jueves, 19 de enero de 2012

Pequeña y astuta (Miles)




Tras media hora en la biblioteca incordiando a Gwen, me separé de ella con un suspiro de frustración. Estaba claro que seguía cabreada por la pelea de ayer y no pensaba dejar que me acercara. Habría que esperar hasta que se le pasara.

Voy a dar una vuelta ―murmuré levantándome. Ninguno de los dos se extrañó; perderme en la biblioteca es algo así cómo darme unos minutos de tranquilidad. Estaban acostumbrados a ello.

Las estanterías repletas de libros me recibieron con los brazos abiertos, e inhalé el aroma a papel con avaricia. Me apoyé contra la pared y cerré los ojos, dejando que la tranquilidad me envolviera.

Disculpa ―dijo una voz femenina a mi lado―. ¿Me dejas poner el libro en su sitio antes de que te eches una siesta?

Abrí los ojos de golpe y miré a la chica que tenía en frente. Lo primero que vi fue una cabellera rubia oscura que le caía hasta la cintura en desordenados rizos, después me fije en lo pequeña que era esa persona, no llegaría al metro cincuenta. Sólo la clara madurez del redondeando rostro de la chica demostraba que no era una niña, porque su ropa tampoco revelaba muchas curvas. Aún así, a pesar de su diminuta estatura y su pelo salvaje, los enormes ojos dorados y la boca pequeña le conferían una belleza aristocrática.
Esbocé una lenta sonrisa.

Por supuesto… si a cambio me dices tu nombre. Ella me miró impertérrita, sin estar aparentemente sorprendida, divertida, halagada o enfadada.

Ése es un truco de ligar muy poco original ―hizo notar. Solté una risita.

Eres difícil de conformar; cualquiera se alegraría con que simplemente le prestaran atención.- Ella hizo una mueca de aburrimiento.

¿Te piensas apartar?

No ―alcé una ceja y me preparé para su réplica.

Su reacción me sorprendió, sin embargo. Miró hacia todos lados, como asegurándose de qué no hubiera nadie escuchando, dejó el libro en cualquier estante y se inclinó hacia mí.

Tú eres amigo de Percy, ¿no?.-Estaba ligeramente sonrojada. Y cuando lo entendí todo, me quedé a cuadros. A esa chica no le gustaba yo… le gustaba Percy.
Y eso era un duro golpe para mi orgullo.

Lo conozco, sí ―dije con indiferencia.

Preséntamelo.-Parecía casi desesperada, y me fastidió bastante que aquel PVC ligara más que yo. ¡Qué yo!

¿Por qué? ―me resistí. Ella se puso tensa al instante.

Eso no es asunto tuyo.

Mis ojos se entrecerraron y mi sonrisa se ensanchó. Aquella niña no sabía con quién estaba tratando.

Tú lo has dicho; no es asunto mío. Así que ni te voy a presentar a Percy ni te voy a recomendar usar sujetador con relleno. Porque, al fin y al cabo, no es asunto mío. - No sé enfadó ni se indignó ni se puso a llorar. Me miró fijamente, como calibrándome, y acabó refunfuñando:

Si me presentas a Percy, te ayudaré a conocer a Claire.

¿Bromeaba? Claire era una tía buena por excelencia. Morena, largo pelo negro y sedoso, ojos asiáticos, labios carnosos, y curvas a desear. El tipo de chica a la que llevarte a la cama una noche y pasarlo cómo nunca. Sólo había un problema; acercarse a Claire no era difícil. Era imposible.
¿Por qué? Desgraciadamente, la tía era Creyente. Y creyente, creyente. Iba por ahí cubierta de pies a cabeza, con una estrella colgando del cuello, y alejando a cualquier chico de sí. Hasta creo que pensaba meterse a protectora (organización de mujeres que se alejan voluntariamente de la sociedad).

¿Es tu amiga? ―recelé. Nunca la había visto con ella, y todos los tíos le prestábamos atención a Claire, a fin de cuentas. Pero con lo pequeña que era, fácilmente podía haber pasado desapercibida.

La conozco ―respondió sin especificar.
Cogí aire.

¿Y qué te hace pensar qué eso me interesa?- Se acercó un paso y colocó la mano al lado de mi hombro, inclinándose sobre mí. En una extraña parodia de un acorralamiento, si no hubiera sido tan diminuta.

¿No es lo qué os interesa a todos? Pasar una noche de pasión con Claire, la chica intocable, y después restregárselo a lo demás…-Solté una carcajada.

