viernes, 23 de diciembre de 2011

Bailes de niños



De todas las fiestas a las que fui en casa de Percy, que no fueron pocas, la que más me impresionó fue la de la primera navidad. Bajamos a un comedor enorme que no había visto antes, era precioso todo, aunque debo decir que con aquella edad todo me impresionaba bastante, las paredes eran grises, pero no un gris pálido y feo era un gris de tormenta, como el de los día que huele a lluvia y barro húmedo, con flores negras como las del jardín en todos los jarrones, las lámparas de araña mantenían la estancia iluminada tenuemente. Las paredes estaban desnudas, excepto por el cuadro que había encima de la chimenea en el que salía la familia Van Clay al completo.

Todos los invitados iban de negro, mas que una fiesta parecía un funeral, con el paso del tiempo me daría cuenta de el por qué del negro y la decoración gótica, pero ahora mismo no viene a cuento. De todas las mujeres que había vestidas en tono ocres, negros, grises y alguna que otra de rojo, la que más me impresionó fue la madre de Percy, parecía la reina de la oscuridad, la princesa del mal, un ángel caído, no encontraba palabras para describirla, llevaba un vestido ceñido a la cintura negro, después caía en cascada asta los tobillos con pequeños cristales rojos adheridos, las únicas joyas que llevaba era una cinta negra al cuello con un diamante y el anillo de casada. Las demás mujeres se abrían para que pasase, los hombre se la quedaban mirando, amedrentados, se dirigió con paso firme hacia su marido que le pasó una mano por la cintura y la condujo al centro de la habitación. 

Cuando el silencio hizo acto de presencia en la habitación, los Van Clay hablaron;

-Os damos la bienvenida, estamos felices de que halláis venido a nuestra pequeña fiesta. Como ya sabéis, los menores y los adultos estarán en habitaciones diferentes. Esperamos que disfrutéis de la velada. Feliz encuentro.- dicho esto todo el mundo se disipó y dos puertas se abireron, cada una enfrente de la otra. ¿Qué debía hacer? estaba perdida en un mar de perfumes y vestidos, de normas de etiqueta y personas desconocidas. Una mano cálida se aferró a la mía y me llevó hacia una de las puertas, Miles me oprimió la palma de la mano para darme ánimos y fuerzas. 

-Todos hemos sido nuevos alguna vez.- me dijo en medio de todo el jaleo. 


-No me gusta la sensación, me hace pequeña...


-Glimmer... el caso es que, haber como te lo digo... eres pequeña- dijo con el soniquete de falso arrepentimiento. Me paré de sopetón y lo miré como si hubiese descubierto el dorado. ¡Claro que era pequeña! por todos los cielos tenía diez u once años a lo sumo. 


-¿En serio? ¿me lo dices o me lo cuentas?- le dije cuando me dio un tirón del brazo para no quedarnos atrás.- Mejor no contestes o lo echarás todo a perder.- le dije sin darle oportunidad de hablar.- por cierto, ¿dónde están Gwen y Percy?.


-Seguramente habrán entrado en el salón secundario, que es donde deberíamos estar, así que deja de preguntarme cosas y mueve esas piernas.- dijo volviendo a tirar de mí, con fuerza suficiente para moverme.

-Serás bruto, me has hecho daño- dije indignada, tenía un buen motivo para mentirerle. Bueno mentir está mal, así que niños no lo hagáis en vuestras casas. Mi pequeña mentira tenía por fin comprobar si a Miles le gustaba de verdad Gwen,- ¿te tienes que poner tan... tan... insoportable cuando no estás con Gwen o cerca de ella?- le pinché mientras hacía un puchero.

-¿Qué has dicho?.-preguntó parándose de repente.

-¿Te has quedado sordo o qué?- me había escuchado perfectamente, prácticamente se lo había gritado al oído.

-Escucho perfectamente, de momento a Gwen no le ha dado por pegarme en los oídos. Por lo demás, suelo ser un chico de lo más encador.-egocéntrico, en serio me sacaba de mis casillas cuando se ponía en un pedestal y se echaba flores.- ¿La segunda parte de tu pregunta iba con segundas, Glimmer?

-¿Con segundas? Que cosas dices, que cosas dices, te lo he preguntado porque me has hecho daño en el brazo, ¡¿como has podido pensar eso?! Yo no pretendía insinuar nada- como me había calado, pero no pensaba darme por vencida hasta que no me dijese lo que quería saber- Era una pregunta de lo más inocente.

