sábado, 7 de enero de 2012

Bienvenidos



Percy Van Clay


La estación estaba oscura, una única farola lo intentaba iluminar todo. Al salir del tren una bofetada de aire frío me azotó el rostro, me empezaron a salir chapetas y los labios se me agrietaron. Odiaba el frío aunque lo prefería al calor. Delante mía Gwen se había arrimado a Miles que la miraba entre divertido y curioso;

-¿Necesitas que te caliente, Gwen?-dijo sin ningún pudor y con un brillo pícaro en la mirada. Gwen se apartó y le clavó una de sus miradas asesinas. Empezó a tiritar y a castañetear los dientes, me daba más frío de verla así, me acerqué y le puse encima una bufanda que tenía pero que a ella le sentaba como si fuese una manta. 

-Al único ser que podrías llegar a calentar es a Percy.- replicó cortante.

-¿Se puede saber que he hecho yo ahora?- le preguntó el aludido con el mismo mal humor que tenía en el tren. 

-Pues ser un burro egoísta y sin escrúpulos. -Los burros no creo que tengan muchos escrúpulos- le dije algo divertida- deberíamos ir a la entrada se me están congelando los dedos. 

-Al nuevo no parecen afectarle los tres grados bajo cero que hay.- apunto Miles, Klaus iba delante nuestra y llevaba solo la chaqueta del uniforme puesta y desabrochada. 

- Si comparas las temperaturas de Rusia con las de aquí, esto debe parecerle un verano.- dijo Gwen como si fuese lo mas obvio del planeta.


Cuando llegamos a las puertas de hierro negro no había nadie haciendo cola para entrar, la asignación de dormitorios se había hecho hacía semanas y yo sabía que me tocaba con Gwen, una suerte porque así evitaba todas las reglas sociales y las conversaciones trascendentales que tanto me aburren y me disgustan. Seguimos andando y vimos los cuatro edificios de piedra negra que forman el colegio, eran las habitaciones, las salas comunes y el comedor, la biblioteca con el despacho del director al lado y las aulas donde dábamos clases. La primera vez que vine me asusté, porque me recordaban a los castillos de terror de las película de miedo, pero conforme pasó el tiempo le cogí mucho cariño al lugar, sobre todo al prado que hay en la parte de atrás, donde los del club de herbología estudian.


-Vaya, mis alumnos más habladores, ¿dónde vais si no os he dado el número de habitación y la llave?- preguntó el profesor Bowman, era mayor y decir sólo mayor es quedarse corto, siempre iba encorbado y llevaba una larga barba blanca que le llegaba al comiendo de una barriga prominente. Nos entregó dos llaves grandes y parcialmente oxidadas, en el extremo llevaban el número de habitación. A Gwen y a mí nos asignaron el dormitorio número 39 y a Pery y Miles, que compartían habitación también, la número 43. 


-Nos han puesto en frente del pasillo de los chicos,- dijo Gwen un tanto molesta,- ahora sí que no dormimos, el año pasado que estábamos en la otra punta del edificio los teníamos cada dos por tres en el cuarto.- exclamó enfurruñada mirando a Miles.


Vi el atisbo de una larga discusión, de la que no me apetecía nada ser partícipe, me encaminé directamente hacia el edifico, tirando de mi maleta y con la mochila al hombro. Por desgracia el frío había formado placas de hielo en el camino y si a eso le sumáis todo el peso que llevaba encima, el resultado es una caída desastrosa que hechó mi orgullo por el suelo junto a mi ropa interior. Hice un intento de levantarme, en vano, me volví a resbalar . Miré en derredor para comprobar si alguien me había visto, creo que ese no era mi día, Percy estaba doblado y tenia lágrimas en los ojos de tanto reírse, con el frío que hacía no entendía por que no se le congelaban en la cara, pero ese gesto fue la gota que colmó el vaso; primero el incidente con el nuevo en el tren y ahora esto, además de un incipiente dolor de cabeza que parecía prometer. Me fui poniendo de pie despacio con cuidado, miré de reojo a Percy que ahora intentaba meter aire en sus pulmones mientras andaba hacia donde yo estaba. 


Lo miré como nunca lo había hecho antes, con odio y desprecio, había tirado y pisoteado mi orgullo durante tantos años que me había llevado al límite. Puede que tuviese paciencia y autocontrol, del que me gustaba presumir en silencio, pero había ocasiones en que no me controlaba, en que todo me desbordaba, en que ni un comentario sarcástico o envenado me bastaban, en esos momentos no era dueña de mí misma y si Percy hubiese sabido eso, quizás no se hubiese acercado, quizás hubiese hechado a correr sin mirar atrás, y entonces ojalá se hubiese caído. Pero ni entendió el significado de mi mirada asesina, ni creo que lo viese con los ojos húmedos de reírse de mí. 


