Tras
media hora en la biblioteca incordiando a Gwen, me separé de ella
con un suspiro de frustración. Estaba claro que seguía cabreada por
la pelea de ayer y no pensaba dejar que me acercara. Habría que
esperar hasta que se le pasara.
―Voy
a dar una vuelta ―murmuré levantándome. Ninguno de los dos se
extrañó; perderme en la biblioteca es algo así cómo darme unos
minutos de tranquilidad. Estaban acostumbrados a ello.
Las
estanterías repletas de libros me recibieron con los brazos
abiertos, e inhalé el aroma a papel con avaricia. Me apoyé contra
la pared y cerré los ojos, dejando que la tranquilidad me
envolviera.
―Disculpa
―dijo una voz femenina a mi lado―. ¿Me dejas poner el libro en
su sitio antes de que te eches una siesta?
Abrí
los ojos de golpe y miré a la chica que tenía en frente. Lo primero
que vi fue una cabellera rubia oscura que le caía hasta la cintura
en desordenados rizos, después me fije en lo pequeña que era esa
persona, no llegaría al metro cincuenta. Sólo la clara madurez del
redondeando rostro de la chica demostraba que no era una niña,
porque su ropa tampoco revelaba muchas curvas. Aún así, a pesar de
su diminuta estatura y su pelo salvaje, los enormes ojos dorados y la
boca pequeña le conferían una belleza aristocrática.
Esbocé
una lenta sonrisa.
―Por
supuesto… si a cambio me dices tu nombre. Ella me miró
impertérrita, sin estar aparentemente sorprendida, divertida,
halagada o enfadada.
―Ése
es un truco de ligar muy poco original ―hizo notar. Solté una
risita.
―Eres
difícil de conformar; cualquiera se alegraría con que simplemente
le prestaran atención.- Ella hizo una mueca de aburrimiento.
―¿Te
piensas apartar?
―No
―alcé una ceja y me preparé para su réplica.
Su
reacción me sorprendió, sin embargo. Miró hacia todos lados,
como asegurándose de qué no hubiera nadie escuchando, dejó el
libro en cualquier estante y se inclinó hacia mí.
―Tú
eres amigo de Percy, ¿no?.-Estaba ligeramente sonrojada. Y cuando lo
entendí todo, me quedé a cuadros. A esa chica no le gustaba yo…
le gustaba Percy.
Y
eso era un duro golpe para mi orgullo.
―Lo
conozco, sí ―dije con indiferencia.
―Preséntamelo.-Parecía
casi desesperada, y me fastidió bastante que aquel PVC ligara más
que yo. ¡Qué yo!
―¿Por
qué? ―me resistí. Ella se puso tensa al instante.
―Eso
no es asunto tuyo.
Mis
ojos se entrecerraron y mi sonrisa se ensanchó. Aquella niña no
sabía con quién estaba tratando.
―Tú
lo has dicho; no es asunto mío. Así que ni te voy a presentar a
Percy ni te voy a recomendar usar sujetador con relleno. Porque, al
fin y al cabo, no es asunto mío. - No sé enfadó ni se indignó
ni se puso a llorar. Me miró fijamente, como calibrándome, y acabó
refunfuñando:
―Si
me presentas a Percy, te ayudaré a conocer a Claire.
¿Bromeaba?
Claire era una tía buena por excelencia. Morena, largo pelo negro y
sedoso, ojos asiáticos, labios carnosos, y curvas a desear. El tipo
de chica a la que llevarte a la cama una noche y pasarlo cómo nunca.
Sólo había un problema; acercarse a Claire no era difícil. Era
imposible.
¿Por
qué? Desgraciadamente, la tía era Creyente. Y creyente, creyente.
Iba por ahí cubierta de pies a cabeza, con una estrella colgando del
cuello, y alejando a cualquier chico de sí. Hasta creo que pensaba
meterse a protectora (organización de mujeres que se alejan voluntariamente de la sociedad).
―¿Es
tu amiga? ―recelé. Nunca la había visto con ella, y todos los
tíos le prestábamos atención a Claire, a fin de cuentas. Pero con
lo pequeña que era, fácilmente podía haber pasado desapercibida.
―La
conozco ―respondió sin especificar.
Cogí
aire.
―¿Y
qué te hace pensar qué eso me interesa?- Se acercó un paso y
colocó la mano al lado de mi hombro, inclinándose sobre mí. En una
extraña parodia de un acorralamiento, si no hubiera sido tan
diminuta.
―¿No
es lo qué os interesa a todos? Pasar una noche de pasión con
Claire, la chica intocable, y después restregárselo a lo
demás…-Solté una carcajada.
―Esa
permanecerá virgen hasta que se muera en un convento rodeada de
monjas, está convencida de ello. No la vas a engatusar.- Fue la
primera vez que la vi sonreír. Y fue una sonrisa lenta, tirante,
astuta, peligrosa.
―Soy
muy persuasiva ―afirmó.
―Si
me presentas a Percy ―masculló mirándome fijamente a los ojos. No
había nada coqueto o sensual en su expresión; no intentaba
engatusarme de esa manera― te juro que conocerás a Claire
Stevenson. Si ya la consigues o no… es cosa tuya.
Me soltó
bruscamente y retrocedió unos pasos.
―Es
tu única oportunidad, ¿sabes? ―se colocó las manos en la espalda
y puso una cara inocente―. Si no me ayudas, digamos que tendrás
ciertos problemas para conocer a Claire… o a cualquier otra chica
del colegio ―esbozó una sonrisa perversa―. Les contaré lo mal
que besas.
―No
sabes si beso mal ―repliqué.
―¿Importa?
―Supongo
que no.- Me empezaba a caer bien esa chica. Sabía cómo
contestar y llevarte a su terreno. Era lista.
―Vamos
―eché a andar por el pasillo.
―¿Adónde?
―desconfió.
―A
conocer a Percy, por supuesto. -Por el rabillo del ojo vi que se
ponía de distintos colores simultáneamente.
―¿Qué?
¿Ya? ―tartamudeó―. No tiene que ser ahora, un poco más de
tiempo… Quiero decir, ahora es precipitado, ¿no? En la biblioteca
y eso queda un poco raro… ¿Y si se cree que soy un ratón de
biblioteca? No es que parezca un ratón aunque sea bajita, pero me
gusta estar entre libros. Y a él no. Seguro que le caigo mal si nos
conocemos aquí… Sí, es mejor que…Vaya. Parecía que con PVC
perdía los estribos.
…
Será imbécil. Ligando más que yo.
Inaudito.
Me encogí de hombros.
―Es
tu única oportunidad. -Me adelantó con rapidez a pesar de sus
cortas piernas.
―No
vayas tan lento ―había recuperado su tono cortante.
Puse
los ojos en blanco. ¿No me podía rodear de chicas normales? La más
normal era Glimmer, y eso que ella era rara. No, espera, le gusta.
Cuando
llegamos a su mesa me encuentro que Glimmer se ha unido a ellos, y
lee un libro muy concentrada, sentada al lado de Percy. Éste está
atendiendo a una explicación de Gwen, que se inclina hacia él por
encima de la mesa, exasperaba porque no lo entienda.
Sonrío
ampliamente mientras el ligue de PVC ―no os preocupéis, se la
devolveré―, se coloca detrás de mí rápidamente al divisar a “su
amor”
―Hey,
ya he vuelto ―saludo―. ¿Me habéis echado mucho de menos?
―Una
barbaridad ―resopla Glimmer, irónica. Esta chica, siempre tan
sarcástica. Algún día se le atascará el veneno en la garganta y
tendré que hacerle el boca a boca ante las ―horrorosas― narices
de Percy.
―Calla
Miles, no me desconcentres ―me ordena Gwen. Mejor me pienso lo del
boca a boca, aunque salvara a Glimmer y fastidiara a Percy
(subrayar lo segundo), acabaría atravesado por una de las flechas de
Gwen.
Mi
nueva amiga se asomó de detrás de mi espalda con el largo pelo
balanceándose a un lado de su rostro. Parecía casi tímida, y
miraba continuamente a Percy.
Orgullo masculino: hundido.
―¿Qué
es esta fría bienvenida? ―continué como si nada―. ¿Tan mal os
ha sentado que os deje solos un rato?
―Miles,
¿quién es tu amiga? ―gruñó Gwen amenazadoramente, echando
chispas por los ojos y mirando fijamente a Alyssa. Apretaba con tanta
fuerza el bolígrafo que tenía en la mano que creí que iba a
partirlo.
Orgullo
masculino: flotando.
―¡Gwen!
―insistió Percy, que no soporta no ser el centro de atención
(cosa que por su desgracia y para mi suerte pasa continuamente)―.
Explícame lo de los vectores de una vez.
―Si
prestaras atención en clase no te lo tendría que explicar ―se
metió Glimmer sin apartar la mirada del libro.
―Prestaría
atención si la cabeza de Miles me dejara ver la pizarra ―lo sabía,
PVC no puede estar más de diez segundos sin pensar en mí.
Orgullo
gay: por las nubes.
―Pues
le dices que se aparte ―repuso Glimmer con obviedad.
―No
me hace caso.
―Es
que estás tan mono enfadado, cochecito… ―sonreí angelicalmente.
―Miles
―Gwen estaba muy roja, señal de que se cabreaba por momentos. Me
encantaba verla enfadada―, ¿quién demonios es esa chica?
“Esa
chica” le lanzó una mirada de aburrimiento, y caí en la cuenta de
que no sabía su nombre.
―Me
llamo Alyssa ―respondió ella, por suerte.
―Acabo
de conocerla ―asentí, se escucha un crujido del bolígrafo que
Gwen estrangula en la mano.
―Ya
veo ―sisea.
Orgullo
masculino: en barco y paseando.
―Alyssa,
éstas son Glimmerr y Gwen ―las presenté―. Y el feo del fondo se
llama Percy.
―Me
encanta como defines a Percy, Miles ―sonrió Glimmer.
―Eres
tan graciosa, en serio me parto contigo ―ironizó Percy.
Glimmer
dejó de una vez el libro a un lado.
―Muestra
educación, tonto, que la chica ha venido a verte, se le nota a la
legua ―esbozó una sonrisa sardónica y le dedicó una mirada
aviesa a Alyssa. Supongo que era muy obvio que estaba por Percy.
Orgullo
masculino: gracias por recordármelo.
―No
te ofendas, pero me caes mal ―se encogió de hombros sin darle
importancia, en vez de sonrojarse como creí que haría. Alysa no
tenía un rojo tan profundo como el de Gwen, si no un rosado pálido
que sólo le cubría las mejillas. Se notaba que no era una persona
dada a ruborizarse.
Ahora
mismo, de hecho, no lo estaba. Si no miraba a Percy.
Me di cuenta
que había cometido una grave falta en la educación tan estricta que
la dictadura nos obligaba a seguir.
Glimmer alzó una ceja.
―Tranquila,
no me ofendo. Es mutuo.
―Por
favor Glimmer, no te pelees por mí ―rió Percy.
―Sabes
que cuando quiero algo lo consigo y no soy de las que pelean. Además,
tú nunca opones resistencia ―observó a Alyssa por el rabillo del
ojo, que no se inmuto y le devolvió una mirada insondable.
Estaba
claro que lo decía para fastidiarla, pero la rubia era un hueso duro
de roer.
Gwen volvió al ataque, sin embargo, y casi la pude
escuchar afilar las uñas.
―¿Y
de qué conoces Alyssa?
―Hemos
pasado un buen rato entre las estanterías.
¿Qué?
¡Es cierto!
Gwen apretó el bolígrafo.