Esa permanecerá virgen hasta que se muera en un convento rodeada de monjas, está convencida de ello. No la vas a engatusar.- Fue la primera vez que la vi sonreír. Y fue una sonrisa lenta, tirante, astuta, peligrosa.

Soy muy persuasiva ―afirmó.

Si me presentas a Percy ―masculló mirándome fijamente a los ojos. No había nada coqueto o sensual en su expresión; no intentaba engatusarme de esa manera― te juro que conocerás a Claire Stevenson. Si ya la consigues o no… es cosa tuya.
Me soltó bruscamente y retrocedió unos pasos.

Es tu única oportunidad, ¿sabes? ―se colocó las manos en la espalda y puso una cara inocente―. Si no me ayudas, digamos que tendrás ciertos problemas para conocer a Claire… o a cualquier otra chica del colegio ―esbozó una sonrisa perversa―. Les contaré lo mal que besas.

No sabes si beso mal ―repliqué.

¿Importa?

Supongo que no.- Me empezaba a caer bien esa chica. Sabía cómo contestar y llevarte a su terreno. Era lista.

Vamos ―eché a andar por el pasillo.

¿Adónde? ―desconfió.

A conocer a Percy, por supuesto. -Por el rabillo del ojo vi que se ponía de distintos colores simultáneamente.

¿Qué? ¿Ya? ―tartamudeó―. No tiene que ser ahora, un poco más de tiempo… Quiero decir, ahora es precipitado, ¿no? En la biblioteca y eso queda un poco raro… ¿Y si se cree que soy un ratón de biblioteca? No es que parezca un ratón aunque sea bajita, pero me gusta estar entre libros. Y a él no. Seguro que le caigo mal si nos conocemos aquí… Sí, es mejor que…Vaya. Parecía que con PVC perdía los estribos.

Será imbécil. Ligando más que yo. Inaudito.
Me encogí de hombros.

Es tu única oportunidad. -Me adelantó con rapidez a pesar de sus cortas piernas.

No vayas tan lento ―había recuperado su tono cortante.

Puse los ojos en blanco. ¿No me podía rodear de chicas normales? La más normal era Glimmer, y eso que ella era rara. No, espera, le gusta. 
Cuando llegamos a su mesa me encuentro que Glimmer se ha unido a ellos, y lee un libro muy concentrada, sentada al lado de Percy. Éste está atendiendo a una explicación de Gwen, que se inclina hacia él por encima de la mesa, exasperaba porque no lo entienda.

Sonrío ampliamente mientras el ligue de PVC ―no os preocupéis, se la devolveré―, se coloca detrás de mí rápidamente al divisar a “su amor”

Hey, ya he vuelto ―saludo―. ¿Me habéis echado mucho de menos?

Una barbaridad ―resopla Glimmer, irónica. Esta chica, siempre tan sarcástica. Algún día se le atascará el veneno en la garganta y tendré que hacerle el boca a boca ante las ―horrorosas― narices de Percy.

Calla Miles, no me desconcentres ―me ordena Gwen. Mejor me pienso lo del boca a boca,  aunque salvara a Glimmer y fastidiara a Percy (subrayar lo segundo), acabaría atravesado por una de las flechas de Gwen.

Mi nueva amiga se asomó de detrás de mi espalda con el largo pelo balanceándose a un lado de su rostro. Parecía casi tímida, y miraba continuamente a Percy.
Orgullo masculino: hundido.

¿Qué es esta fría bienvenida? ―continué como si nada―. ¿Tan mal os ha sentado que os deje solos un rato?

Miles, ¿quién es tu amiga? ―gruñó Gwen amenazadoramente, echando chispas por los ojos y mirando fijamente a Alyssa. Apretaba con tanta fuerza el bolígrafo que tenía en la mano que creí que iba a partirlo.
Orgullo masculino: flotando.


¡Gwen! ―insistió Percy, que no soporta no ser el centro de atención (cosa que por su desgracia y para mi suerte pasa continuamente)―. Explícame lo de los vectores de una vez.

Si prestaras atención en clase no te lo tendría que explicar ―se metió Glimmer sin apartar la mirada del libro.

Prestaría atención si la cabeza de Miles me dejara ver la pizarra ―lo sabía, PVC no puede estar más de diez segundos sin pensar en mí.

Orgullo gay: por las nubes.

Pues le dices que se aparte ―repuso Glimmer con obviedad.

No me hace caso.

Es que estás tan mono enfadado, cochecito… ―sonreí angelicalmente.

Miles ―Gwen estaba muy roja, señal de que se cabreaba por momentos. Me encantaba verla enfadada―, ¿quién demonios es esa chica?
Esa chica” le lanzó una mirada de aburrimiento, y caí en la cuenta de que no sabía su nombre.

