me robe protagonismo, es porque está alejando a la niña que conocí en el jardín de mi casa, se lleva una parte de mi infancia. Gwen tironea de mí para bajar las escaleras pero me quedo calvado en el piedra del suelo, fulminando a Klaus con la mirada, pero la única que me mira es Glimmer, lo hace con indolencia, con premeditada indiferencia y con una sonrisa de "así aprenderás, te lo mereces y ahora verás..." que me sienta como si arreasen una patada en la boca del estómago.

-¿Duele verdad?- me dice Gwen indiferente. ¿Qué sabrá ella? Estaba acostumbrada a los palos psicológico que le daba Miles, pero yo no. ¿Nunca antes me habían despreciado de esta manera? y siento celos, puede que esté acostumbrado a ignorarlos, pero no con estos, estos duelen y entonces lo comprendo. Todo esto que hace, todo el tiempo que ha esperado, sólo estaba preparándome, lo de la biblioteca, puede que se enfadase pero hizo que me confiase para después tirarme al suelo y pisotear mi orgullo.

-¿Qué sabrás tú? Vamos o nos quedaremos sin mesa.- le respondo.

La cena se desarrolla en un ambiente tenso. Gwen está acuchillando el pudin porque Miles a asistido al baile con Marietta, en cuanto a mí, intento por todos los medios no mirar a Klaus y a Glimmer, no han hablado en toda la velada y están tensos. Miles no deja de hacer comentarios "graciosos" para rebajar dicha tensión pero lo que hace es acrecentarla porque la que le ríe la gracia es Marietta.

Por fin deciden quitar las mesas y dejar la pista de baile libre, ¿por fin? lo último que quiero es bailar con Gwen, o con cualquier otra. Miles coge a Marietta, una chica alta y rubia que no esta nada mal, excepto porque cada vez que are la boca suelta alguna estupidez debería ser muda, se precipitan al centro del salón, donde se han reunido, Glimmer y Klaus, éste la coge por la cintura y empiezan a moverse acompasadamente. La sangre me hierve por dentro y creo que a Gwen le pasa exactamente lo mismo.

-¿Cómo vives con esto?.- e pregunto frustrado por no poder parar este sentimiento que me oprime la caja torácica.

-Me limito a sobrevivir.- dice neutra, no le brillan los ojos, tiene la mirada perdida en algún punto del salón. Empiezo a entenderla y no es agradable, cuando no está con Miles o Glimmer su carácter desaparece y se sume en un silencio de meditación.

Ando hacia la puerta de salida y cuando me doy cuenta de lo cobarde que es mi comportamiento me doy la vuelta y entro en los baños. Una mirada furibunda y colérica me devuelve mi reflejo. En eso me he convertido, ¿dónde ha ido a parar mi personalidad? ¿la facilidad que tenía para ignorar todo lo que me echaban encima? Perdidas. Todo por su culpa, por culpa de una chica fría y retorcida, pero todos somos así, ¿acaso no lo fui yo al reírme cuando se cayó?o ¿ cuando la marqué como cuando exclusivamente mía? el problema es que ella me las a devuelto todas juntas y no pienso dejar esto así. No señor, se va a enterar de quien es Percy Van Clay.

martes, 24 de enero de 2012

Entre estanterías



¿Cómo un ser tan diminuto podía llegar a ponerme tan de los nervios? Había llegado como si nada, detrás de Miles, con esa cara pequeña, aniñada y esos aire de grandeza, pese a ser de la Clase Media. Se había enfrentado a mí abiertamente, por si fuera poco, con una expresión "de no me importa un comino lo que pase a mi al rededor". Se notaba a la legua que estaba nerviosa, está coladita por Percy y pobre de ella porque él no le hará ni caso, jugará y se divertirá a costa del duendecillo y cuando se aburra la desechará, como ha hecho con todas, eso teniendo en cuenta que se atreva a ponerle un dedo encima, Percy tiene bastantes prejuicios, inculcados por sus padres, sobre las clases sociales.


Otra cosa que me ha afectado un poco es que mencionase mi caída, ya no me interesa y me resulta un hecho lejano y carente de importancia, pero me intriga cómo lo habrá averiguado. Si está tan pillada por Percy, como nos ha dado a entender con sus tartamudeos, quizás lo haya seguido y me hubiese visto caer. Pero no tengo forma de averiguar nada, ni pretendo hacerlo, cuanto antes se libre Percy de ella mejor para todos.


Debería añadir que Gwen ha reunido el suficiente autocontrol para no lanzarse al cuello de Miles y rompérselo con la misma facilidad que se lo hace a los pájaros, cuando caza. Conclusión, Miles estará fuera de juego hasta que Gwen esté más "relajada", que calculo que será después del baile.


Giré en un pasillo que contenía autores de la H a la I y me puse a buscar una novela que me gustaba, Orgullo y Prejuicio, pese a ser un drama, su trama me recordaba a la sociedad en la que vivía, aunque menos estricta. Percy estaba detrás mía, me extrañaba que no hubiese dicho nada hasta el momento y si me ha seguido es por algo, no creo que quiera leer Sentido y Sensibilidad de Jane Austen. Cogí un tomo grueso y pasé el dedo por el lomo, su textura rugosa y el olor a antiguo que desprendía el pasillo me hipnotizó. No sé cuanto tiempo pasó hasta que ha Percy le dió por hablar.


-¿No te importa que no vaya al baile contigo?- preguntó sin rodeos, me resultó graciosa dado que después de lo de esta mañana en el comedor, quedó bien claro con quién no asistiría al baile.