-¿Es...est...estás bien?.- preguntó conteniendo una carcajada que pugnaba por salir de boca. En realidad no creo que le interesase mi estado.  No me molesté en responderle, me dolía el trasero de las dos caídas y seguramente si abría la boca era para decirle lo imbécil y estúpido que era y cuánto lo odiaba, pero eso no me convenía lo más mínimo. 


-Perfectamente.-decidí responder, fría e impasible, dándole a entender que estaba enfadada y que no quería hablar, cogí la maleta y me me metí en el edificio.


-Vamos Glimmer, no ha sido para tanto.- gritó desde las puertas.


-Pues caete tú dos veces de culo sobre el hielo y me dices si no es para tanto.- murmuré lo suficientemente bajo para que no me escuchase. 


Me metí en la habitación y ordené toda la ropa, en su mayoría camisas blancas y faldas negras del año pasado, se me había olvidado renovar el uniforme y esperaba que no me quedase muy pequeño. Unos golpes resonaron en la puerta, no quería ver a nadie así que opté por no responder y seguí con mi labor. Volvieron a sonar, el dolor de cabeza empezaba a ser insoportable y los golpes lo acrecentaban, ¿acaso la persona que había detrás de la puerta no se daba cuenta de que no había nadie en el cuarto y si lo había no quería recivir visitas? Me tiré boca abajo en la cama y me tapé la cabeza con la almohada. Estaba harta de todo y de todos; del viaje, del tren, de los cotilleos sin sentido, de las reglas, de las peleas de Gwen y Miles, de las burlas y tomaduras de pelo de Percy, incluso estaba harta del nuevo y eso que no había cruzado más de dos frases con él, pero sabía que era prepotente, orgullo, vanidoso y narcisista, ¿puede existir mejor persona?. 


La puerta se abrió despacio, alguien entró dentro de la habitación pero no quería saber quién era, no me importaba. Simplemente quería que los tambores que me martilleaban la cabeza parasen y pudiese hallar la paz. 


Pensando en paz, en nubes esponjosas y un dudoso paraíso me dormí. 


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Me despertó Gwen, la mañana ya estaba muy avanzada, pero por suerte el día de después de llegar en tren sólo tenían clase los de primero, osea que yo estaba excluida de obligaciones durante todo el día.  Menos mal, me apetecía ir a la biblioteca, allí encontraría la paz que ansiaba la noche anterior, por lo general Miles y yo éramos lo únicos que entraban, Gwen y Percy le ponían mala cara siempre que pasábamos enfrente. Me incorporé en la cama y vi mi sujetador negro en la mesita de noche, ¿cómo había llegado ahí? Recordé que se m había abierto la maleta al caerme y cómo toda mis pertenencias habían caído al suelo, la persona que llamaba anoche quería dármelo, sólo me vio Percy lo más lógico era pensar que fue él quién me lo trajo, en ese caso me alegro de no haberle visto la cara sino seguro que se la partía de una bofetada.


Por muy tarde que fuese necesitábamos desayunar, ambas presentíamos que el día sería largo y pesado. Gwen se puso en el plato un par de huevos fritos, su comida favorita, y yo cogí una tostada de tomate que me estaba poniendo ojitos (no digáis que no soy buena y bondadosa, que satisface el deseo de esa tostada). En fin, nos pusimos a comer en la mesa más retirada de todo el comedor, que no era pequeño. Era una sala que del tamaño de un campo de rugby, la decoración era escasa y gótica, tenía un aire siniestro que te erizaba los pelos en halloween. Un sólo cuadro había en toda la estancia, el del director, un hombre alto y desgarbado, de andar lento y ojos inteligentes, no había persona sobre la tierra que fuese capaz de engañarlo, pese a todo se preocupaba por nosotros, el último que nos defendió y que por desgracia acabó francamente mal parado, pero de momento eso no viene muy a cuento, quizás en un futuro. 


-¿Te acostaste muy temprano anoche?- preguntó Gwen rompiendo el silencio. La pregunta era bastante obvia y su respuesta también, de otra persona me hubiese molestado, ni si quiera le respondería, claro que me había acostado pronto, pero a Gwen no podía tratarla como a los Percy, era totalmente opuesta a mí y había veces que nos reíamos la una de la otra. Supongo que en cierto modo éramos amigas.