Me llamo Alyssa ―respondió ella, por suerte.

Acabo de conocerla ―asentí, se escucha un crujido del bolígrafo que Gwen estrangula en la mano.

Ya veo ―sisea.
Orgullo masculino: en barco y paseando.

Alyssa, éstas son Glimmerr y Gwen ―las presenté―. Y el feo del fondo se llama Percy.

Me encanta como defines a Percy, Miles ―sonrió Glimmer.

Eres tan graciosa, en serio me parto contigo ―ironizó Percy.
Glimmer dejó de una vez el libro a un lado.

Muestra educación, tonto, que la chica ha venido a verte, se le nota a la legua ―esbozó una sonrisa sardónica y le dedicó una mirada aviesa a Alyssa. Supongo que era muy obvio que estaba por Percy.

Orgullo masculino: gracias por recordármelo.

No te ofendas, pero me caes mal ―se encogió de hombros sin darle importancia, en vez de sonrojarse como creí que haría. Alysa no tenía un rojo tan profundo como el de Gwen, si no un rosado pálido que sólo le cubría las mejillas. Se notaba que no era una persona dada a ruborizarse.

Ahora mismo, de hecho, no lo estaba. Si no miraba a Percy.
Me di cuenta que había cometido una grave falta en la educación tan estricta que la dictadura nos obligaba a seguir.
Glimmer alzó una ceja.

Tranquila, no me ofendo. Es mutuo.

Por favor Glimmer, no te pelees por mí ―rió Percy.

Sabes que cuando quiero algo lo consigo y no soy de las que pelean. Además, tú nunca opones resistencia ―observó a Alyssa por el rabillo del ojo, que no se inmuto y le devolvió una mirada insondable.
Estaba claro que lo decía para fastidiarla, pero la rubia era un hueso duro de roer.
Gwen volvió al ataque, sin embargo, y casi la pude escuchar afilar las uñas.

¿Y de qué conoces Alyssa?

Hemos pasado un buen rato entre las estanterías.
¿Qué? ¡Es cierto!
Gwen apretó el bolígrafo.
Orgullo masculino: lalalá un barquito a Panamá.

Y bueno PVC ―me volví hacia Percy pasando de Gwen―, ¿tienes ya pareja para el baile?
Alyssa se puso nerviosa y comenzó a atusarse el pelo, mirando a Percy con ansiedad.

Orgullo masculino: ¿La la… la?

Parece que sí ―le sonrió a Gwen.
Alcé una ceja.

¿Vas a ir con Gwen? ―me sorprendí. Suponía que no iría con Glimmer este año, claro, pues las cosas estaban tensas entre ellos con el tío bueno nuevo y toda esa historia. Y Gwen no iba a ir conmigo porque el día anterior le había dicho que su perro Toko estaba ya muriéndose y me había montado un pollo.
Pero de ahí a que fueran juntos era un razonamiento que no había alcanzado.

¡Já! ―Gwen se levantó de un salto y me señaló con el dedo―. ¿Ahora estás celoso, eh? ¡Pues te fastidias porque yo voy a ir con PVC… digo, con Percy!
Me mordí el labio para no reírme. Esta chica…
Me fijé en que Alyssa hundía imperceptiblemente los hombros. Decepcionada, sin duda.
Así que se me ocurrió utilizar mi ingenio para hacer dos cosas: animar a Alyssa y enfadar a Gwen. Dos cosas que me apetecían en ese momento.

Cálmate, Gwen. Por mucha ilusión que me hiciera ir con Percy no tengo intención de arrebatártelo.
Y funcionó. Alyssa escondió una sonrisa y a Gwen se le deformó el rostro de rabia (tiene mucho temperamento).

Serás… ―me lanzó un estuche que esquivé por poco. Alyssa la miró con cierta perplejidad.

Haya paz, me empezáis a dar dolor de cabeza ―se quejó Glimmer―. Creo que iré a buscar un libro.
Se puso en pie y Percy la imitó para sorpresa de todos.

Voy contigo ―miró a Alyssa y casi pude oír como el diminuto corazón de la chica se aceleraba―. ¿Tú eres de la Clase Alta? No me suenas mucho. -Sólo Percy podía cometer tamaña falta de respeto.
Alyssa se puso roja y comenzó a balbucear.

Sí… esto… no. No. Digo, soy de la Clase Media. Sí, eso.

Orgullo masculino: sin comentarios…

¿Y vas a nuestro curso? ―Gwen entrecerró los ojos con sospecha.