-Si me importase no te lo diría, ¿lo sabes no?


-Lo decía por comenzar un tema de conversación,- dijo molesto, ¿se podía saber qué le pasaba? yo estaba de mejor humor y no me portaba tan borde como en el desayuno.


-Estamos en una biblioteca y creo que una de las normas generales es: "No hablar".


-¿Siempre tienes que acabar discutiendo conmigo?- dijo comenzando a cabrearse. Yo por el contrario estaba un tanto divertida ante el comportamiento tan pueril que estaba teniendo. La bibliotecaria nos chistó para que guardásemos silencio.


Cómo no me apetecía zanjar la conversación así, porque me encanta tener la última palabra cuando discuto, lo cogí de la mano y subimos al segundo piso, mi favorito. Allí no molestaríamos a nadie, porque nunca subía gente, era como un almacén aunque estaba abierto a todos los alumnos y profesores.


-Aquí si podemos hablar, aunque sigamos en la biblioteca, nadie sube nunca y no molestaremos. ¿Que decías?


-No hace falta que te lo repita, lo sabes perfectamente.- dijo secamente, su brusquedad me alarmó un poco.


-El que empieza la discusión eres tú, si dijeses las cosas correctamente y no fueses un cerdo no nos pelaríamos.


-¿Qué soy un qué?- dijo alzando la voz e imponiéndome su metro setenta y cinco de estatura.


-¿Te has quedado sordo o qué?- dije irguiéndome completamente.


-¿Te das cuenta de que la que empieza las peleas eres tú?


-Perdona mi sinceridad.- me estaba empezando a aburrir un poco, aunque nunca se sabe cuando se trata de Percy.- ¿Por cierto cuándo le propusiste a Gwen lo del baile? Me extraña que no me lo contase.


-¿Celosa Glimmer?- preguntó alzando las cejas.


-Puede que sí, puede que no. Pero no vale contestar preguntas con preguntas.


-¿Y eso quien lo dice?.- mi aburrimiento pasó a un estado difícil de definir. Lo que sí sabía seguro era que me debatía entre callarlo de dos formas: primera opción, con una bofetada, por sacarme de mis casillas con preguntas tontas, segunda opción, con un beso que aunque suene a tópico lo enfadaría bastante.


-Lo digo yo y te juro que como preguntes: "¿Y quién es yo?" no respondo de mis actos.


-Lo de ir al baile con Gwen a salido sobre la marcha.


-¿Te habrás dado cuenta de que Alissa está colada de ti hasta la médula?- le pregunté entre coqueta y distraída, por la ventana del segundo piso vi a Klaus aún tumbado en el claro, tenía los ojos cerrados y parecía dormir.


-Es de Clase Media.- dijo con asco, aunque había sido él mismo quien me había dicho un vez "que cuando la necesidad apremia lo último que importa es la Clase". Bastante irónico.-Aunque no está nada mal, si no fuese tan bajita.- si ese comentario pretendía picarme surtió el efecto contrario.


-Entonces debería ser un alivio para mí que te gusten bajitas ¿no?.


-Si quieres pensar eso adelante, haz lo te plazca.- dijo con sencillez.- ¿Con quién irás tú al baile? ¿Con Dirgen o con Monstrell?


-¿Qué te hace pensar que no puedo ir con alguien más "interesante"?- pregunté indignada ante la sola mención de esos dos troglodítas.


-No eres muy social que digamos.


-Lo social que sea o deje de ser no es asunto tuyo, Percy. Por si no lo sabías soy bastante persuasiva y siempre consigo lo que quiero.- le dije encarándome mientras lo empujaba contra una zona en penumbra.- Eso lo sabes de primera mano.


-Cierto, pero no me has dicho con quién iras.- dijo con una sonrisa pícara.- Además dudo mucho que sea más interesante que yo- dijo poniendo una mano en la parte baja de mi espalda, un escalofrío me recorrió de pies a cabeza.


-Eres muy presuntuoso, Percy.-le respondí picada.


-Y eso a ti te gusta.- me susurró en el cuello, se me erizó el pelo y entreabrí los labios sin querer. Tenía que reaccionar, no lo podía echar todo por la borda por un estúpido juego, que se estaba poniendo muy interesante, pero aún así había que poner pies en polvorosa.


-¿Qué sabrás tú lo que me gusta?.- dije tensándome e intentando echarme hacia atrás, pero su mano no me dejaba, hacía presión contra mi espalda y me pegaba más a él. Subí las manos con intención de separarme, pero se perdieron por el camino, recorriendo su pecho y enredándose en su pelo. Sin duda me había dado algo porque no podía estar siendo tan estúpida, pero no quería parar y eso me enfadaba bastante, me enfurecía.


-Sé muchas cosa,- me mordió el lóbulo de la oreja, un cosquilleo eléctrico provocó que me mordiese el labio con fuerza- sé que te gusta controlar la situación y que por eso ahora estás que trinas,- me mordisqueó el cuello y creo que fue en ese momento cuando perdí la poca e inútil conciencia que tenía,- sé también que te gusta esto y que no quieres que pare, yo tampoco la verdad. Y sé que mañana quizás estés bastante enfadada conmigo,- depositó un beso en mi cuello y me derretí en sus brazos, yo la reina del hielo convertida en un charco de agua por culpa de las hormonas y las reacciones química que me producía Percy, noté una leve succión a la que no le di importancia, la sensación era tan... tan... sopló en mi cuello y se apartó un poco.- ¿Me odiarás? Quién sabe.