-Me dolía la cabeza, era como tener un centenar de tambores tocando una marcha militar.- me unté tomate con la cuchara en la tostada y fui a darle el primer bocado.


-No hagas caso a Percy- rompió la yema del huevo y la miró como se esparcía por todo el plato,- la estupidez viene de fábrica.- añadió como si esa fuese la respuesta a todas las incógnitas que existen.


-Entonces Miles y Percy vienen de la misma.- mordí por fin la tostada y una explosión de sabores entró en mi paladar, había echado tanto de menos estos desayunos.


-Salieron defectuoso.- dijo mientras empezaba a engullir el desayuno como si fuese el último de su vida-pero no te preocupes, tenemos todo un curso para ajustarle los tornillos.


- Y encontrar los que se les perdieron,- Gwen era de las pocas chicas que me sacó alguna vez una sonrisa de verdad, no de las falsas que repartía casi a diario.- De todas formas no estoy preocupada.


-¿Por qué ibas a estarlo? Eres la reina del hielo, ya sabes,- sonrió con picardía, no se si hacía alusión a mi caída de anoche, que Percy probablemente le contase, en ese caso mi enfado para con él iba en aumento.-Ese chico es guapo.- seguí la dirección de sus ojos y casi me atraganté cuando me dí cuenta de que estaba mirando a Klaus, tenía el mismo aspecto de engreído del otro día, aunque soy la última persona sobre el planeta que debería decirlo porque tampoco me quedo corta, llevaba el uniforme sin la corbata y con un par de botones desabrochados, el pelo alborotado de no habérselo peinado y los ojos... miraban directamente nuestra mesa. 


-Es irritante.- contradije a Gwen mientras asesinaba sin compasión a la pobre tostada.


-Así que ya lo conoces.


-Digamos que sí.- quería dejar el tema, le eché sal a la tostada y decidí dejar lo todo así.


-Ya veo,- pero Gwen no estaba dispuesta a dejarlo hasta que supiese exactamente lo que le interesaba y mi cerebro estaba cansado de combatir a la marcha militar de tambores como para ahora ponerse a pensar en lo que Gwen quería.- ¿Fue él el que te trajo el sujetador?- preguntó echándose hacia atrás de manera despreocupada, gesto copiado de Miles.


-No lo sé... tenía la cabeza tapada con una almohada.


-¿Y de qué lo conoces?- preguntó bebiendo zumo, no quería seguir con ese interrogatorio, mis presentimientos sobre lo cargante que resultaría el día iban acertados.


-De absolutamente nada, es más no se nada de él, a excepción de su nombre y lo poco que nos contó Percy.


-Claro, claro- dijo condescendiente, cómo odiaba esa actitud,-Supongo que por eso viene hacia aquí.- esa vez sí que me atraganté y sino hubiese tenido el zumo de Gwen a mano mis tos habría llegado al mismísimo paraíso.


-¿Le has dicho que venga?- mi enfado iba en aumento y lo quería descargar todo de una vez, cuando Klaus llegase a la mesa vería a una chica fría y tajante, o eso pretendía.


-¿Yo?- preguntó con fingida inocencia- ¿Cómo puedes pensar eso de mí?


-¿Por qué te conozco?- le pregunté irónica.


-Mira, si tú no lo quieres me lo dejas a mí. Es guapo y necesito un acompañante para el baile.


-¿No vas a ir con Miles?- le pregunté extrañada, siempre iban juntos a todos sitios por suerte o desgracia de Gwen, se suponía que yo iría con Percy pero después de lo de la otra noche no pensaba sentarme una hora con él y menos bailar.


-Claro que no voy a ir con ese imbécil.- me miró con cara de asesina en serie psicótica de telenovela. En ese momento se me ocurrió que quizás el nuevo me sirviese de algo después de todo, aunque me costaría conseguir que accediese a ir al baile...


-Pues yo tampoco sé con quien voy a ir- dije mientras Klaus llegaba a nuestra mesa.


-¡Hola! Eres el nuevo ¿no? Yo soy Gwen y aquí mi amiga dice que te conoce.- se había levantado de un salto del banco y estaba sonriendo con esa cara de " chico prepárate porque de mí no escapas" 


-Lo justo y necesario,- le lancé una mirada asesina por hacer que Klaus viniese, mi cerebro rechinaba ante la exigencia de pensar con rapidez.- Bueno días, Klaus.


-Buenos días, chica sin nombre.- alzó una ceja y sonrió de medio lado, era capaz de ver lo que estaba pensando Gwen en ese momento, aunque no era muy difícil, por desgracia yo pensaba lo mismo, " "¿cómo podía ser tan jodidamente sexy?".


