Si
esperáis que os diga que tuve una infancia negra llena de desgracias
ya podéis ir olvidándoos, porque no es así. Mi infancia fue
complicada dada la posición social de mis padres, altos cargos en el
ministerio y aliados de la Orden que más adelante explicaré que es,
pero ahora mismo no hace falta que lo sepáis dado que a mi tierna
edad de seis años yo misma desconocía su existencia. Bueno puede
que mi niñez fuese dura pero no creáis que tengo un trauma que me
ha marcado ni siquiera pretendo justificar las cosas que he hecho.
Siempre
he vivido en un caserón a las afueras de la Gran Metrópolis, es
antiguo y actualmente no tiene la misma aura de superioridad y
riqueza que antes de la Traición pero es mi hogar. Al principio me
daban miedo sus pasillos largos y oscuros y no me atrevía a entrar
en habitaciones cerradas, pero con el tiempo eso cambió. Creció en
mi una curiosidad por conocer mundo que nunca antes he tenido ni creo
ser capaz de sacar a flote otra vez. Nunca fui una niña predispuesta
a hacer amigos, me crié sola con un ama de llaves mayor y medio
loca. Descubrí que la soledad no sólo es un privilegio sino un
tesoro que la gente no sabe apreciar, aún ahora no entiendo porque
hay personas que temen quedarse solas. Está claro que si te tiene
que pasar algo te ocurrirá estando sola o con alguien, entonces ¿por
qué el miedo a la soledad?. Más adelante esta pregunta quedará
resuelta junto con muchas dudas , pero ahora mismo me centraré en
los hechos más importantes, como por ejemplo mi primera visita a la
casa de los Van Clay.
Como
he dicho antes no era dada a hacer amigos o entablar conversaciones
con personas de mi edad, me parecía una pérdida de tiempo. Las
únicas niñas de mi edad que conocía por ese tiempo eran mis primas
y sólo sabían discutir sobre los conjuntos de sus muñecas, a raíz
de eso saqué la conclusión precipitada y errónea de que todos los
críos son igual de aburridos y quisquillosos.
La
Mansión Van Clay era parecida a mi casa, quizás un poco más grande
pero es que habitaban más personas que en la nuestra. Eso sí,
estaba más iluminada, tenía amplios ventanales con gruesas cortinas
de terciopelo verde en los laterales, la decoración no era muy
abundante pero la poca que tenía estaba elegida para dar un aire
tétrico a la casa. Nunca me gustó ir allí, ni de pequeña ni
ahora. Sin embargo ese día iba de visita con mis padres, bueno iba
obligada por mis padres. Al salir de casa me dejaron claro lo que
debía hacer, no me dieron explicaciones ni yo las exigí sólo
asentí y fui detrás de mi madre hacia la gran puerta de madera
negra de doble hoja.
-Glimmer,
vamos a casa de unos compañeros de trabajo de tu padre y tienes que
hacerte amiga de su hijo, Percy Van Clay.- esa fue la primera vez que
oí su nombre y como es normal un millar de preguntas me
avasallaron, ¿cómo será?¿será como las primas Rosa 1 y Rosa 2
(debo decir que odio el rosa, me parece un color superfluo que no
expresa nada, bueno sí representa la ñoñez de los que lo portan).
Asentí
quedamente y seguí a mis padres al interior de esa fortaleza gótica
que tenían por casa. Una criada nos llevó hasta una habitación
bien iluminada donde se encontraban los anfitriones, faltaba su hijo
y ese detalle no hizo más que incrementar mi curiosidad. Dicen que
la curiosidad mató al gato, puede que sea verdad o no pero sí que
es peligrosa en abundancia, como casi todo.
La
señora Van Clay era una mujer astuta y de facciones serias y
aristocráticas. Alta y delgada como un junco, con el pelo largo y
negro recogido en un moño bajo. La cara sin maquillar, no lo
necesitó nunca, era bella y no tenía arrugas. Después de haberme
fijado en todo esto, no sé como me pude sorprender al ver a su hijo.