-Te odiaré a ti, no lo dudes, pero también me odiaré yo por dejar que esto pase.- reuní un valor del que me creía carente y me fui apresuradamente a la mesa con Gwen. Ella seguía estudiando y eso que no habían empezado las clases, yo poco a poco me iba tranquilizando y mi pulso que antes estaba disparado se normalizó, ¿se puede saber qué demonios pretendía perdiendo la cabeza de ese modo?


Fui a echar mano del libro que había cogido antes; Orgullo y Prejucio de Jane Austen, pero no lo tenía, se me debía haber caído en el segundo piso cuando perdí la cabeza como la adolescente que era. ¿Mi autocontrol dónde estaba? De vacaciones seguro.


-¿Quieres dejar de reprenderte mentalmente? Ya hemos hablado de esto otras veces y es normal, además de divertido según me has contado tú un par de veces.- dijo Gwen sin levantar cabeza del libro de Química.


-Pero no debería haber pasado, no es correcto.


-¿Desde cuándo te preocupan a ti ese tipo de cosas?- era una pregunta retórica y la verdad es que Gwen tenia razón, en todos esos años nunca me importó lo más mínimo lo correcto de lo incorrecto, puede que estuviese madurando o que me diese una crisis de adolescencia, pero el caso es que mi encontronazo con Percy le sentó bastante mal a mi conciencia que parecía ir adquiriendo fuerza. 


-Puede que tengas razón.- Gwen alzó la cabeza bruscamente, tampoco es que le dijera eso a mucha gente y a lo mejor le impactó que se lo dijese o quizás sentía verdadera curiosidad por saber qué había hecho que me llevaba al extremo de darle la razón. El caso es que se puso roja al verme y se le veía claramente que estaba conteniendo una carcajada.


-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? ¡Gwendolyn!- al oír su nombre completo fijó la mirada en mí y me puso cara de pocos amigos.


-¡No me llames así, sabes que no me gusta!- al ver mi sonrisa de suficiencia comprendió que lo había hecho a propósito para llamar su atención.- Esta vez Percy se ha pasado, a lo mejor lo matas. Es lo que haría yo.


-Claro que lo harías tú, te encanta la violencia sobre todo si hay que pegar a Percy o a Miles.- me empezaba a preocupar, qué es lo que había hecho Percy para que lo matase, tenía la mente enagenada y normalmente no me habría llevado más de unos minutos dar con la respuesta. 


-Mejor que lo veas con tus propios ojos.- me señaló el baño de la biblioteca.


Me levanté y de camino a los servicios me crucé con Percy que volvía fresco como una rosa, como si nada hubiese pasado hacía escasos minutos. Intenté mostrar una indiferencia que no sentía y seguí mi camino, pero al pasar al lado suyo me había dado cuenta de que asentía en silencio. Aceleré el paso y entré en el aseo, estaba vacío. Me puse en frente del espejo y me miré. 


Al principio no vi nada fuera de lo normal. El pelo largo, castaño caía ondulado sobre mis hombros, mis ojos dorados me devolvía una mirada fría y calculadora, examinando cada pequeño detalle, pómulos poco marcados con una nariz un pequeña y respingona en medio con unas pecas que no desaparecían a pesar de la edad. Tenía la piel clara, aunque no llegaba a la extrema palidez de Klaus. Me paré en seco cuando llegué a la zona del cuello, ahí la piel no era clara, estaba de un rojo que empezaba a oscurecerse, cómo no me había dado cuenta antes si era bien visible, mi labios rosados y grandes forzaron una mueca de odio y mis ojos relampaguearon furiosos. Lo había hecho a posta, sabía que eso tardaría en irse por lo menos una semana larga, debido a su tamaño, sabía que iba con alguien importante y me había marcado como suya


Así que he aquí mi dilema. Tenía un chupetón que podía dirigir el tráfico casi mejor que un semáforo, carecía de maquillaje para taparlo y me era imposible ocultarlo con prendas de ropa durante las seis horas diarias de clase. Prguntarle a Gwen si había echado ella cosméticos era una tontería porque lo odiaba, lo único que se pondría para el baile era delineador negro y yo no quería marcar los bordes de esa "obra de arte", hasta cuando me enfadaba era sarcástica, eso era el colmo. Pero debía relajarme, lo último que quería era darle a Percy muestras de enfado para que se regocijara y la sonrisa esa que me mostró en el pasillo al cruzarnos se la borraría en el baile. 


Me senté en la mesa al lado de Percy para demostrarle que estaba perfectamente a pesar de todo. Puede que fuese una mala decisión según muchos, como por ejemplo Gwen que me miró y negó como si no tuviese solución el problema que era mi cabeza. En cambio Percy me miraba divertido, sabía que yo sabía lo del chupetón, aunque no me lo había tapado. ¿Para qué? ¿Acaso ocultarlo iba a hacer que desapareciese? No. ¿Impediría que la gente lo supiese? Claro que no, los cotilleos vuelan a una velocidad pasmosa y se sabría lo del farolillo de mi cuello antes de la última clase de mañana. ¿Para que no se enterasen los profesores? Pensad con cabeza por favor, a los maestros les daba exactamente igual lo que nos pasase y lo que hiciésemos siempre y cuando ellos no estuviesen involucrados directa o indirectamente. ¿Nuestros padres? Lo único que les podía perjudicar es que nos juntásemos con la gente equivocada o que nos pasásemos de la raya y aún había distancia hasta llegar al límite de lo prohibido. 


