Llegó
el día de volver a la rutina del internado. No tengo de que
quejarme, para ser sincera, el caso es que al pertenecer a una
familia con buena posición, apellido antiguo y contactos influyentes
tenía bastantes privilegios. ¿Qué es injusto? Puede que sí, pero
a mi eso no me importaba porque vivía bien, sin preocupaciones y con
todo tipo de lujos. ¿Qué no debería decir eso? Bueno el hecho es
que a excepción de los valientes y la gente honrada (que es
poquísima) nadie se sobrepondría si viviese como lo hacía yo.
¿Para qué? ¿Para perderlo todo y vivir en la inmundicia? ¿Para
vivir debajo de un puente y pedir limosna por las calles? Me parece
que no. El sistema era demasiado fuerte por aquel entonces y no se
podía hacer nada; era la sumisión o la pobreza, clase media había
pero era escasa, como he dicho antes o estabas con o contra el
sistema.
Mis
padres me dejaron en la estación de metro Volderg, había tres
trenes que iban a la escuela, todos acordes con la clase social a la
que pertenecías. ¿Dictadura, opresión, desigualdad y control
absoluto? Se ve claramente que así era, ¿Me podría haber cambiado
de bando y luchar, rebelarme y enfrentarme al Sistema? Por favor sed
realistas, tenía quince años, era consciente de todo lo que pasaba
a mi alrededor, iba a clases de política y economía, además de
haber escogido historia como optativa, había aprendido que las
rebeliones tienen su momento, y si no se hacen a su tiempo todo sale
mal, masacres, crisis y atentados. Conclusión muerte, muerte y más
muerte. Yo no quería morir por defender unos ideales que puede que
ni me beneficiasen, teniendo en cuenta lo bien que vivía y lo bien
que me lo pasaba.
Me
fui al último compartimento del tren, siempre nos sentábamos ahí,
tenía unas vistas magníficas y nadie te molestaba. Abrí al puerta
y me senté al lado de la ventana, estaba sola y el resto tardarían
en llegar un rato. Como no tenia nada mejor que hacer me puse a
observar a las personas que había en el andén. Todas iban bien
vestidas, con trajes y vestidos caros, enjoyados y maquillados
(porque no sólo las mujeres se ponían polvos, todo era bastante
superficial, nunca conocías a alguien a fondo, las normas no lo
permitían). De todas los alumnos que estaban en la cola para subir
al tren, uno me llamó la atención, era nuevo y estaba claro que no
pertenecía al grupo de primero, seguramente tendría mi edad o un
año más. Eran raras la admisiones de este tipo, además el chico
era bastante alto y tenía la piel traslúcida prácticamente, los
labios estaban rosados de tanto mordérselos por los nervios, sus
ojos grises chispeaban curiosidad y su pelo, me maravilló, era
blanco como la primera nevada del año y estaba revuelto, sin peinar.
Vestía el uniforme, un pantalón negro con chaqueta a juego y una
camisa blanca con la corbata negra floja. Antes de que pudiese
retirar la vista me miró, clavó sus ojos tormentosos en los
míos, aparté los ojos y miré despreocupada al resto del mundo del
andén, pero el corazón me iba a mil y tenía las mejillas
arreboladas.
En
la lejanía vi a Percy corriendo seguido de Miles y Gwen. Tardarían
cinco minutos en llegar, el tiempo suficiente para que me relajase un
poco y pusiese pies en suelo firme. Cuando creí que había
recuperado el control de mi misma, sus ojos, la forma de mirarme que
había tenido volvió y se estrelló contra mi barrera de serenidad,
me había mirado con asco, pero ¿por que? no me conocía. Aunque
claro somos propensos a juzgar a la personas por su aspecto, su forma
de andar, moverse y hablar. No debería afectarme en absoluto, fui
educada para que las miradas con desprecio y las palabras envenenadas
no me afectasen, pero era humana y aunque me mintiese a mi misma,
bastante, no me gustaba vivir mis mentiras.
