jueves, 29 de diciembre de 2011

Estación Volderg


Llegó el día de volver a la rutina del internado. No tengo de que quejarme, para ser sincera, el caso es que al pertenecer a una familia con buena posición, apellido antiguo y contactos influyentes tenía bastantes privilegios. ¿Qué es injusto? Puede que sí, pero a mi eso no me importaba porque vivía bien, sin preocupaciones y con todo tipo de lujos. ¿Qué no debería decir eso? Bueno el hecho es que a excepción de los valientes y la gente honrada (que es poquísima) nadie se sobrepondría si viviese como lo hacía yo. ¿Para qué? ¿Para perderlo todo y vivir en la inmundicia? ¿Para vivir debajo de un puente y pedir limosna por las calles? Me parece que no. El sistema era demasiado fuerte por aquel entonces y no se podía hacer nada; era la sumisión o la pobreza, clase media había pero era escasa, como he dicho antes o estabas con o contra el sistema. 

Mis padres me dejaron en la estación de metro Volderg, había tres trenes que iban a la escuela, todos acordes con la clase social a la que pertenecías. ¿Dictadura, opresión, desigualdad y control absoluto? Se ve claramente que así era, ¿Me podría haber cambiado de bando y luchar, rebelarme y enfrentarme al Sistema? Por favor sed realistas, tenía quince años, era consciente de todo lo que pasaba a mi alrededor, iba a clases de política y economía, además de haber escogido historia como optativa, había aprendido que las rebeliones tienen su momento, y si no se hacen a su tiempo todo sale mal, masacres, crisis y atentados. Conclusión muerte, muerte y más muerte. Yo no quería morir por defender unos ideales que puede que ni me beneficiasen, teniendo en cuenta lo bien que vivía y lo bien que me lo pasaba.

Me fui al último compartimento del tren, siempre nos sentábamos ahí, tenía unas vistas magníficas y nadie te molestaba. Abrí al puerta y me senté al lado de la ventana, estaba sola y el resto tardarían en llegar un rato. Como no tenia nada mejor que hacer me puse a observar a las personas que había en el andén. Todas iban bien vestidas, con trajes y vestidos caros, enjoyados y maquillados (porque no sólo las mujeres se ponían polvos, todo era bastante superficial, nunca conocías a alguien a fondo, las normas no lo permitían). De todas los alumnos que estaban en la cola para subir al tren, uno me llamó la atención, era nuevo y estaba claro que no pertenecía al grupo de primero, seguramente tendría mi edad o un año más. Eran raras la admisiones de este tipo, además el chico era bastante alto y tenía la piel traslúcida prácticamente, los labios estaban rosados de tanto mordérselos por los nervios, sus ojos grises chispeaban curiosidad y su pelo, me maravilló, era blanco como la primera nevada del año y estaba revuelto, sin peinar. Vestía el uniforme, un pantalón negro con chaqueta a juego y una camisa blanca con la corbata negra floja. Antes de que pudiese retirar la vista me miró, clavó sus ojos tormentosos en los míos, aparté los ojos y miré despreocupada al resto del mundo del andén, pero el corazón me iba a mil y tenía las mejillas arreboladas. 

En la lejanía vi a Percy corriendo seguido de Miles y Gwen. Tardarían cinco minutos en llegar, el tiempo suficiente para que me relajase un poco y pusiese pies en suelo firme. Cuando creí que había recuperado el control de mi misma, sus ojos, la forma de mirarme que había tenido volvió y se estrelló contra mi barrera de serenidad, me había mirado con asco, pero ¿por que? no me conocía. Aunque claro somos propensos a juzgar a la personas por su aspecto, su forma de andar, moverse y hablar. No debería afectarme en absoluto, fui educada para que las miradas con desprecio y las palabras envenenadas no me afectasen, pero era humana y aunque me mintiese a mi misma, bastante, no me gustaba vivir mis mentiras.  