¿Entonces por qué no dejarlo al aire? Porque me había marcado, me había señalado como suya y eso no se hace a menos que: a) sea cierto  y sea suya, que obviamente no es el caso, puede que me sintiese atraída por el estúpido ese, pero de ahí a que saliésemos juntos había un laaargo pasillo y un graaaan tramo de escaleras antes de pasar por su enoooorme orgullo, claro. b) para molestar, que era el caso, o eso creía yo. c) porque él creyese que siente algo por mí y sea ese "algo" lo que lo impulsa a cometer el acto en cuestión. De todas estas opciones la más coherente me parecía era la b, porque la a estaba descartada de antemano y la c era algo que desconocía completamente, puede que en un pasado pudiese haber sentido ese "algo" pero en ese momento no pondría la mano en el fuego por ello.


-Glimmer, ¿se te cayó esto por un casual mientras estábamos hablando?- preguntó Percy inocentemente, aunque de inocente tenía poco, Gwen lo acuchillaba con la miraba y yo ardía por dentro, pero con mi mejor expresión lo miré y muy digna le quité el libro de las manos y me puse a leerlo.


-¿Sabéis de dónde ha sacado Miles ese duende en miniatura con el que se ha ido?- preguntó un tanto, o demasiado, celosa Gwen, la verdad es que yo la relación de estos dos no la entendía. A veces se peleaban, a veces simplemente se ignoraban, otras en cambio hablaban, reían y lloraban juntos. ¿Qué eran hermanos, pareja o amigos? 


-Ni lo sé, ni me importa.  Es más no entiendo como deja que los vean juntos.- dijo Percy expulsando asco con cada palabra.


-¿Hay algo que entiendas?- le pregunté con un tono de voz tan frío que Gwen frunció el entrecejo. La vi garabatear algo en un pedazo de papel y pasármelo junto a una libreta de historia.


-¿Puedes comprobar el análisis? No estoy segura de tenerlo bien.- hablar por notas era algo patético pero un medio de comunicación viable siempre y cuando no hubiese profesores a visor.


Abrí la nota y vi la letra redonda e infantil de Gwen. Decía; "¿se puede saber qué narices te ocurre? no te he visto tan enfadada....¿nunca?" ¿Y ahora qué le decía? ¿Que no estaba enfadada? Mentirle así era inútil porque entre nosotras nos conocíamos bastante bien, pese a tener nuestros roces nos respetábamos y sentíamos un apego mutuo. Mi respuesta fui simple y concisa; " después hablamos". Le eché un vistazo al análisis, el cual tenía hecho un caos.


-Deberías añadir que el idealismo se fue cerrando y los progresos que se hicieron anteriormente quedaron abolidos y tachados de inmorales, todos los seguidores de dicha ideología fueron perseguidos y matados, hasta hoy día. Sólo los que supieron escoger bando consiguieron algo medianamente decente, de ahí que se estableciesen Clases Sociales. Si quieres puedes hacer un breve resumen y una descripción del por qué de su situación, aunque quizás eso vaya contra alguna nueva norma.- dije perdiendo la compostura y hablando más de la cuenta, al mirar a mi al rededor vi a Gwen con la boca tapada y los ojos desencajados, Percy era harina de otro costal, se había puesto pálido y tenía la boca parcialmente abierta. Decidí no cerrar el pico y continuar, debería haberme callado.- Ya que estamos hablando de ideologías puedes decir que la única que sobrevivió a la purga fue la Iglesia de Sol, o cómo se llame, venndió sus principios y a sus creyentes. ¿Para qué? pues para que un puñado de bendecidores no muriesen, hombres tan viejos que no aguantarían ni un año en un suburvio, aunque ninguno de nosotros viviría en un sitio así más de doce horas.- finalicé con una mueca.


-Glim, lo que acabas de decir es impropio viniendo de ti, ¿sabes lo que habría pasado si alguien te llega a escuchar?- me dijo Percy muy serio, tenía todo el derecho a estarlo , me había pasado de la raya, hablar de esto en un sitio público era tabú. Sólo los de Clase Alta y algunos de Clase Media, que se lo pudiesen pagar, tenían acceso a Historia Universal. El objetivo; la incultura y el retraso de la población, porque ¿qué era más fácil de controlar un grupo de personas que desconocen los derechos, las formas de gobierno y los adelantos del pasado? o ¿ un grupo de personas cultas con un mínimo de conciencia global? La respuesta resulta tan obvia que me abstengo de responderosla.


-Sí, no hace falta que me lo recuerdes, mi padre es, al fin y al cabo, el que se encarga de los juicios.- me levanté y salí de la biblioteca con los nervios a flor de piel. No entendía que me pasaba, desde que llegué al internado no había hecho más que complicar las cosas una y otra vez, y eso era lo último que pretendía, prefería vivir sin meterme un temas peliagudos y de gran importancia. Quería disfrutar de todo tipo de experiencias sin que se me juzgase por ello, pero esto no justificaba que me fuese de la lengua tan a la ligera. 

jueves, 19 de enero de 2012

Pequeña y astuta (Miles)




Tras media hora en la biblioteca incordiando a Gwen, me separé de ella con un suspiro de frustración. Estaba claro que seguía cabreada por la pelea de ayer y no pensaba dejar que me acercara. Habría que esperar hasta que se le pasara.

Voy a dar una vuelta ―murmuré levantándome. Ninguno de los dos se extrañó; perderme en la biblioteca es algo así cómo darme unos minutos de tranquilidad. Estaban acostumbrados a ello.