-Tiene de inocente lo mismo que tú y que yo.- dijo riéndose de lado, la verdad es que Miles no era feo ( en serio cerebro cómo piensas eso) con su sonrisa de lado, su flequillo y esos ojos de los que era imposible huir (vale, me estoy luciendo, en serio pienso eso, puaj). Miles era feo, feo, feo y egocéntrico, insoportable... El caso es que como es Navidad y estamos de fiesta, responderé a tu verdadera pregunta si tú respondes a la mía.- tocada y hundida, ¿ahora qué?, bueno dije que no me echaría atrás y no lo hice.

-Está bien.-cogí aire y se lo pregunté de sopetón- ¿a ti te gusta Gwen?.- ya está lo he dicho y él se está riendo, bueno no sé lo que está haciendo porque se lo he preguntado al...

-No creo que al suelo le guste, aunque quien sabe, no somos muy buenos amigos, a lo mejor las paredes te lo cuentan.- sí se estaba riéndo, pero no de la pregunta si no de mí. Se estaba riendo de mí y pensaba borrarle la sonrisa de la cara.

-Respóndeme.- le dije fulminándolo con la mirada. ¡¿como se me ha podido pasar por la cabeza que fuera, en fin, guapo y todo eso?!-Seguramente habrán entrado en el salón secundario, que es donde deberíamos estar, así que deja de preguntarme cosas y mueve esas piernas.- dijo volviendo a tirar de mí, con fuerza suficiente para moverme.

-Serás bruto, me has hecho daño- dije indignada, tenía un buen motivo para mentirle. Bueno mentir está mal, así que niños no lo hagáis en vuestras casas. Mi pequeña mentira tenía por fin comprobar si a Miles le gustaba de verdad Gwen,- ¿te tienes que poner tan... tan... insoportable cuando no estás con Gwen o cerca de ella?- le pinché mientras hacía un puchero.

-¿Qué has dicho?.-preguntó parándose de repente.

-¿Te has quedado sordo o qué?- me había escuchado, prácticamente se lo había gritado al oído.

-Escucho perfectamente, de momento a Gwen no le ha dado por pegarme en los oídos. Por lo demás, suelo ser un chico de lo más encador.-egocéntrico, en serio me sacaba de mis casillas cuando se ponía en un pedestal y se echaba flores.- ¿La segunda parte de tu pregunta iba con segundas, Glimmer?

-¿Con segundas? Que cosas dices, que cosas dices, te lo he preguntado porque me has hecho daño en el brazo, ¡¿como has podido pensar eso?! Yo no pretendía insinuar nada- como me había calado, pero no pensaba darme por vencida hasta que no me dijese lo que quería saber- Era una pregunta de lo más inocente.

-Tiene de inocente lo mismo que tú y que yo.- dijo riéndose de lado, la verdad es que Miles no era feo ( en serio cerebro cómo piensas eso) con su sonrisa de lado, su flequillo y esos ojos de los que era imposible huir (vale, me estoy luciendo, en serio pienso eso, puaj). Miles era feo, feo, feo y egocéntrico, insoportable... El caso es que como es Navidad y estamos de fiesta, responderé a tu verdadera pregunta si tú respondes a la mía.- tocada y hundida, ¿ahora qué?, bueno dije que no me echaría atrás y no lo hice.

-Está bien.-cogí aire y se lo pregunté de sopetón- ¿a ti te gusta Gwen?.- ya está lo he dicho y él se está riendo, bueno no sé lo que está haciendo porque se lo he preguntado al...

-No creo que al suelo le guste, aunque quien sabe, no somos muy buenos amigos, a lo mejor las paredes te lo cuentan.- sí se estaba riendo, pero no de la pregunta si no de mí. Se estaba riendo de mí y pensaba borrarle la sonrisa de la cara.

-Respóndeme.- le dije fulminándolo con la mirada. ¡¿como se me ha podido pasar por la cabeza que fuera, en fin, guapo y todo eso?!