-Se llama Glimmer,- otra metedura más de Gwen, se suponía que esa era la única ventaja que tenía ahora la había perdido.


-Muy amable por hacer las presentaciones.- le ironicé con descaro, Klaus lo notó y estuvo a punto de apuntar algo más pero una mirada mía lo instó a cerrar el pico un rato si no quería complicar las cosas.


-De nada, de nada, ya sabes que estoy para ayudar y...- se interrumpió cuando Miles la abrazó por detrás y le plantó un sonoro beso en la mejilla.


-Hola cielo, ¿no me has esperado para desayunar?- Gwen cohibida y enfadada a partes iguales lo empujó y empezó a despotricar,


-¿¡Qué se supone que haces, especie arácnida babosa?!- le chilló como hacía todas las mañanas, menos mal que era ya bien entrado el mediodía y sólo tenía que aguantarlos ocho horas más, y aún faltaba el estúpido número uno, Percy.


-¿Quieres disfrutar de una batalla campal o ver el campus?- le pregunté a Klaus mientras le indicaba con la cabeza que esto iba para largo.


-Os acompaño.- Que oportuna que era Gwen.


-Y yo- como decía antes, esos dos siempre juntos y a la vez tan separados.


-No. Tú te quedas.- volvió a empezar Gwen, me pasé una mano por la cara intentando borrarlos de mi vista pero seguían ahí delante discutiendo.


-¿Me abadonas por ese?- preguntó con sus dotes interpretativas, pero es que ese no era un ese normal, era un ESE.


-Piérdete.- le gruñó Gwen.


-Sólo si me acompañas.- contraatacó Miles.


-¿Qué me he perdido?- preguntó Percy situándose al lado de Miles, la mirada de desconfianza de Percy fue el detonante, la pista que me llevó a la resolución de mi venganza, iría con Klaus al baile y se lo restregaría, le demostraría lo que se pierde por ser un imbécil.


-¿Gwen, quedamos para cenar? Yo creo que le enseñaré todo esto a Klaus,- hice una pausa para ver el brillo de odio en los ojos de Percy, si reaccionaba así ante la mención de enseñarle el campus a saber cómo se ponía cuando se enterase de que no iría con él al baile.- Buenos día Miles.- dije a modo de despedia. Hubo un momento de telepatía entre nosotras en el que ella me aseguró que los mantendría alejados de nosotros y otro en el que se lo agradecía. ( Si habéis leído bien, le di las gracias)


-Claro, claro, yo me iré con Miles y con Percy a...la biblioteca.


-Me niego a pisar  la biblioteca en un día libre... prefiero ir con Glimmer a enseñarle el centro al nuevo.- Percy se intentaba escabullir de las uñas de Gwen que lo intentaban aferrar.


-Ni hablar, te vienes a la biblioteca y mantienes a éste alejado de mí o no te vuelvo a dejar lo deberes.- amenazó seriamente, y es que Miles y en especial Percy vivían de los deberes de Gwen.


-¿Y yo no opino nada?- preguntó Miles con un puchero en dirección a Gwen.


-No- respondió ésta cortante.


Salí del comedor a paso rápido con Klaus pegado a mis talones. Oía las voces de Gwen regañando con bastante poco tacto a Percy y a Miles. Aunque ahora eso me importaba poco, ¿qué debía hacer primero? No soy una gran conversadora e interesarme por la gente no es algo que se me de bien fingir. Resoplé molesta por preguntarme cosas tan estúpidas, le enseñaría el centro y me iría a la biblioteca el rincón de la ventana del segundo piso, ahí me rejalaría y leería un rato, o simplemente me dedicaría a mirar por la ventana como el viento mece las hojas marrones de los arboles del prado.


-Unos amigos curiosos los tuyos, aunque bastante ruidosos.- dijo Klaus situándose a mi derecha y acompasándose a mi paso.


-Dejemos un par de puntos claros,- me giré y lo miré directamente, algo que no había hecho hasta ese momento, el pulso dió señas de querer acerlerarse pero se lo pensó mejor- De mi relación con esos tres no me apetece hablar en este momento contigo y me parece un poco raro que no te hayan enseñado ya las instalaciones.- dije levantándo una ceja interrogante.


-En mi defensa diré que tú no me has preguntado si me lo habían enseñado antes.


-Tu defensa sirve de poco, porque me has seguido hacia fuera y te podías haber quedado dentro con los otros o hacer amigos.- le dije un poco molesta, reanudé la marcha hacia el prado de atrás, quizás fuese el único sitio que no le habían enseñado aún.