Las estanterías repletas de libros me recibieron con los brazos abiertos, e inhalé el aroma a papel con avaricia. Me apoyé contra la pared y cerré los ojos, dejando que la tranquilidad me envolviera.

Disculpa ―dijo una voz femenina a mi lado―. ¿Me dejas poner el libro en su sitio antes de que te eches una siesta?

Abrí los ojos de golpe y miré a la chica que tenía en frente. Lo primero que vi fue una cabellera rubia oscura que le caía hasta la cintura en desordenados rizos, después me fije en lo pequeña que era esa persona, no llegaría al metro cincuenta. Sólo la clara madurez del redondeando rostro de la chica demostraba que no era una niña, porque su ropa tampoco revelaba muchas curvas. Aún así, a pesar de su diminuta estatura y su pelo salvaje, los enormes ojos dorados y la boca pequeña le conferían una belleza aristocrática.
Esbocé una lenta sonrisa.

Por supuesto… si a cambio me dices tu nombre. Ella me miró impertérrita, sin estar aparentemente sorprendida, divertida, halagada o enfadada.

Ése es un truco de ligar muy poco original ―hizo notar. Solté una risita.

Eres difícil de conformar; cualquiera se alegraría con que simplemente le prestaran atención.- Ella hizo una mueca de aburrimiento.

¿Te piensas apartar?

No ―alcé una ceja y me preparé para su réplica.

Su reacción me sorprendió, sin embargo. Miró hacia todos lados, como asegurándose de qué no hubiera nadie escuchando, dejó el libro en cualquier estante y se inclinó hacia mí.

Tú eres amigo de Percy, ¿no?.-Estaba ligeramente sonrojada. Y cuando lo entendí todo, me quedé a cuadros. A esa chica no le gustaba yo… le gustaba Percy.
Y eso era un duro golpe para mi orgullo.

Lo conozco, sí ―dije con indiferencia.

Preséntamelo.-Parecía casi desesperada, y me fastidió bastante que aquel PVC ligara más que yo. ¡Qué yo!

¿Por qué? ―me resistí. Ella se puso tensa al instante.

Eso no es asunto tuyo.

Mis ojos se entrecerraron y mi sonrisa se ensanchó. Aquella niña no sabía con quién estaba tratando.

Tú lo has dicho; no es asunto mío. Así que ni te voy a presentar a Percy ni te voy a recomendar usar sujetador con relleno. Porque, al fin y al cabo, no es asunto mío. - No sé enfadó ni se indignó ni se puso a llorar. Me miró fijamente, como calibrándome, y acabó refunfuñando:

Si me presentas a Percy, te ayudaré a conocer a Claire.

¿Bromeaba? Claire era una tía buena por excelencia. Morena, largo pelo negro y sedoso, ojos asiáticos, labios carnosos, y curvas a desear. El tipo de chica a la que llevarte a la cama una noche y pasarlo cómo nunca. Sólo había un problema; acercarse a Claire no era difícil. Era imposible.
¿Por qué? Desgraciadamente, la tía era Creyente. Y creyente, creyente. Iba por ahí cubierta de pies a cabeza, con una estrella colgando del cuello, y alejando a cualquier chico de sí. Hasta creo que pensaba meterse a protectora (organización de mujeres que se alejan voluntariamente de la sociedad).

¿Es tu amiga? ―recelé. Nunca la había visto con ella, y todos los tíos le prestábamos atención a Claire, a fin de cuentas. Pero con lo pequeña que era, fácilmente podía haber pasado desapercibida.

La conozco ―respondió sin especificar.
Cogí aire.

¿Y qué te hace pensar qué eso me interesa?- Se acercó un paso y colocó la mano al lado de mi hombro, inclinándose sobre mí. En una extraña parodia de un acorralamiento, si no hubiera sido tan diminuta.

¿No es lo qué os interesa a todos? Pasar una noche de pasión con Claire, la chica intocable, y después restregárselo a lo demás…-Solté una carcajada.

Esa permanecerá virgen hasta que se muera en un convento rodeada de monjas, está convencida de ello. No la vas a engatusar.- Fue la primera vez que la vi sonreír. Y fue una sonrisa lenta, tirante, astuta, peligrosa.

Soy muy persuasiva ―afirmó.

Si me presentas a Percy ―masculló mirándome fijamente a los ojos. No había nada coqueto o sensual en su expresión; no intentaba engatusarme de esa manera― te juro que conocerás a Claire Stevenson. Si ya la consigues o no… es cosa tuya.
Me soltó bruscamente y retrocedió unos pasos.

Es tu única oportunidad, ¿sabes? ―se colocó las manos en la espalda y puso una cara inocente―. Si no me ayudas, digamos que tendrás ciertos problemas para conocer a Claire… o a cualquier otra chica del colegio ―esbozó una sonrisa perversa―. Les contaré lo mal que besas.

No sabes si beso mal ―repliqué.

¿Importa?

Supongo que no.- Me empezaba a caer bien esa chica. Sabía cómo contestar y llevarte a su terreno. Era lista.

Vamos ―eché a andar por el pasillo.

¿Adónde? ―desconfió.

A conocer a Percy, por supuesto. -Por el rabillo del ojo vi que se ponía de distintos colores simultáneamente.

¿Qué? ¿Ya? ―tartamudeó―. No tiene que ser ahora, un poco más de tiempo… Quiero decir, ahora es precipitado, ¿no? En la biblioteca y eso queda un poco raro… ¿Y si se cree que soy un ratón de biblioteca? No es que parezca un ratón aunque sea bajita, pero me gusta estar entre libros. Y a él no. Seguro que le caigo mal si nos conocemos aquí… Sí, es mejor que…Vaya. Parecía que con PVC perdía los estribos.