El viaje fue largo y en silencio, hasta que a mitad de camino Percy rompió comenzó a hablar y lo que dijo me sorprendió bastante porque no me lo esperaba, Percy suele ser un libro abierto para mí, todo lo contrario que Miles.

-¿Habéis visto al nuevo? Mi padre me ha dicho que viene de Rusia, lo han trasladado porque se ha tenido que mudar por cuestiones de negocios.- normalmente no suelo prestar mucha atención a lo que empieza contando Percy, porque suele hablar de su casa, de su fortuna o de su perro, del que se siente orgulloso. Prefiero tratar con el perro que con el amo, al animal le rascas la barriga y ya somos amigos para toda la vida en cambio al dueño hay que tratarlo de manera especial porque si no todo se fastidia.

-Claro que lo hemos visto, tenemos ojos en la cara, además estaba delante nuestra.- le respondió Gwen de mal humor, seguro que se había vuelto a enfadar con uno de los dos por cualquier tontería.


-¿Sabes algo más, Percy?- le pregunté suavemente y con mi mejor sonrisa, a veces puedo ser de lo más persuasiva y si eso no funciona también hay malos modos de obtener información.

-No sé nada más,¿qué pasa?si tanto te interesa ve tú a preguntárselo.- me respondió hosco, parece que Gwen se ha peleado con Percy y tiene pinta de haber sido de las fuertes, ergo, que todo vuelva a la "normalidad" tomará su tiempo.

-Si algo quieres bien hecho, hazlo tú  mismo.- me dijo Miles muy resabido. De todas las actitudes que había en el mundo ésta que tomaba Miles era la que más me molestaba y por eso mismo la usaba.

Le gruñí lo que pretendía ser un sí y salí del compartimento, no sin antes pegarle a Percy una patada en la espinilla "sin querer".  Los pasillos estaban abarrotados de gente que hablaba, chillaba y reía con estrépito. No pensaba volver al compartimento hasta que no averiguase eso y la forma más rápido y eficaz de hacerlo era en los baños del tren.

La propensión de las chicas de cotillear sobre lo nuevo que había siempre, era de ayuda. Entré en el aseo femenino y me metí en un cubículo del fondo, cerré la puerta y escuché. El baño estaba lleno de voces femeninas cuchicheando sobre el chico nuevo. Agudicé el oído y me centré en una conversación que me pareció interesante.

- Liana, no me digas que no te has dado cuenta, él se ha sentado en el compartimento de al lado al nuestro. Cuando Judith y Eleanor han ido a sentarse con él, según lo que me han dicho ellas, las ha echado argumentando, que si tuviesen la misma inteligencia que belleza serían mínimamente interesantes, pero que como dudaba que eso fuese posible no quería que siguiesen allí.- la voz de la chica se elevó una octava escandalizada por el descaro de "él", pero ¿quién era él? y ¿ por qué hablaba como un personaje de novela antigua?.

-Stacy respira y no chilles, si me dices como se llama "él" a lo mejor me entero mejor.

-Ojalá supiera su nombre, pero no lo sabe nadie, excepto él. No ha dicho palabra alguna sobre su identidad. Bueno todo el mundo sabe que viene de Moscú porque han trasladado a su padre. ¿Te has dado cuenta lo pálido que es y lo blanco que tiene el pelo?

-Sí y no veas como le sienta. Es tan guapo, está tremendo y yo pienso ser su pareja para el baile de recepción de dentro de dos meses.- dijo la otra de lo más ilusionada, aunque si era cierto lo que "él" le había dicho a Judith y a Eleanor, que Stacy saliese con "él" sería un milagro.

-Saldrás con él si no estoy yo antes, porque me lo he pedido y si te metes por medio verás Stacy.-  vaya vaya, el nuevo rompe amistades y a saber que más.- No quiero que estés en mi compartimento cuando vuelva, búscate otro.