El
viaje fue largo y en silencio, hasta que a mitad de camino Percy
rompió comenzó a hablar y lo que dijo me sorprendió bastante
porque no me lo esperaba, Percy suele ser un libro abierto para mí,
todo lo contrario que Miles.
-¿Habéis
visto al nuevo? Mi padre me ha dicho que viene de Rusia, lo han
trasladado porque se ha tenido que mudar por cuestiones de negocios.-
normalmente no suelo prestar mucha atención a lo que empieza
contando Percy, porque suele hablar de su casa, de su fortuna o de su
perro, del que se siente orgulloso. Prefiero tratar con el perro que
con el amo, al animal le rascas la barriga y ya somos amigos para
toda la vida en cambio al dueño hay que tratarlo de manera especial
porque si no todo se fastidia.
-Claro
que lo hemos visto, tenemos ojos en la cara, además estaba delante
nuestra.- le respondió Gwen de mal humor, seguro que se había
vuelto a enfadar con uno de los dos por cualquier tontería.
-¿Sabes
algo más, Percy?- le pregunté suavemente y con mi mejor sonrisa, a
veces puedo ser de lo más persuasiva y si eso no funciona también
hay malos modos de obtener información.
-No
sé nada más,¿qué pasa?si tanto te interesa ve tú a
preguntárselo.- me respondió hosco, parece que Gwen se ha peleado
con Percy y tiene pinta de haber sido de las fuertes, ergo, que todo
vuelva a la "normalidad" tomará su tiempo.
-Si
algo quieres bien hecho, hazlo tú mismo.- me dijo Miles muy
resabido. De todas las actitudes que había en el mundo ésta que
tomaba Miles era la que más me molestaba y por eso mismo la usaba.
Le
gruñí lo que pretendía ser un sí y salí del compartimento, no
sin antes pegarle a Percy una patada en la espinilla "sin
querer". Los pasillos estaban abarrotados de gente que
hablaba, chillaba y reía con estrépito. No pensaba volver al
compartimento hasta que no averiguase eso y la forma más rápido y
eficaz de hacerlo era en los baños del tren.
La
propensión de las chicas de cotillear sobre lo nuevo que había
siempre, era de ayuda. Entré en el aseo femenino y me metí en un
cubículo del fondo, cerré la puerta y escuché. El baño estaba
lleno de voces femeninas cuchicheando sobre el chico nuevo. Agudicé
el oído y me centré en una conversación que me pareció
interesante.
-
Liana, no me digas que no te has dado cuenta, él se ha sentado en el
compartimento de al lado al nuestro. Cuando Judith y Eleanor han ido
a sentarse con él, según lo que me han dicho ellas, las ha echado
argumentando, que si tuviesen la misma inteligencia que belleza
serían mínimamente interesantes, pero que como dudaba que eso fuese
posible no quería que siguiesen allí.- la voz de la chica se elevó
una octava escandalizada por el descaro de "él", pero
¿quién era él? y ¿ por qué hablaba como un personaje de novela
antigua?.
-Stacy
respira y no chilles, si me dices como se llama "él" a lo
mejor me entero mejor.
-Ojalá
supiera su nombre, pero no lo sabe nadie, excepto él. No ha dicho
palabra alguna sobre su identidad. Bueno todo el mundo sabe que viene
de Moscú porque han trasladado a su padre. ¿Te has dado cuenta lo
pálido que es y lo blanco que tiene el pelo?
-Sí
y no veas como le sienta. Es tan guapo, está tremendo y yo pienso
ser su pareja para el baile de recepción de dentro de dos meses.-
dijo la otra de lo más ilusionada, aunque si era cierto lo que "él"
le había dicho a Judith y a Eleanor, que Stacy saliese con "él"
sería un milagro.
-Saldrás
con él si no estoy yo antes, porque me lo he pedido y si te metes
por medio verás Stacy.- vaya vaya, el nuevo rompe amistades y
a saber que más.- No quiero que estés en mi compartimento cuando
vuelva, búscate otro.
-Serás...