Será imbécil. Ligando más que yo. Inaudito.
Me encogí de hombros.

Es tu única oportunidad. -Me adelantó con rapidez a pesar de sus cortas piernas.

No vayas tan lento ―había recuperado su tono cortante.

Puse los ojos en blanco. ¿No me podía rodear de chicas normales? La más normal era Glimmer, y eso que ella era rara. No, espera, le gusta. 
Cuando llegamos a su mesa me encuentro que Glimmer se ha unido a ellos, y lee un libro muy concentrada, sentada al lado de Percy. Éste está atendiendo a una explicación de Gwen, que se inclina hacia él por encima de la mesa, exasperaba porque no lo entienda.

Sonrío ampliamente mientras el ligue de PVC ―no os preocupéis, se la devolveré―, se coloca detrás de mí rápidamente al divisar a “su amor”

Hey, ya he vuelto ―saludo―. ¿Me habéis echado mucho de menos?

Una barbaridad ―resopla Glimmer, irónica. Esta chica, siempre tan sarcástica. Algún día se le atascará el veneno en la garganta y tendré que hacerle el boca a boca ante las ―horrorosas― narices de Percy.

Calla Miles, no me desconcentres ―me ordena Gwen. Mejor me pienso lo del boca a boca,  aunque salvara a Glimmer y fastidiara a Percy (subrayar lo segundo), acabaría atravesado por una de las flechas de Gwen.

Mi nueva amiga se asomó de detrás de mi espalda con el largo pelo balanceándose a un lado de su rostro. Parecía casi tímida, y miraba continuamente a Percy.
Orgullo masculino: hundido.

¿Qué es esta fría bienvenida? ―continué como si nada―. ¿Tan mal os ha sentado que os deje solos un rato?

Miles, ¿quién es tu amiga? ―gruñó Gwen amenazadoramente, echando chispas por los ojos y mirando fijamente a Alyssa. Apretaba con tanta fuerza el bolígrafo que tenía en la mano que creí que iba a partirlo.
Orgullo masculino: flotando.


¡Gwen! ―insistió Percy, que no soporta no ser el centro de atención (cosa que por su desgracia y para mi suerte pasa continuamente)―. Explícame lo de los vectores de una vez.

Si prestaras atención en clase no te lo tendría que explicar ―se metió Glimmer sin apartar la mirada del libro.

Prestaría atención si la cabeza de Miles me dejara ver la pizarra ―lo sabía, PVC no puede estar más de diez segundos sin pensar en mí.

Orgullo gay: por las nubes.

Pues le dices que se aparte ―repuso Glimmer con obviedad.

No me hace caso.

Es que estás tan mono enfadado, cochecito… ―sonreí angelicalmente.

Miles ―Gwen estaba muy roja, señal de que se cabreaba por momentos. Me encantaba verla enfadada―, ¿quién demonios es esa chica?
Esa chica” le lanzó una mirada de aburrimiento, y caí en la cuenta de que no sabía su nombre.

Me llamo Alyssa ―respondió ella, por suerte.

Acabo de conocerla ―asentí, se escucha un crujido del bolígrafo que Gwen estrangula en la mano.

Ya veo ―sisea.
Orgullo masculino: en barco y paseando.

Alyssa, éstas son Glimmerr y Gwen ―las presenté―. Y el feo del fondo se llama Percy.

Me encanta como defines a Percy, Miles ―sonrió Glimmer.

Eres tan graciosa, en serio me parto contigo ―ironizó Percy.
Glimmer dejó de una vez el libro a un lado.

Muestra educación, tonto, que la chica ha venido a verte, se le nota a la legua ―esbozó una sonrisa sardónica y le dedicó una mirada aviesa a Alyssa. Supongo que era muy obvio que estaba por Percy.

Orgullo masculino: gracias por recordármelo.

No te ofendas, pero me caes mal ―se encogió de hombros sin darle importancia, en vez de sonrojarse como creí que haría. Alysa no tenía un rojo tan profundo como el de Gwen, si no un rosado pálido que sólo le cubría las mejillas. Se notaba que no era una persona dada a ruborizarse.

Ahora mismo, de hecho, no lo estaba. Si no miraba a Percy.
Me di cuenta que había cometido una grave falta en la educación tan estricta que la dictadura nos obligaba a seguir.
Glimmer alzó una ceja.

Tranquila, no me ofendo. Es mutuo.

Por favor Glimmer, no te pelees por mí ―rió Percy.

Sabes que cuando quiero algo lo consigo y no soy de las que pelean. Además, tú nunca opones resistencia ―observó a Alyssa por el rabillo del ojo, que no se inmuto y le devolvió una mirada insondable.
Estaba claro que lo decía para fastidiarla, pero la rubia era un hueso duro de roer.
Gwen volvió al ataque, sin embargo, y casi la pude escuchar afilar las uñas.

¿Y de qué conoces Alyssa?

Hemos pasado un buen rato entre las estanterías.
¿Qué? ¡Es cierto!
Gwen apretó el bolígrafo.
Orgullo masculino: lalalá un barquito a Panamá.

Y bueno PVC ―me volví hacia Percy pasando de Gwen―, ¿tienes ya pareja para el baile?
Alyssa se puso nerviosa y comenzó a atusarse el pelo, mirando a Percy con ansiedad.

Orgullo masculino: ¿La la… la?

Parece que sí ―le sonrió a Gwen.
Alcé una ceja.