Se veía de lejos que eran madre e hijo, las mismas facciones, los
niños de pequeños siempre se parecen más a la madre que al padre,
en mi caso era así, pero él siempre se pareció a ella, lo que
durante un breve periodo de tiempo me llevó a pensar que en realidad
Percy fue fruto de una infidelidad. Dado que su padre era bajito,
rechoncho y con el pelo canoso. El señor Van Clay siempre me
infundió un patetismo extremo, temía más a su mujer que a su jefe,
al que le dedicaré un tiempo más adelante, tartamudo ante sus
superiores, pero pretendía hacerse el machote y fingir que era él
quién llevaba los pantalones delante de sus subordinados, yo sé
todo esto porque se lo escuché a mi padre un día mientras husmeaba
por la casa.
El
caso es que una de las muchas criadas que tenían me condujo hacia el
jardín trasero. Era enorme y preciso, que sea mala no quiere decir
que no me guste admirar la belleza de las cosas, claro que después
es posible que las destruya porque me es más gratificante, pero a
los seis años no iba por ahí prendiendo fuego ni matando gente.
El
jardín estaba lleno de grandes árboles que daban sombra y pequeños
parterres de unas flores exóticas que me deslumbraron desde el
principio, sus pétalos eran negros como la noche, negros como el
carbón, negros como...los ojos que me escrutaban en ese momento.
La
mujer me indicó que debía quedarme ahí, con esos críos. Eran
normales, no eran monstruos, ni tenían alguna deformación que les
impedía relacionarse, no todos los malos somos feos, gordos,
dementes... al contrario estamos muy cuerdos y solemos ser atractivos
(véase Tom Riddle de HP escrito por JK Rowlling, él era normal
hasta que el mal lo corrompió, cosa que no me trago)
Se
me quedaron mirándome quietos como si fuese un cervatillo que no
quisieran espantar con sus movimientos. Tenían mi edad, me lo había
asegurado mi padre, pero parecían inocentes, puede que lo fuesen
pero les duró poco. Eran dos chicos totalmente opuesto, el alto de
tez blanquecina y ojos azules no sabía quien era, pero el otro tenía
claro que era Percy Van Clay, una exclamación se empezó a formar
pero la ahogué cuando recordé lo que me decían mis padres “la
indiferencia suele ser una defensa que actúa de arma, oculta lo que
piensas y la gente no lo usará en tu contra”. La tercera persona
era una chica más bajita que yo con la nariz pecosa y una mueca de
disgusto que finalizó cuando su pie se proyectó directo hacia la
espinilla del anfitrión. Tenía el pelo recogido en una coleta, algo
que yo encontraba realmente incómodo porque tiraba de la piel de la
frente hacia atrás ytenía las mejillas sonrosadas de haber estado
corriendo.
-¿Quieres
jugar al pilla-pilla? Aunque no te hagas muchas ilusiones de ganar-me
dijo el chico rubio intentando romper el silencio, señaló a la
chica bajita y añadió como si me hiciese falta saberlo- hace
trampas.- hasta entonces nunca había hecho trampas, ¿para qué si
jugaba yo sola?
-¡No
es verdad! Lo que pasa es que no sabes perder.-le recriminó la chica
cada vez más roja.
-No
les hagas caso son críos,- intervino Percy dirigiéndose a mí y
poniendo los ojos en blanco,- además el mejor soy yo.- pensar que
era egocéntrico, cara dura, narcisista y clasista es quedarse corto.
Percy siempre lo llevó todo al extremo, ya sean proyectos, ideas o
peleas, si hacía algo lo hacía a lo grande.
-¡Mira
quién fue a hablar! El que se puso a llorar hace un momento porque
Gwen le pegó un empujón.- así se llama la chica bajita Gwen, me
costó una barbaridad aprendérmelo y pronunciarlo bien.
-¡Y
yo soy dos meses mayor que tú, no soy una cría!
-Cierto
Gwen esta hecha todo un machote.- Percy aparte de tener muchas
virtudes tenía el doble de defectos y uno de ellos era la falta de
sensibilidad, pero el comentario me hizo gracia y era una cría
maliciosa.