Estoy en cuarto.

Con lo pequeña que eres no se nota ―bisbisó Gwen con una mala leche que sólo utiliza conmigo y cuando está muy cabreada.

Suelen decírmelo ―replicó Alyssa sin manías.

Clase Media ―masculló Percy―. Espérame Glimmer.

Tal vez no entendáis la importancia de las clases en el mundo en el que nosotros vivíamos. La dictadura era fuerte, dominante, y nos controlaban a todos. La falsa educación y las posturas sociales eran importantes. Sin nacías en una clase era difícil que cambiaras a otra. Estaba la Clase Alta, que eran la cumbre de la sociedad, los ricos, los poderosos. Los únicos que verdaderamente podían llegar a ser algo. Nosotros. Estaba la Clase Media, que podía aspirar a ciertas cosas, pero nunca, jamás, a lo mismo que alguien de Clase Alta. Y luego la Clase Baja, que eran directamente escoria. Sólo venían al internado para que los grandes los pisoteáramos. Y si nacías en una Clase Alta, no era tan horrible como parecía. Percy era muy prejuicioso con este tema, y consideraba que las Clases debían de tenerse muy en cuenta. A Glimmer le daba igual todo mientras ella saliera beneficiada, y así lo hacía. Gwen no lo veía justo, pero tenía cosas más importantes en que pensar.

¿Y yo? ¿Qué pensaba? En ese momento, daba igual lo que pensara. Porque hasta que de verdad surgiera alguien dispuesto a luchar por la justicia, la verdad, la igualdad, y todas esas palabras bonitas, no llegaríamos a nada.
Y yo no era esa persona. Por mucho que en ocasiones lo deseara.

Date prisa, que no tengo todo el día ―musitó Glimmer. Se volvió hacia Alyssa y sonrió más animada―. Un placer, Clase Media. -A veces Glimmer era innecesariamente cruel.

Un placer, patosa del hielo ―contuve una carcajada al ver el rostro de Glimmer contraerse. Percy me había contado lo que había pasado, y no sabía cómo se había enterado Alyssa, pero era una buena contestación. Se giró hacia mí―. Vámonos, tengo que hablar contigo un momento.

Voy con vosotros ―se apresuró a decir Gwen.

No. Es algo privado ―¿Alyssa era suicida? ¿O no conocía el peligro? Porque la mirada de Gwen al dejarse caer de nuevo en la silla era una promesa de que lo conocería bien.

Ahora volvemos, Gwen ―trató de tranquilizarla Glimmer (cosa inútil)―. Por cierto Miles, yo que tú evitaría el dormitorio una temporada.

Quise contestar, pero Alyssa me cogió del brazo y tiró de mí hasta salir de la biblioteca. Habíamos dado unos cuantos pasos cuando la obligué a detenerse.



Espera rubita, ¿adónde vamos? ¿Y de qué quieres hablar?

Alyssa me miró con fastidio.

A huir de tu novia. Un poco más ahí dentro y me despelleja viva.- Sonreí.

Es que es muy celosa ―no me molesté en aclararle que no era mi novia.

No deberías decir eso; se enfadará más si se entera que vas por ahí afirmando que es tu novia.

¿Y tú cómo sabes…?- Sonrió.

No va a ir contigo al baile, intenta no demostrar sus celos (con muy poco acierto), y tú la tratas como una amiga. Está claro de que no salís… aunque os gustaría.- Solté una risita entre dientes.

¿Nos gustaría?

La miras como si fuera especial.-. Me obligué a esbozar una sonrisa ladina.

 ―Yo miro a todo el mundo como si fuera especial ―le guiñé un ojo. 

Algún día se te caerá la máscara, ¿sabes? Y para cuando llegue ese día, a lo mejor ya la has perdido. Apoyé un hombro en la pared.

 ―Oye, a mí me encanta todo esto de los psicoanálisis, la psicología y el mundo interior. ¿Pero no crees que deberías esperar a conocerme mejor para juzgarme, rubita? ―sonreí―. Si quieres te enseño el cuarto de baños de chicos del segundo piso, al que no va nadie, y empezamos a conocernos en profundidad. 

Bonito discurso ―se echó el pelo hacia atrás y apoyó el hombro en la pared, exactamente igual que yo

Eres buen actor. ¿Te lo tenías preparado? 

Ensayo todas las noches ante el espejo ―alcé una ceja.


De verdad que me encantaría seguir oyendo tus mentiras, pero tengo algo de prisa ―se separó de la pared y me miró con los ojos brillantes―. Supongo que no pensarás que nuestro trato termina aquí.
―Por supuesto que no ―me hice el ofendido―. Todavía tienes que presentarme a Claire.

Ya, ya ―le quitó importancia con un gesto―. Me refiero a que he decido que vas ayudarme a hacerme amiga de Percy.

Has decidido ―solté con sorna.

Sí.

¿Y yo no tengo nada que decir?

No.
Me reí entre dientes.

Percy está colado por Glimmer, ¿sabes? ―le informé atento a su reacción.
El problema es que no hubo.

¿Y qué te hace pensar que eso me importa?

Es bastante obvio que lo que quieres es ligártelo.

Sigo sin ver el problema.

La miré atónito. Por primera vez en mi maravillosa, fantasiosa e increíble vida, me sentí desconcertado ante una chica. No estaba muy seguro de si la corta de entenderas era ella o yo.
Aunque por su mirada sospechaba que yo.
Me armé de paciencia.

Si a Percy le gusta Glimmer, no le gustas tú, por lo tanto no saldrá contigo ―vocalicé muy despacio, en son de burla.
Puso los ojos en blanco.

Claro que no le gusto a Percy ahora ―sonrió cómo un gato a punto de atrapar a un ratón―. Por eso tengo que conocerlo, alcornoque.

¿Me has llamado alcornoque?

Sí.

Es un insulto original ―admití.

¿Y bien? ―se impacientó.

¿Y bien qué? ―repuse para hacerla rabiar.
Cosa que no conseguí. Esta chica no me desconcertaba, me asustaba. ¿No sentía nada si no estaba cerca de Percy?

Si me ayudarás a acercarme a Percy.

Sólo si me ayudas a acercarme a Claire.

Hecho.

Extendió la mano para sellar el pacto, pero yo la agarré y, en vez de sacudirla, tiré de ella hacia a mí; aproximando a Alyssa a mi pecho.

No deberías fijarte en chicos como Percy, rubita. Te harán sufrir ―esbocé una sonrisa de lado.

El día que conozca un tío que me haga sufrir, por favor, ponle una medalla.

¿Tan dura eres?

Ni te lo imaginas.

Se soltó de mi agarre con suavidad, pero no se alejó y alzó la cabeza para mirarme a los ojos.

Percy es el tío de la medalla, ¿sabes?

Entonces empieza a encargarla, ¿no?

¿Por qué te gusta? ―pregunté, ávido de hacerme con sus secretos. La información te da poder. Por eso siempre me aseguro de tener información de todos los que rodean, pero que nadie sepa mucho sobre mí. Así soy yo el que tiene el poder―. No es ningún príncipe azul.

No busco un príncipe azul.

¿Y qué buscas?

Sonrió lentamente, aparentemente divertida por mi curiosidad.

Vivimos en una dictadura ―me contuve para no abrir la boca de la sorpresa y mantuve una expresión imparcial. No pude evitar mirar a los lados por el rabillo del ojo, por si había alguien escuchando. Hablar así de la manera en la que vivíamos era… un suicidio―. Aquí todos nos ocultamos tras una máscara; no dejamos entrever mucho de cómo somos, porque eso puede ser nuestro fin.

Sus ojos se perdieron un momento por encima de mi hombro, pensativos, antes de volver a mi rostro.

¿Y sabes? Percy no es así. Puede que sea un capullo, tenga prejuicios con las casas, no sepa ni que existe, esté loco por Glimmer, sea un borde y un imbécil. Pero no es así. Su máscara es mucho, muchísimo más fina que las demás. Por eso me gusta.
Sonreí abiertamente.

Estás loca.

Dicen que la locura es el primer paso a la genialidad.

Se alejó de mí unos pasos y me miró desde su altura, alzando la cabeza.

Por eso nunca caeré en tus redes, te lo advierto de antemano.

¿Por qué soy un genio? ―bromeé.

Porque tu máscara es tan gruesa que ya ni siquiera tú puedes distinguir dónde empieza la mentira y dónde está la verdad.
Me obligué a reírme

En serio, me encantan tus psicoanálisis, me troncho.

Ella me miró un momento antes de darse la vuelta.

Sabes que tengo razón ―dijo―. No puede gustarme alguien que en el fondo no existe.
Sus pasos se perdieron por el pasillo.


Esta entrada, al igual que Cazando besos (Miles): http://glimmerblack.blogspot.com/2011/12/cazando-
besos-miles.html y Navidad de Gwen: http://glimmerblack.blogspot.com/2011/12/navidad-de-gwen.html pertenecen a Au (http://notalittlebird.blogspot.com/)

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