¿Vas a ir con Gwen? ―me sorprendí. Suponía que no iría con Glimmer este año, claro, pues las cosas estaban tensas entre ellos con el tío bueno nuevo y toda esa historia. Y Gwen no iba a ir conmigo porque el día anterior le había dicho que su perro Toko estaba ya muriéndose y me había montado un pollo.
Pero de ahí a que fueran juntos era un razonamiento que no había alcanzado.

¡Já! ―Gwen se levantó de un salto y me señaló con el dedo―. ¿Ahora estás celoso, eh? ¡Pues te fastidias porque yo voy a ir con PVC… digo, con Percy!
Me mordí el labio para no reírme. Esta chica…
Me fijé en que Alyssa hundía imperceptiblemente los hombros. Decepcionada, sin duda.
Así que se me ocurrió utilizar mi ingenio para hacer dos cosas: animar a Alyssa y enfadar a Gwen. Dos cosas que me apetecían en ese momento.

Cálmate, Gwen. Por mucha ilusión que me hiciera ir con Percy no tengo intención de arrebatártelo.
Y funcionó. Alyssa escondió una sonrisa y a Gwen se le deformó el rostro de rabia (tiene mucho temperamento).

Serás… ―me lanzó un estuche que esquivé por poco. Alyssa la miró con cierta perplejidad.

Haya paz, me empezáis a dar dolor de cabeza ―se quejó Glimmer―. Creo que iré a buscar un libro.
Se puso en pie y Percy la imitó para sorpresa de todos.

Voy contigo ―miró a Alyssa y casi pude oír como el diminuto corazón de la chica se aceleraba―. ¿Tú eres de la Clase Alta? No me suenas mucho. -Sólo Percy podía cometer tamaña falta de respeto.
Alyssa se puso roja y comenzó a balbucear.

Sí… esto… no. No. Digo, soy de la Clase Media. Sí, eso.

Orgullo masculino: sin comentarios…

¿Y vas a nuestro curso? ―Gwen entrecerró los ojos con sospecha.

Estoy en cuarto.

Con lo pequeña que eres no se nota ―bisbisó Gwen con una mala leche que sólo utiliza conmigo y cuando está muy cabreada.

Suelen decírmelo ―replicó Alyssa sin manías.

Clase Media ―masculló Percy―. Espérame Glimmer.

Tal vez no entendáis la importancia de las clases en el mundo en el que nosotros vivíamos. La dictadura era fuerte, dominante, y nos controlaban a todos. La falsa educación y las posturas sociales eran importantes. Sin nacías en una clase era difícil que cambiaras a otra. Estaba la Clase Alta, que eran la cumbre de la sociedad, los ricos, los poderosos. Los únicos que verdaderamente podían llegar a ser algo. Nosotros. Estaba la Clase Media, que podía aspirar a ciertas cosas, pero nunca, jamás, a lo mismo que alguien de Clase Alta. Y luego la Clase Baja, que eran directamente escoria. Sólo venían al internado para que los grandes los pisoteáramos. Y si nacías en una Clase Alta, no era tan horrible como parecía. Percy era muy prejuicioso con este tema, y consideraba que las Clases debían de tenerse muy en cuenta. A Glimmer le daba igual todo mientras ella saliera beneficiada, y así lo hacía. Gwen no lo veía justo, pero tenía cosas más importantes en que pensar.

¿Y yo? ¿Qué pensaba? En ese momento, daba igual lo que pensara. Porque hasta que de verdad surgiera alguien dispuesto a luchar por la justicia, la verdad, la igualdad, y todas esas palabras bonitas, no llegaríamos a nada.
Y yo no era esa persona. Por mucho que en ocasiones lo deseara.

Date prisa, que no tengo todo el día ―musitó Glimmer. Se volvió hacia Alyssa y sonrió más animada―. Un placer, Clase Media. -A veces Glimmer era innecesariamente cruel.

Un placer, patosa del hielo ―contuve una carcajada al ver el rostro de Glimmer contraerse. Percy me había contado lo que había pasado, y no sabía cómo se había enterado Alyssa, pero era una buena contestación. Se giró hacia mí―. Vámonos, tengo que hablar contigo un momento.

Voy con vosotros ―se apresuró a decir Gwen.

No. Es algo privado ―¿Alyssa era suicida? ¿O no conocía el peligro? Porque la mirada de Gwen al dejarse caer de nuevo en la silla era una promesa de que lo conocería bien.

Ahora volvemos, Gwen ―trató de tranquilizarla Glimmer (cosa inútil)―. Por cierto Miles, yo que tú evitaría el dormitorio una temporada.

Quise contestar, pero Alyssa me cogió del brazo y tiró de mí hasta salir de la biblioteca. Habíamos dado unos cuantos pasos cuando la obligué a detenerse.



Espera rubita, ¿adónde vamos? ¿Y de qué quieres hablar?

Alyssa me miró con fastidio.

A huir de tu novia. Un poco más ahí dentro y me despelleja viva.- Sonreí.

Es que es muy celosa ―no me molesté en aclararle que no era mi novia.

No deberías decir eso; se enfadará más si se entera que vas por ahí afirmando que es tu novia.

¿Y tú cómo sabes…?- Sonrió.

No va a ir contigo al baile, intenta no demostrar sus celos (con muy poco acierto), y tú la tratas como una amiga. Está claro de que no salís… aunque os gustaría.- Solté una risita entre dientes.

¿Nos gustaría?

La miras como si fuera especial.-. Me obligué a esbozar una sonrisa ladina.