-¡Soy
una chica, alcornoque! Una chica. Pero molo mogollón – Gwen tenía
muy poca paciencia y conforme creció la fue perdiendo poco a poco,
pero era la única sincera de los cuatro y te daría una patada en la
espinilla/entrepierna si consideraba que te pasabas de listo.
-Por
el amor de.... ¡¿se puede saber que haces?! no ves que tenemos
invitados y pareces de todo menos una niña.
-¡Las
niñas podemos pegar si nos la da gana, so tonto!
-Es
verdad. ¡Apoyo a las niñas violentas de todo el mundo!- dice el
chico al que aún no le había puesto nombre, Gwen lo miró indecisa
sobre si darle lo mismo que a Percy, que se retorcía en el suelo e
dolor, o dejarlo ir en paz.
-Entonces
Gwen ¿tú eres de las que apoyan la "igualdad"?-le
pregunté alzando la voz e iniciando lo que sería una de las
conversaciones que continuaran a lo largo de este relato.
-¿Igualdad?
¿Y por qué no íbamos a ser iguales?-preguntó confusa, inocencia y
juventud que se reventaría con el paso del tiempo.
-Porque
nosotros tenemos otra cosa aquí- dijo el chico rubio señalándose
los pantalones-. Lo he comprobado. Por cierto me llamo Miles.
-¿Enserio?
eso lo quiero comprobar yo, Gwen ¡bájate las bragas!-¿quien diría
eso? Percy, ahí apreciáis su seña de identidad, con el paso de los
años se fue controlando pero las cosas que me contaba en el salón
de la Hermandad no es apto para este momento inocente.
-Deja
de decir estupideces, que tenemos invitadas y seguro que piensa que
eres tonto.- Gwen le había pegado a Percy ya tres o cuatro veces en
menos de un minuto y las cosas se empezaban a poner divertidas. Las
chicas no eran todas como Rosa 1 y Rosa 2.
-Bueno
si chicos y chicas pueden hacer lo mismo entonces, ¿no tendría el
derecho a devolverte el golpe?- pregunté
maliciosa a Gwen. La niña abrió mucho los ojos y miró a Percy, que
con un pestañeo le devolvió una mirada burlona, con toda la sorna
que un niño de seis años es capaz de reunir. Gwen cerró los puños
y alzándolos respondió desafiante:
-Atrévete
y te dejo un ojo morado.
-¿Puedo
dejárselo yo también?- Puede que Miles pareciese inocente pero era
peor que el veneno puro.
-No
podéis porque estamos en mi casa y tenemos una invitada que debe
creer que nos falta mas de un tornillo
-¡Es
que nos falta más de un tornillo!¿Quién quiere jugar al escondite?
¡La lleva Miles!- sin más echó a correr por el jardín mientras
Miles resoplaba y le gritaba.
-¡Eh,
no vale! ¡Exijo justicia! ¿Por qué siempre me la quedo yo?
-¡Porque
nunca me pillas!-escuché antes de quedarme a solas con Percy.
-A
Gwen le gusta Miles así que ve con cuidado.- me advirtió.
Con
el paso del tiempo Gwen y Miles se dejaron de tratar como críos y
se dieron cuenta que algo pasaba y estaba cambiándolo todo. Pero ni
por un segundo se os ocurra imaginar que declararon amor eterno y
fueron felices y comieron perdices, literalmente, Gwen es alérgica a
la perdiz no es por otra cosa.
-Iré
por donde quiera mientras Miles no me pille.- Somos lo peor de la
sociedad, porque nos subieron a un trono para bajarnos de golpe y
haremos cualquier cosa que nos permita sentirnos mejor o recuperar
el poder.

O.o que siniestro ¡pero mola! xDD
ResponderEliminar¬¬ mira que eres mala yo me curro el mío y tu pones que siniestra? ogh ogh ogh
ResponderEliminarOhh pero si te he dichoq ue molaaa!! siestá muy chulo (para lo bien que se te da estropear proyectos este te ha salido super cuqui) y me encanta la ''historia'' de los datos personales
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