Orgullo
masculino: lalalá un barquito a Panamá.
―Y
bueno PVC ―me volví hacia Percy pasando de Gwen―, ¿tienes ya
pareja para el baile?
Alyssa se puso nerviosa y comenzó a
atusarse el pelo, mirando a Percy con ansiedad.
Orgullo
masculino: ¿La la… la?
―Parece
que sí ―le sonrió a Gwen.
Alcé una ceja.
―¿Vas
a ir con Gwen? ―me sorprendí. Suponía que no iría con Glimmer
este año, claro, pues las cosas estaban tensas entre ellos con el
tío bueno nuevo y toda esa historia. Y Gwen no iba a ir conmigo
porque el día anterior le había dicho que su perro Toko estaba ya
muriéndose y me había montado un pollo.
Pero
de ahí a que fueran juntos era un razonamiento que no había
alcanzado.
―¡Já!
―Gwen se levantó de un salto y me señaló con el dedo―. ¿Ahora
estás celoso, eh? ¡Pues te fastidias porque yo voy a ir con PVC…
digo, con Percy!
Me
mordí el labio para no reírme. Esta chica…
Me fijé en que
Alyssa hundía imperceptiblemente los hombros. Decepcionada, sin
duda.
Así que se me ocurrió utilizar mi ingenio para hacer dos
cosas: animar a Alyssa y enfadar a Gwen. Dos cosas que me apetecían
en ese momento.
―Cálmate,
Gwen. Por mucha ilusión que me hiciera ir con Percy no tengo
intención de arrebatártelo.
Y funcionó. Alyssa escondió una
sonrisa y a Gwen se le deformó el rostro de rabia (tiene mucho
temperamento).
―Serás…
―me lanzó un estuche que esquivé por poco. Alyssa la miró con
cierta perplejidad.
―Haya
paz, me empezáis a dar dolor de cabeza ―se quejó Glimmer―. Creo
que iré a buscar un libro.
Se puso en pie y Percy la imitó para
sorpresa de todos.
―Voy
contigo ―miró a Alyssa y casi pude oír como el diminuto corazón
de la chica se aceleraba―. ¿Tú eres de la Clase Alta? No me
suenas mucho. -Sólo Percy podía cometer tamaña falta de
respeto.
Alyssa se puso roja y comenzó a balbucear.
―Sí…
esto… no. No. Digo, soy de la Clase Media. Sí, eso.
Orgullo
masculino: sin comentarios…
―¿Y
vas a nuestro curso? ―Gwen entrecerró los ojos con sospecha.
―Estoy
en cuarto.
―Con
lo pequeña que eres no se nota ―bisbisó Gwen con una mala leche
que sólo utiliza conmigo y cuando está muy cabreada.
―Suelen
decírmelo ―replicó Alyssa sin manías.
―Clase
Media ―masculló Percy―. Espérame Glimmer.
Tal
vez no entendáis la importancia de las clases en el mundo en el que
nosotros vivíamos. La dictadura era fuerte, dominante, y nos
controlaban a todos. La falsa educación y las posturas sociales eran
importantes. Sin nacías en una clase era difícil que cambiaras a
otra. Estaba la Clase Alta, que eran la cumbre de la sociedad,
los ricos, los poderosos. Los únicos que verdaderamente podían
llegar a ser algo. Nosotros. Estaba la Clase Media, que podía
aspirar a ciertas cosas, pero nunca, jamás, a lo mismo que alguien
de Clase Alta. Y luego la Clase Baja, que eran directamente
escoria. Sólo venían al internado para que los grandes los
pisoteáramos. Y si nacías en una Clase Alta, no era tan
horrible como parecía. Percy era muy prejuicioso con este tema, y
consideraba que las Clases debían de tenerse muy en cuenta. A
Glimmer le daba igual todo mientras ella saliera beneficiada, y así
lo hacía. Gwen no lo veía justo, pero tenía cosas más importantes
en que pensar.