-Gustar... veamos me gusta más estar con Gwen que con Percy, pero me gusta más dormir o leer que soportar que Gwen me pegue.- hizo una pausa y empezó a tirar de mi para que me moviese, estaba absorta en cada palabra que salía de su boca, la gente que había a nuestro alrededor había desaparecido. Miles estaba tenso y nervioso, sabía que dependiendo de su respuesta las cosas podían cambiar, por eso meditó todas y cada una de las sílabas que pronunció.- Si te refieres a si amo a Gwen, pues no, ¿siento afecto por ella? Quizás pero nunca me he parado a analizarlo. Bueno llegó el momento de mi pregunta...¿ A ti por qué te interesa tanto?- ¿esa era pregunta? Que por qué me interesaba.

-La verdad ,es que ni yo misma lo sé Supongo que por curiosidad.- cuando vi su cara de incredulidad decidí contarle lo que Percy me dijo el primer día que lo conocí- No me gusta que me digan lo que tengo que hacer, nunca, y Percy me dijo que no me acercase a ti porque eras de Gwen- ¿como si las personas fuesen propiedades? El caso es que se lo dije con malicia, sabía lo mal que se llevaban esos dos y piqué a Miles a propósito. (Lo repito otra vez , no hagáis esto nunca porque podéis acabar como yo cuando crezcáis, en un sótano húmedo y recordando todos y cada uno de tu errores)

-¿Que Percy hizo qué?- dijo con un tono un tanto agudo que denotaba ira. Me mordí el labio, culpabilidad (ni se os ocurra pensarlo, recordad quien soy) esta fiesta seria de lo más interesante y divertida. De todas maneras los niños de pequeños son todos maliciosos y el que piense lo contrario está ciego.

-Enserio, deberías ir a que te mirasen la sordera.- respondí ahogando una carcajada.- Mira, allí están esos dos.- le dije señalando a Gwen que le estaba pegando una colleja a Percy.- siempre igual.

Cuando Miles los vio me soltó la mano y su expresión cambió radicalemten. Parecía un niño que estaba delante de una fuente entera de chuches, al que su madre le había dicho que podía comer todo lo que quisiera. Se acercó con paso decidido, orgulloso, con la barbilla alta y los ojos relampagueantes, a saber que se le estaba ocurriendo hacer.

-¿Qué pasa PVC? ¿Se te ha acabado la gasolina?- le soltó nada más acercarnos, creo que se refería a que se había dejado pegar porque no tenía fuerzas, reflejos, energías... para esquivar la mano de Gwen (Miles tiene un humor muy peculiar que sólo él es capaz de entender), pero es que la mano de Gwen va a la velocidad de la luz.

-¿Qué ha pasado Miles?, estas como un tomate, ¿es que ahora la que te gusta es Glimmer? No te hagas muchas ilusiones de conseguirla.- respondió desafiante mientras alzaba una comisura de los labios, porque eso no era una sonrisa, aunque miles de chicas caían rendidas.

-¿Está celoso, cochecito?. Tranquilo, que mi interés se centra únicamente en ti.- esto parecía una lucha por ver quien ponía la cara más adorable, de momento ganaba Miles que acababa de atacar a Percy con una sonrisa que derrite mantequilla.

-¡¿Yo celoso?! imposible, y menos de ti porque te guste "eso".- me había llamado “eso”. Se refirió a mi como una cosa, como un ser asexuado, dijo “eso” con asco, con repugnacia, como si el hecho de tenerme frente a él le diesen arcadas. Se me formó un nudo en la garganta y me picaban los ojos, quería pegarle hasta romperme las manos, quería que borrase esa sonrisa de superioridad que tenía, pero eso sería demasiado rápido. Lo que de verdad quería era que se arrepintiese, no le iba a pegar del mismo modo que no me vengaría pronto, me tomaría mi tiempo. Un año, dos, tres o cuatro quizás hasta cinco, pero cuando bajase las defensas actuaría y le dolería más que cualquier castigo físico.

-Vamos, vamos, sé que sientes una atracción irresistible hacia mi persona. No intentes negarlo, PVC.- dijo Miles intentando liberar tensiones y rebajar la hostilidad del ambiente.

-¿Con que soy "eso"? pedazo de burro egocéntrico. De esta te arrepientes.- le dije cuando deshice el nudo de mi garganta y me tragué mis lágrimas.

-¿Quieres que le pegue?- me preguntó Gwen con su mejor sonrisa en la cara.

-Gracias, pero creo que esto lo solucionaré yo tarde o temprano.- le respondí con una sonrisa pícara, miré de reojo a Miles y me dí cuenta de que no dejaba de tocar un broche que llevaba en un bolsillo de la chaqueta, una manía suya que no abandonaría jamás.

-¡Esta chica me cae bien!- gritó Gwen mientras daba palmadas y se reía de Percy.

-A ti te caen bien todas las chicas violentas, Gwen.- le dijo Miles con toda la paciencia del mundo.

-Entonces dime Glimmer, ¿qué harás?¿ ir corriendo y decirle a mi madre que me estoy portando mal contigo?- esta fue mi primera idea pero me di cuenta de que era bastante patética y quería que se arrepintiese de verdad, su madre le regañaría, o quizás ni eso , Percy era un crío mimado. De tanto leer se me fueron ocurriendo unas cuantas cosas que podrían funcionar, pero descarté la mayoría y me quedé con una que me fascinó, los celos, puede que en ese momento no funcionara, pero el tiempo lo arregla todo ¿no?.

-Todo a su tiempo.- le respondí con una sonrisa de tiburón en los labios.

-Tiembla mundo, tiembla.- dijo Miles en tono profético, se ganó una buena colleja.

La cena no estuvo mal, demasiada comida para mi gusto, demasiados sabores nuevos y demasiado ruido. En total estábamos veinte críos en una habitación bastante grande, una mesa alargada en el centro y un ventanal con gruesas cortinas de tercio verde, nada más, ni cuadros, ni jarrones con esas rosas negras tan exquisitas. Miles se sentó a mi izquierda y a su lado Gwen, no se separaron en toda la noche, no dejaban de hablar o en su caso discutir, yo estaba absorta en otro mundo, lo único que me molestaba era el ruido, pero oía sin oír. Percy estaba en la otra punta de la mesa armando más ruido que nadie, reía escandalosamente junto a una chica rubia de ojos azules que se me antojaba parecida a Rosa 1 y Rosa 2, superficiales y tontas que lo único que buscan es un poco de atención.

Cuando la cena terminó pusieron música, vamos eso era lo que pretendía ser, todos se reunieron en el centro de la pista menos yo, me gustaba observarlos, se movían como si les estuviese dando un ataque de epilepsia conjunto. La chica rubia se había subido encima de Percy y le daba patadas como si fuese un caballo, Miles y Gwen se estaban pegando voces porque él la había pisado. Pasó una hora, dos y puede que tres, había perdido la noción del tiempo. Dos manos tomaron las mías, una era pequeña y la otra mas grande, me alzaron y me guiaron al centro de la pista, no sé por qué, quizás por inercia o porque estaba feliz, pero cuando Gwen y Miles empezaron a saltar yo les seguí, me reí y grité, también me caí pero seguía riéndome. Unos ojos azules relampaguearon al otro lado de la habitación, Percy estaba ¿enfadado? En ese momento no me detuve a analizarlo, ni siquiera le presté mucha atención, pero si lo hubiese hecho me habría dado cuenta de que tenía los puños apretados a los costados, la boca formando una fina línea y las cejas fruncidas.

Lo dicho, los celos son malos y yo había encontrado la manera de usarlos. ¿tan pronto? ¿tan joven me corrompí? No. La sociedad ya estaba corrompida, sus frutos éramos nosotros, en ese momento nadie se dió cuenta de que sus ideales estaban creando los monstruos contra los que luchaban. Puede que penséis que dos tortas a tiempo lo hubiesen solucionado, no soy de esa opinión, puede que sufra y lo pase mal por mis actos, pero si esa sociedad me enseñó algo es que si hay que luchar por algo, después no te puedes arrepentir, sería perder el orgullo y deshonrar a las personas que te han acompañado.

Por eso y por todo, antes de entrar en la escuela privada a la que íbamos juntos, Percy, Miles, Gwen yo creamos nuestra sociedad. ¿Reglas? No había éramos libres de actuar, pero siempre había consecuencias, nosotros mismos nos poníamos límites y metas. Decidíamos, pero no nos juzgábamos, éramos conscientes de cómo era cada uno y actuábamos en consecuencia. Obviamente todos téniamos preferencias, me agradaba estar con Percy, más de lo quiero reconocer, pero tambien me gustaba discutir con Miles sobre un libro o sobre cualquier tontería y cuchichear con Gwen.







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