 ―Yo miro a todo el mundo como si fuera especial ―le guiñé un ojo. 

Algún día se te caerá la máscara, ¿sabes? Y para cuando llegue ese día, a lo mejor ya la has perdido. Apoyé un hombro en la pared.

 ―Oye, a mí me encanta todo esto de los psicoanálisis, la psicología y el mundo interior. ¿Pero no crees que deberías esperar a conocerme mejor para juzgarme, rubita? ―sonreí―. Si quieres te enseño el cuarto de baños de chicos del segundo piso, al que no va nadie, y empezamos a conocernos en profundidad. 

Bonito discurso ―se echó el pelo hacia atrás y apoyó el hombro en la pared, exactamente igual que yo

Eres buen actor. ¿Te lo tenías preparado? 

Ensayo todas las noches ante el espejo ―alcé una ceja.


De verdad que me encantaría seguir oyendo tus mentiras, pero tengo algo de prisa ―se separó de la pared y me miró con los ojos brillantes―. Supongo que no pensarás que nuestro trato termina aquí.
―Por supuesto que no ―me hice el ofendido―. Todavía tienes que presentarme a Claire.

Ya, ya ―le quitó importancia con un gesto―. Me refiero a que he decido que vas ayudarme a hacerme amiga de Percy.

Has decidido ―solté con sorna.

Sí.

¿Y yo no tengo nada que decir?

No.
Me reí entre dientes.

Percy está colado por Glimmer, ¿sabes? ―le informé atento a su reacción.
El problema es que no hubo.

¿Y qué te hace pensar que eso me importa?

Es bastante obvio que lo que quieres es ligártelo.

Sigo sin ver el problema.

La miré atónito. Por primera vez en mi maravillosa, fantasiosa e increíble vida, me sentí desconcertado ante una chica. No estaba muy seguro de si la corta de entenderas era ella o yo.
Aunque por su mirada sospechaba que yo.
Me armé de paciencia.

Si a Percy le gusta Glimmer, no le gustas tú, por lo tanto no saldrá contigo ―vocalicé muy despacio, en son de burla.
Puso los ojos en blanco.

Claro que no le gusto a Percy ahora ―sonrió cómo un gato a punto de atrapar a un ratón―. Por eso tengo que conocerlo, alcornoque.

¿Me has llamado alcornoque?

Sí.

Es un insulto original ―admití.

¿Y bien? ―se impacientó.

¿Y bien qué? ―repuse para hacerla rabiar.
Cosa que no conseguí. Esta chica no me desconcertaba, me asustaba. ¿No sentía nada si no estaba cerca de Percy?

Si me ayudarás a acercarme a Percy.

Sólo si me ayudas a acercarme a Claire.

Hecho.

Extendió la mano para sellar el pacto, pero yo la agarré y, en vez de sacudirla, tiré de ella hacia a mí; aproximando a Alyssa a mi pecho.

No deberías fijarte en chicos como Percy, rubita. Te harán sufrir ―esbocé una sonrisa de lado.

El día que conozca un tío que me haga sufrir, por favor, ponle una medalla.

¿Tan dura eres?

Ni te lo imaginas.

Se soltó de mi agarre con suavidad, pero no se alejó y alzó la cabeza para mirarme a los ojos.

Percy es el tío de la medalla, ¿sabes?

Entonces empieza a encargarla, ¿no?

¿Por qué te gusta? ―pregunté, ávido de hacerme con sus secretos. La información te da poder. Por eso siempre me aseguro de tener información de todos los que rodean, pero que nadie sepa mucho sobre mí. Así soy yo el que tiene el poder―. No es ningún príncipe azul.

No busco un príncipe azul.

¿Y qué buscas?

Sonrió lentamente, aparentemente divertida por mi curiosidad.

Vivimos en una dictadura ―me contuve para no abrir la boca de la sorpresa y mantuve una expresión imparcial. No pude evitar mirar a los lados por el rabillo del ojo, por si había alguien escuchando. Hablar así de la manera en la que vivíamos era… un suicidio―. Aquí todos nos ocultamos tras una máscara; no dejamos entrever mucho de cómo somos, porque eso puede ser nuestro fin.

Sus ojos se perdieron un momento por encima de mi hombro, pensativos, antes de volver a mi rostro.

¿Y sabes? Percy no es así. Puede que sea un capullo, tenga prejuicios con las casas, no sepa ni que existe, esté loco por Glimmer, sea un borde y un imbécil. Pero no es así. Su máscara es mucho, muchísimo más fina que las demás. Por eso me gusta.
Sonreí abiertamente.

Estás loca.

Dicen que la locura es el primer paso a la genialidad.

Se alejó de mí unos pasos y me miró desde su altura, alzando la cabeza.

Por eso nunca caeré en tus redes, te lo advierto de antemano.

¿Por qué soy un genio? ―bromeé.

Porque tu máscara es tan gruesa que ya ni siquiera tú puedes distinguir dónde empieza la mentira y dónde está la verdad.
Me obligué a reírme

En serio, me encantan tus psicoanálisis, me troncho.

Ella me miró un momento antes de darse la vuelta.

Sabes que tengo razón ―dijo―. No puede gustarme alguien que en el fondo no existe.
Sus pasos se perdieron por el pasillo.


Esta entrada, al igual que Cazando besos (Miles): http://glimmerblack.blogspot.com/2011/12/cazando-
besos-miles.html y Navidad de Gwen: http://glimmerblack.blogspot.com/2011/12/navidad-de-gwen.html pertenecen a Au (http://notalittlebird.blogspot.com/)