¿Y
yo? ¿Qué pensaba? En ese momento, daba igual lo que pensara. Porque
hasta que de verdad surgiera alguien dispuesto a luchar por la
justicia, la verdad, la igualdad, y todas esas palabras bonitas, no
llegaríamos a nada.
Y yo no era esa persona. Por mucho que en
ocasiones lo deseara.
―Date
prisa, que no tengo todo el día ―musitó Glimmer. Se volvió hacia
Alyssa y sonrió más animada―. Un placer, Clase Media. -A veces
Glimmer era innecesariamente cruel.
―Un
placer, patosa del hielo ―contuve una carcajada al ver el rostro de
Glimmer contraerse. Percy me había contado lo que había pasado, y
no sabía cómo se había enterado Alyssa, pero era una buena
contestación. Se giró hacia mí―. Vámonos, tengo que hablar
contigo un momento.
―Voy
con vosotros ―se apresuró a decir Gwen.
―No.
Es algo privado ―¿Alyssa era suicida? ¿O no conocía el peligro?
Porque la mirada de Gwen al dejarse caer de nuevo en la silla era una
promesa de que lo conocería bien.
―Ahora
volvemos, Gwen ―trató de tranquilizarla Glimmer (cosa inútil)―.
Por cierto Miles, yo que tú evitaría el dormitorio una temporada.
Quise
contestar, pero Alyssa me cogió del brazo y tiró de mí hasta salir
de la biblioteca. Habíamos dado unos cuantos pasos cuando la obligué
a detenerse.
―Espera
rubita, ¿adónde vamos? ¿Y de qué quieres hablar?
Alyssa
me miró con fastidio.
―A
huir de tu novia. Un poco más ahí dentro y me despelleja
viva.- Sonreí.
―Es
que es muy celosa ―no me molesté en aclararle que no era mi novia.
―No
deberías decir eso; se enfadará más si se entera que vas por ahí
afirmando que es tu novia.
―¿Y
tú cómo sabes…?- Sonrió.
―No
va a ir contigo al baile, intenta no demostrar sus celos (con muy
poco acierto), y tú la tratas como una amiga. Está claro de que no
salís… aunque os gustaría.- Solté una risita entre dientes.
―¿Nos
gustaría?
―La
miras como si fuera especial.-. Me obligué a esbozar una sonrisa
ladina.
―Yo
miro a todo el mundo como si fuera especial ―le guiñé un ojo.
―Algún
día se te caerá la máscara, ¿sabes? Y para cuando llegue ese día,
a lo mejor ya la has perdido. Apoyé un hombro en la pared.
―Oye,
a mí me encanta todo esto de los psicoanálisis, la psicología y el
mundo interior. ¿Pero no crees que deberías esperar a conocerme
mejor para juzgarme, rubita? ―sonreí―. Si quieres te enseño
el cuarto de baños de chicos del segundo piso, al que no va nadie, y
empezamos a conocernos en profundidad.
―Bonito
discurso ―se echó el pelo hacia atrás y apoyó el hombro en la
pared, exactamente igual que yo
― Eres
buen actor. ¿Te lo tenías preparado?
―Ensayo
todas las noches ante el espejo ―alcé una ceja.
―De
verdad que me encantaría seguir oyendo tus mentiras, pero tengo algo
de prisa ―se separó de la pared y me miró con los ojos
brillantes―. Supongo que no pensarás que nuestro trato termina
aquí.
―Por supuesto que no ―me hice el ofendido―. Todavía
tienes que presentarme a Claire.
―Ya,
ya ―le quitó importancia con un gesto―. Me refiero a que he
decido que vas ayudarme a hacerme amiga de Percy.
―Has
decidido ―solté con sorna.
―Sí.
―¿Y
yo no tengo nada que decir?
―No.
Me
reí entre dientes.
―Percy
está colado por Glimmer, ¿sabes? ―le informé atento a su
reacción.
El
problema es que no hubo.
―¿Y
qué te hace pensar que eso me importa?
―Es
bastante obvio que lo que quieres es ligártelo.
―Sigo
sin ver el problema.
La
miré atónito. Por primera vez en mi maravillosa, fantasiosa e
increíble vida, me sentí desconcertado ante una chica. No estaba
muy seguro de si la corta de entenderas era ella o yo.
Aunque por
su mirada sospechaba que yo.
Me armé de paciencia.
―Si
a Percy le gusta Glimmer, no le gustas tú, por lo tanto no saldrá
contigo ―vocalicé muy despacio, en son de burla.
Puso los ojos
en blanco.
―Claro
que no le gusto a Percy ahora ―sonrió cómo un gato a punto de
atrapar a un ratón―. Por eso tengo que conocerlo, alcornoque.
―¿Me
has llamado alcornoque?
―Sí.
―Es
un insulto original ―admití.
―¿Y
bien? ―se impacientó.
―¿Y
bien qué? ―repuse para hacerla rabiar.
Cosa
que no conseguí. Esta chica no me desconcertaba, me asustaba. ¿No
sentía nada si no estaba cerca de Percy?
―Si
me ayudarás a acercarme a Percy.
―Sólo
si me ayudas a acercarme a Claire.
―Hecho.
Extendió
la mano para sellar el pacto, pero yo la agarré y, en vez de
sacudirla, tiré de ella hacia a mí; aproximando a Alyssa a mi
pecho.
―No
deberías fijarte en chicos como Percy, rubita. Te harán sufrir
―esbocé una sonrisa de lado.
―El
día que conozca un tío que me haga sufrir, por favor, ponle una
medalla.
―¿Tan
dura eres?
―Ni
te lo imaginas.
Se
soltó de mi agarre con suavidad, pero no se alejó y alzó la cabeza
para mirarme a los ojos.
―Percy
es el tío de la medalla, ¿sabes?
―Entonces
empieza a encargarla, ¿no?
―¿Por
qué te gusta? ―pregunté, ávido de hacerme con sus secretos. La
información te da poder. Por eso siempre me aseguro de tener
información de todos los que rodean, pero que nadie sepa mucho sobre
mí. Así soy yo el que tiene el poder―. No es ningún príncipe
azul.
―No
busco un príncipe azul.
―¿Y
qué buscas?
Sonrió
lentamente, aparentemente divertida por mi curiosidad.
―Vivimos
en una dictadura ―me contuve para no abrir la boca de la sorpresa y
mantuve una expresión imparcial. No pude evitar mirar a los lados
por el rabillo del ojo, por si había alguien escuchando. Hablar así
de la manera en la que vivíamos era… un suicidio―. Aquí todos
nos ocultamos tras una máscara; no dejamos entrever mucho de cómo
somos, porque eso puede ser nuestro fin.
Sus
ojos se perdieron un momento por encima de mi hombro, pensativos,
antes de volver a mi rostro.
―¿Y
sabes? Percy no es así. Puede que sea un capullo, tenga prejuicios
con las casas, no sepa ni que existe, esté loco por Glimmer, sea un
borde y un imbécil. Pero no es así. Su máscara es mucho, muchísimo
más fina que las demás. Por eso me gusta.
Sonreí
abiertamente.
―Estás
loca.
―Dicen
que la locura es el primer paso a la genialidad.
Se
alejó de mí unos pasos y me miró desde su altura, alzando la
cabeza.
―Por
eso nunca caeré en tus redes, te lo advierto de antemano.
―¿Por
qué soy un genio? ―bromeé.
―Porque
tu máscara es tan gruesa que ya ni siquiera tú puedes distinguir
dónde empieza la mentira y dónde está la verdad.
Me
obligué a reírme
―En
serio, me encantan tus psicoanálisis, me troncho.
Ella
me miró un momento antes de darse la vuelta.
―Sabes
que tengo razón ―dijo―. No puede gustarme alguien que en el
fondo no existe.
Sus pasos se perdieron por el pasillo.