-¿Dónde me llevas?- preguntó con algo de picardía, que se podía esperar si me conocía desde hacía cinco minutos y además mi concepto de él no era expléndido, que digamos.


Ignoré su pregunta ya que sería respondida por una enorme explanada de hierba verde, rodeada de árboles con un tronco tan ancho que haría falta cinco personas para rodearlo, también había flores de todos los tamaños y colores por lo general oscuros. No había llovido así que no había barro, algo que agradecí porque me senté debajo de mi árbol y me medio tumbé. Klaus tenía el rostro serio y los ojos sorprendidos, en su antiguo hogar no debía haber muchos lugares así. Me regocigé por haber conseguido que cambiase esa expresión suya de eterno aburrimiento. Se encaminó a donde yo estaba sentada y se tumbó al lado con los ojos cerrados.


-¿Te habían enseñado esto también?- le pregunté, quería parecer menos brusca que antes porque no pensaba dejar mi propósito de ir con él al baile y siempre he conseguido lo que me proponía.


-No, aunque ha habido una alumna especialemente molesta que insistía en eseñarme un lugar "recóndito y mágico".- respondió aún con los ojos cerrados, a saber quién ha sido, pero una cosa es segura cuanto más me vean, de momento, con él mejor. 


-Las tienes a todas locas.- dije despreocupadamente refiriéndome a las demás alumnas.


-¿Te excluyes?- preguntó esta vez abriendo los ojos.


-Eso parece.


-No te creo.- dijo serio, pero a mí lo que creyese hasta cierto punto me era indiferente. De todas formas, estaba un poco nerviosa, no solía tratar con nadie que no fuese Percy, Miles o Gwen. Las pocas personas que habían intentado sacarme conversación se habían marchado enfadadas o desilusionadas, nada del otro mundo.


-No te he pedido que me creas, de todas formas deberías tener cuidado, ésas chicas harían cualquier cosa con tal de llevarse el premio, osea tú.- dije sonriendo ante lo hipócrita que me había sonado la frase teniendo en cuenta que una de "esas chicas" era yo misma.


-¿Siempre eres tan habladora?.- preguntó sentándose y apollándose sobre el tronco.


-¿Siempre tienes esa cara de aburrimiento mortal?.


-Si contases algo mínimimante interesante quizás la cambiase.- eso ya era demasiado, encima la aburrida era yo, bueno un poco sí, pero de ahí a que me lo dijese en toda la cara, era romper alguna que otra norma de comportamiento y eso me sorprendió. No sé si gratamente pero me hizo pensar bastante esa misma noche y muchas otras.


-Quieres algo en lo que pensar, pues piensa en la chica a la que llevarás al baile obligatorio- recalqué- de inicio de curso.- se quedó un poco sorprendido cuando oyó que la asistencia era obligatoria, pero fue un segundo porque al siguiente ya tenia una sonrisa gato en la cara.


-Tampoco me va a dar un comedero de cabeza, la respuesta es simple; iré contigo.- lo soltó sin más, y lo dijo con total naturalidad como si estuviese escrito y eso que hasta hace unos minutos ni yo sabía que queria ir con él.


-¿Cómo has llegado a esa rápida resolución si se puede saber?


-Te lo explico si tanto insistes; eres la única chica interesante que conozco y no tienes con quien ir. ¿Ves que simple?.- si no fuese porque lo necesitaba para ir al baile y plantarle los pies en el suelo a Percy le habría dado una respuesta cortante, pero además ya era hora de que el mundo se enterase que existía, por lo menos el mundo masculino. 


-Entiendo. Iré contigo al baile pero irás de negro y tú solito tendrás que lidiar con el resto de las alumnas cuando se enteren de esto. No creo que les haga mucha gracia.


-Me importa bastante poco lo que les pase a sus corazones rotos.- dijo poniéndose en pie y tendiéndome una mano que acepté, tenía la piel fría y sin embargo tan suave que me daban ganas de no soltarla. Me sobrepuse como pude y me fui en dirección a la biblioteca. 


-Yo iré de negro pero tú, Glimmer, irás de verde.- me dijo antes de que entresase en el edificio y me perdiese entre el laberinto de libros viejos y nuevos.



2 comentarios:

  1. La que dice que no tiene esto un montón de letras! xD el miercoles me pongo a leermelo xDD
    por cierto.... ¡llevo 5 cargas en el blog para poder escribir el comentario!

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  2. jajajajajjaja bueeeno vaale:) y lo de las cargas pues no se porque pasa

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