Claro que me iré a otro y el número del vagón te va que ni
pintado, so bestia.- ¿el número de la bestia? Si Stacy es religiosa
ya sé cuál es, por lo tanto también sé cual puede ser el vagón
del nuevo.
Salí
del baño y a paso rápido fui hasta el vagón del medio, fui puerta
a puerta leyendo por el rabillo del ojo el número que había
pintado. Me paré frente a la 666 y recé por que la 667 tuviese al
chico nuevo dentro. Respiré hondo un par e veces, puse mi mejor
expresión de indiferencia y entré.
Lo
vi sentado con la cabeza apoyada en el cristal mirando las
interminables colinas de hierba verde que se extendían hasta donde
alcanzaba la vista, el sol se reflejaba en su pelo creando una
especie de aureola a su alrededor. Giró la cabeza en un movimiento
rápido y brusco y volvió a clavar su ojos en los míos. Tragué
saliva y le dije con fingida sorpresa:
-Vaya,
parece que me he equivocado de vagón.- Se me habían quitado la
ganas de saber su nombre, me daba ¿miedo?. Me enfadé conmigo misma
por tener esa reacción tan irracional.
-Que
despistadas sois las chicas de aquí. Os habéis equivocado bastantes
ya.- dijo con tono burlón que me hizo enfadar sólo como Percy lo
conseguía a base de perseverancia.
-¿Te
crees el centro del mundo, chico nuevo?- le pregunté todo lo fría
que podía porque la sangre me hervía. Abrí la puerta y puse un pie
en el pasillo, no quería saber nada de ese creído, aunque si salía
significaba que lo estaba prejuzgando porque sólo había escuchado
una frase.
-Tú
eres la chica del final del tren, la que me miraba tan fijamente.-
dijo riéndose aún más.
-Tengo
nombre, chico nuevo.- miré el pasillo que estaba en silencio, las
chicas había parado de cotorrear y miraban extrañadas la
conversación.- Además no te miraba a ti, detrás tuya estaban mis
amigos.- cuando pronuncié la última palabra me reí, porque amigos
no era un término propio para describir mi relación con Percy, Gwen
y Miles.
-Pero
yo no sé tu nombre, ojos verdes.- me giré y lo fulminé con la
mirada, nadie me ponía apodos, tenía un nombre por algo.
-No
le digo mi nombre a desconocidos.- le sonreí burlona y el pareció
darse cuenta de la disyuntiva, podía repetir mi anterior frase y yo
lo haría otra vez, vamos que al final no sacaríamos nada en claro
ninguno de los dos, o podía decirme su nombre y quizás yo le dijese
el mío.
-Klaus,
mi nombre es Klaus.- dijo serio, había cedido, sonreí para mis
adentros.
-Un
placer Klaus- salí al pasillo y cerré la puerta de su
compartimento, nadie me deja en ridículo, no se me había olvidado
aún el feo que me hizo Percy en unas navidades y tampoco olvidaría
como Klaus se había reído de mí.
Volví
al último vagón y me senté junto a Percy, se había dormido
y se le caía un hilillo de baba por la comisura de la boca, me
acerqué a su oído muy despacio. Miles me miraba divertida y Gwen
maliciosa, me animaba a continuar y yo no me hice de rogar.
-¡¡¡DESPIERTAAA!!!-
le grité medio riendo.
-¡¡¡¡AAAAAAHHHHH!!!
SOCORRO.- chilló mientras el hilo de baba se le pega a la cara y
Miles le hacía una foto que duraría para posteridad.
-Que
fotogénico que eres PVC, sales por el perfil bueno, que digo si tus
dos perfiles son geniales.- Miles se lo pasaba en grande riéndose a
costa de Percy.
-Seréis....-
creo que es mejor omitir la perorata de insultos, maldiciones y
recuerdos de los antepasados de cada uno que hizo Percy, pues los
oídos jóvenes podrían sangrar.
El
tren tardó una hora más en parar en la estación de la academia
Price, pero los detalles de ésta al igual que los sucesos del primer
día merecen otro capítulo.

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