-Serás... Claro que me iré a otro y el número del vagón te va que ni pintado, so bestia.- ¿el número de la bestia? Si Stacy es religiosa ya sé cuál es, por lo tanto también sé cual puede ser el vagón del nuevo.

Salí del baño y a paso rápido fui hasta el vagón del medio, fui puerta a puerta leyendo por el rabillo del ojo el número que había pintado. Me paré frente a la 666 y recé por que la 667 tuviese al chico nuevo dentro. Respiré hondo un par e veces, puse mi mejor expresión de indiferencia y entré.

Lo vi sentado con la cabeza apoyada en el cristal mirando las interminables colinas de hierba verde que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, el sol se reflejaba en su pelo creando una especie de aureola a su alrededor. Giró la cabeza en un movimiento rápido y brusco y volvió a clavar su ojos en los míos. Tragué saliva y le dije con fingida sorpresa:

-Vaya, parece que me he equivocado de vagón.- Se me habían quitado la ganas de saber su nombre, me daba ¿miedo?. Me enfadé conmigo misma por tener esa reacción tan irracional.

-Que despistadas sois las chicas de aquí. Os habéis equivocado bastantes ya.- dijo con tono burlón que me hizo enfadar sólo como Percy lo conseguía a base de perseverancia.

-¿Te crees el centro del mundo, chico nuevo?- le pregunté todo lo fría que podía porque la sangre me hervía. Abrí la puerta y puse un pie en el pasillo, no quería saber nada de ese creído, aunque si salía significaba que lo estaba prejuzgando porque sólo había escuchado una frase.

-Tú eres la chica del final del tren, la que me miraba tan fijamente.- dijo riéndose aún más.

-Tengo nombre, chico nuevo.- miré el pasillo que estaba en silencio, las chicas había parado de cotorrear y miraban extrañadas la conversación.- Además no te miraba a ti, detrás tuya estaban mis amigos.- cuando pronuncié la última palabra me reí, porque amigos no era un término propio para describir mi relación con Percy, Gwen y Miles.

-Pero yo no sé tu nombre, ojos verdes.- me giré y lo fulminé con la mirada, nadie me ponía apodos, tenía un nombre por algo.

-No le digo mi nombre a desconocidos.- le sonreí burlona y el pareció darse cuenta de la disyuntiva, podía repetir mi anterior frase y yo lo haría otra vez, vamos que al final no sacaríamos nada en claro ninguno de los dos, o podía decirme su nombre y quizás yo le dijese el mío. 

-Klaus, mi nombre es Klaus.- dijo serio, había cedido, sonreí para mis adentros.

-Un placer Klaus- salí al pasillo y cerré la puerta de su compartimento, nadie me deja en ridículo, no se me había olvidado aún el feo que me hizo Percy en unas navidades y tampoco olvidaría como Klaus se había reído de mí. 

Volví al último vagón y me senté junto a Percy,  se había dormido y se le caía un hilillo de baba por la comisura de la boca, me acerqué a su oído muy despacio. Miles me miraba divertida y Gwen maliciosa, me animaba a continuar y yo no me hice de rogar.

-¡¡¡DESPIERTAAA!!!- le grité medio riendo.

-¡¡¡¡AAAAAAHHHHH!!! SOCORRO.- chilló mientras el hilo de baba se le pega a la cara y Miles le hacía una foto que duraría para posteridad.

-Que fotogénico que eres PVC, sales por el perfil bueno, que digo si tus dos perfiles son geniales.- Miles se lo pasaba en grande riéndose a costa de Percy.

-Seréis....- creo que es mejor omitir la perorata de insultos, maldiciones y recuerdos de los antepasados de cada uno que hizo Percy, pues los oídos jóvenes podrían sangrar.

El tren tardó una hora más en parar en la estación de la academia Price, pero los detalles de ésta al igual que los sucesos del primer día merecen otro capítulo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario